LA CANASTA MECÁNICA

Este artículo tiene 8 años de antigüedad

DEPRAVACIÓN POLÍTICO-PARTIDARIA.- Uno de los instrumentos fundamentales de la democracia representativa son los partidos políticos. La función primordial de los partidos políticos es ser uno de los vehículos que le facilitan al votante escoger a sus representantes en los gobiernos nacional o municipal. La existencia de partidos políticos es una necesidad para esta clase de democracia. Por supuesto que es una condición insoslayable que los partidos desarrollen una institucionalidad también democrática. La legitimidad y confianza que la ciudadanía otorgue a los partidos políticos depende de la capacidad y disponibilidad de estos, para cambiar sus prácticas sesgadas de hacer política. Sobre todo, la práctica de acumular y concentrar los espacios políticos excluyendo a la sociedad civil, lo que se conoce como el mal de la partidocracia. Esta se puede definir como una perversión del papel que les corresponde a los partidos políticos en la democracia representativa.

La partidocracia es la depravación de la democracia. Los partidos políticos escogen a los candidatos para los cargos públicos entre personas que aseguran los intereses partidarios por sobre todas las cosas. No son prioridad las necesidades de la ciudadanía. La gente vota, pero no elige. Las burocracias partidarias imponen sus intereses sin importarles las dificultades de la ciudadanía.

Partidocracia es el control partidario sobre los representantes elegidos. Los diputados y senadores, por ejemplo, están obligados a seguir la línea del partido y no el programa legislativo que se ofreció al electorado. Por eso los legisladores se convierten en voceros de sus partidos correspondientes y rinden cuentas a sus autoridades partidarias, y no a la población a la que están obligados a servir. 

Existe un patrimonialismo partidista, que consiste en hacer uso de la posición institucional para apropiarse o repartirse los recursos del Estado. Esto sucede con candidatos de partidos grandes, tradicionales, lo mismo que con algunas miniaturas de partidos que son manipulados por dos o tres representantes, en este caso, casi siempre en función directa de sus intereses particulares.

Una situación bastante siniestra es el triunfo de la partidización de la sociedad civil. Las dirigencias de los partidos buscan tener influencia sobre las organizaciones sociales, para obtener resultados que beneficien a su propia agenda política. A su vez, las organizaciones civiles mantienen una vinculación orgánica con los partidos, como condición de posibilidad para incidir en las políticas públicas. Es una relación desigual que implica el peligro de la pérdida de autonomía, que requiere la correcta e independiente politización de la sociedad civil.

Por eso es importante fortalecer la libre organización y movilización ciudadana. Los grupos locales de vecinos indignados ante los atropellos municipales a sus barrios, a sus zonas de vida y a sus hogares, son un buen signo de esperanza. Estos colectivos se agrupan en torno a conflictos vecinales que perjudican directamente a su calidad de vida, a su bienestar cotidiano y a sus derechos civiles. Es muy interesante que la vecindad unida, que protesta decidida y firme contra la prepotencia municipal, incluya a personas de distintas ideologías, creencias y partidos políticos.

carlafabri@abc.com.py