LA CANASTA MECÁNICA

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El derecho a triunfar bien podría ser considerado un derecho humano inalienable. La imagen mercantilista de que acumular mucho dinero es la única forma de tener éxito no tiene por qué ser obligatoria ni compartida por todas las personas. Por supuesto que tampoco es nocivo hacer fortuna, como no es cierto que para conquistar metas habrá que recurrir a la deshonestidad y ser brutales, prepotentes, sin escrúpulos.

Es más fácil tener éxito desarrollando las habilidades y el talento que disponemos. Un buen plomero puede ser más exitoso que un mal médico, y una buena modista tiene más posibilidades de triunfar que una arquitecta mediocre. La gente que hace lo que le gusta y le sale bien tiene tendencia a la felicidad tan anhelada en esta existencia.

Es una suerte o ventaja, nacer en el seno de una familia pudiente o de profesionales destacados, o de brillantes empresarios, ganaderos, etc. Sin embargo, son grandes los problemas emocionales que acarrea el hecho de heredar una cuna de oro. Cómo será la dificultad, que existen organizaciones dedicadas a asesorar a los perturbados vástagos de esas personalidades que han fundado importantes emprendimientos.

Si para lograr éxito es necesario activar el talento, para tener suerte también hace falta cultivar la buena onda y no caer en desesperos y pálidas pesimistas que arrastran al fracaso. Los sabios de todos los tiempos llegaron a la conclusión de que la fe y la confianza en uno mismo es el mejor talismán para atraer la buena suerte. Es ingenuo esperar que la suerte aporte soluciones mágicas a las dificultades cotidianas. No obstante, no hay que desdeñar la posibilidad de que elementos extraños a nuestros conocimientos influyan sobre cuanto acontece.

El cálculo de probabilidades de que se produzca un suceso está sujeto a múltiples errores, ya que la mente humana alberga una serie de prejuicios que a veces no coinciden con las leyes de la probabilidad y la estadística. ¿Cuál es la probabilidad de que un obispo sea mejor persona que un vendedor de tractores? En el tipo de respuesta que el cerebro emita, influye mucho la clase de construcciones mentales que está acostumbrado a hacer. Influye la educación, el nivel cultural, el estado de ánimo y muchas variables. ¿Será más capaz de asumir responsabilidades un empresario que un prelado? ¿Tendrá más éxito o más suerte un clérigo que un laico? Dicen que el éxito se construye a partir de la capacidad de asumir responsabilidades, con buen tino para resolver problemas y tomar decisiones con serenidad. Por otra parte, no se puede dotar de suerte a quien no la tiene ni quitársela a quien la posee en abundancia.

Entre la superstición y la experiencia racional, confiemos en la inteligencia y en el destino. Ojala sea cierto lo que Somerset Maughan decía: Es equivocada la idea de que el éxito perjudica a las personas, convirtiéndolas en seres vanos, egoístas y satisfechos de sí mismos. Por el contrario, las vuelve humildes, tolerantes y bondadosas. Es el fracaso lo que lleva a la gente a la crueldad y la amargura.

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