Juguetes y juegos de mi niñez

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Los juguetes, esos objetos tan queridos en nuestra niñez, son una pasión para María Victoria Heisecke Benítez. La reconocida directora del Taller de Expresión Infantil y Juvenil lleva décadas formando una colección que para cualquier niño sería un verdadero tesoro.

En la casa de María Victoria, conocida por sus amigos y alumnos como Maricha, una de las piezas está destinada especialmente a su peculiar colección. Según su inventario, tiene unos mil juguetes que fue juntando desde hace 65 años. Una muñeca de porcelana, sillitas y mesitas en miniatura son de la primera camada.

A Maricha le brillan los ojos y en sus labios se dibuja una sonrisa mientras nos va presentando sus muñecas, cochecitos, muebles, muñecos móviles, calesitas, peluches. Hay tanto para ver y cada uno de ellos tiene una historia. “Este es uno de mis preferidos”, dice mientras nos muestra un juguete de madera hecho por un artesano de Caacupé. Es una especie de aguatería, que comienza desde la extracción del agua hasta el transporte a un tanque movido por un caballito de ruedas.

“Creo que la criatura tiene que entender el mundo y ¿cómo entiende ese mundo?”, se pregunta Maricha. “No es teóricamente, sino repitiendo lo de su entorno. Lo que entiende y eso es lo que hace con los juguetes. Hay toda una etapa de ‘Como si yo fuera Superman’, ‘Como si yo fuera mamá’, ‘Si yo fuese chofer’, entonces la criatura aprovecha todo lo que fuere. Si tiene una casita, tiene que arreglar su casa; si quiere manejar, su papá tiene un auto y entonces tiene sus autitos.

Hay una época anterior que se llama época de ejercicio, en la que encuentran en los juegos una función y lo repiten. Por ejemplo, el sonajero”, comenta Maricha acerca del papel que tienen los juguetes y los juegos durante la infancia.

La educadora, que lleva más de 40 años de trayectoria, agrega que al principio los muñecos de plástico no tienen la función de representar al otro, pero con el tiempo, sí. “Después viene una época de juegos, de grupos, de mesas, de jugar con el otro, pero ya con reglas. Eso ahora se está revirtiendo en la computadora, que no juegan con otro, sino consigo mismo”, agrega del proceso que va experimentando el niño en su relación con los demás.

Es interesante ver los materiales con que están hechos los distintos juguetes: hay de trapo, barro, porcelana, lianas, plástico, cuero, papel. “Hay grandes jugueteros artistas, porque antes los juegos eran más para los adultos que para los chicos. Hay muchas muñecas que se usaban para hacer las ropas que querían las señoras y así mostraban los modelos. De ahí, el niño tomó para ver un poco cómo representarse y representar su mundo a través de ellos”, refiere.

Al rescate

Maricha empezó primero a juntar juegos como “La araña y la mosca”, y copiaba todos esos juegos de su infancia, como descanso, bolita, tiquichuela, cuarta, pica, círculo y para esos juegos se necesitan las bolitas. Así comenzó Maricha su colección y, como buena investigadora y docente, con el tiempo estudió cómo funciona la relación del niño con el juguete y del porqué uno tanto le quería a su muñeca. “Me acuerdo que tenía una que me compró mi mamá y era de losa. Había una amiga que quería demasiado, porque ella no tenía muñeca. Entonces yo le di la muñeca y ella agarró tan feliz y, de tan feliz que estaba, tiró para arriba, cayó al piso y se rompió. Son esas anécdotas que realmente busqué y quería recuperar. Ahí es que se me ocurrió ir juntando lo que tenía”, recuerda.

Primero fue un rejunte de lo que tenía en la casa. Una vez que la gente se enteró de su pasión, fueron los propios niños y sus amigos los que colaboraron y siguen colaborando para que su colección siga creciendo. “Se fue agrandando demasiado; en este momento ya está bastante grande, y cuesta dónde poner y cómo guardar. A mí no me gusta tenerlo acá, porque queda solo para mí”, confiesa Maricha, quien sueña con un propio museo para exhibir sus juguetes y que así todo el mundo los pueda ver.

Otro motivo que la impulsó fue la desaparición de los juguetes que ella conoció en su niñez. “Aparecían nuevos juguetes y los que formaban parte de mi cultura o de la cultura de mis padres o de otras personas desaparecían, porque son todos elementos que se desechan cuando uno va creciendo”, declara acerca de sus motivaciones.

Lo interesante de la colección de Maricha es la variedad y la procedencia de sus juguetes. No solo tiene los que se hacen en Paraguay, sino de varios países, dividiéndolos en populares, indígenas, tradicionales e industriales. Sobre los juegos y juguetes indígenas menciona el trabajo de recuperación que está realizando un grupo. “Esto es indígena, de los tóba”, dice mientras abre una caja y saca unas diminutas figuras. “Son tres tigres y 20 perros. Es casi como un juego de ajedrez. Los tigres pueden avanzar y comer al perro, pero el perro lo único que puede hacer es envolverle al tigre para no darle espacio para que se mueva”, describe mientras desliza las figuras. “A veces nosotros pensamos que los indígenas no tienen juegos, pero tienen muchos”, indica.

¿A quién le heredaría Maricha su colección? “A quien le guste”, contesta sin tapujos. “No sé si económicamente esto produce. No va por ahí. Es pasión”, recalca.

La colección de Maricha está disponible para ser vista, pero hay una regla para las criaturas: sacás una caja, jugás y guardás. Cuando guardás, te puedo dar otra. “Si tienen todo, primero no ven, segundo que pueden pisar, lastimarse, si sacan un poco, disfrutan más”, aclara sobre su regla.

Maricha aún conserva las sillitas y mesitas que su mamá le traía cuando era chica al volver del mercado.

“Sin falta me tenía que traer algo”, recuerda la directora del Taller de Expresión Infantil y Juvenil, que sueña con un museo en el que pueda exponer su adorable colección y así todo el mundo la pueda disfrutar también.

La colección está disponible para ser vista. Hay una regla: "sacás una caja, jugás y guardás, y ahí te doy otra".

maponte@abc.com.py