LA CANASTA MECÁNICA

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Bienvenida, bienvenido, a mi contestador automático. Si quiere vender seguro médico, marque 1. Si busca colaboración para entidad benéfica, marque 2. Para cobrar factura, marque 3. Si desea fumigar contra el dengue, marque 4. Si le interesa evangelizar, marque 5. Si va a hacer una encuesta, marque 6. Si nadie responde, espere, espere, espere, escuche la musiquita, dibuje garabatos en un papel, tenga paciencia y recuerde que su cuenta telefónica está corriendo.

Fantástico invento el contestador automático. Lamentable, muchas empresas, hoy, usan el respondedor para ningunear a sus clientes y ponerles los nervios de punta. Obvio que los altos directivos y dueños de empresas nunca llaman a los teléfonos de sus firmas, que son atendidos por la voz de una máquina. Sin embargo, gastan fortunas en publicidad para convencernos de lo bien que nos van a atender en su negocio. También imagino los mensajes disparatados que deben quedar grabados en esos buzones de voz. Titubeos, risas histéricas, frases incoherentes, confesiones alcohólicas…

Tan eficiente resultó el contestador automático que es casi imposible prescindir del mismo. Me hice fan del contestador a principio de los ochenta, cuando descubrí que era mucho pedirle a la empleada doméstica que hiciera bien las tareas de la casa, atendiera el teléfono y transmitiera los mensajes. Te llamó esa tu amiga Nini, o Kiki o Mimi; no me acuerdo bien, señora. Reconozco la utilidad del aparato, al que ahora se le han sumado múltiples posibilidades. Hoy, tenés el nombre de alguien y podés googlearlo, conseguir su dirección de correo electrónico o buscarlo en Facebook, seguirlo en Twitter, tener una conversación por Whatsapp, añadirlo al Skype y lograr que te dé su BBpin. Sin embargo, ahora, como antes, abundan los desencuentros y la incomunicación, los teléfonos que no suenan con la llamada esperada y las barreras de los contestadores se encargan de filtrar el acercamiento.

Es actualidad y está en la cresta de la ola un cortometraje inspirado en los mensajes encontrados en una cinta cassette, de un viejo contestador adquirido en un mercado de pulgas. Con ese material, el argentino Niño Rodríguez genera un corto que está causando furor en los festivales de cine. Ni hablar de la viralidad que produjo en internet, donde ya tuvo más de un millón y medio de visitas. Se trata de una serie de 10 llamados de María Teresa a Enrique. Como si tuviera la base de un guión escrito, cada mensaje tiene su carga emotiva, suspenso, reclamo, tono y clima. El éxito de la película es tal que rescató del anonimato a María Teresa y Enrique, una pareja que lleva 30 años de matrimonio y que ahora es objeto del interés periodístico internacional. La cosa llegó al punto que Google Argentina organizó un encuentro colectivo desde distintos lugares: un hungout (se le decía videoconferencia) del que participaron la actriz Andrea Carvallo, el director Niño Rodríguez, la pareja verdadera de María Teresa y Enrique, y otros colaboradores. Ni Una Sola Palabra de Amor se puede encontrar en YouTube y el disfrute es más que seguro.

¿Te da importancia no responder, no atender a la gente? Justo ahora, cuando el mismísimo papa Francisco, desde el Vaticano, llama por teléfono a una madre que le escribe desesperada cuestionándose su fe en Dios, después de haber perdido a su hijo en un accidente laboral.

Mi teléfono suena. Como estoy en el remate de este comentario, voy a dejar que responda el contestador. De paso te digo que si querés… llamame que no voy a estar.

http://bit.ly/175nfKG Ni Una Sola Palabra de Amor

http://bit.ly/13bh74l Hungout Google en YouTube

http://bit.ly/1fuhc5L Llamada telefónica del papa Francisco a una madre que le escribió una carta desesperada.

carlafabri@abc.com.py