Sobre la calle Lagerenza del populoso barrio Dr. Francia, en un paraje de la antigua Loma Cachinga de Asunción, marca singular presencia la que los vecinos llaman “la casita de Leforé”.
A los pies de dos frondosos cocoteros de diferentes generaciones nos metimos en sus recovecos y a remontar hacia el pasado para descubrir un vestigio interesente que hace a la historia misma de la ciudad y su gente.
Esta tipología de vivienda no se describe en los libros de arquitectura, pero la construcción es centenaria. “Es una construcción de madera, cuyos pilares son de karanday, unidos por un tirantillo de madera para darle estabilidad a la estructura. Esto, más o menos, se construyó allá por 1907 y, por la forma en la que se hizo, hoy sigue en pie”, explica el Arq. José Luis González Vernazza, hijo de Alejo González Viñales, el famoso Leforé, descendiente de inmigrantes italianos.
Si bien soportó los avatares del tiempo, el kupi’i ha hecho lo suyo y es lo que más ha afectado a la vivienda, sobre todo en el interior. Los tirantes son de lapacho y sobre ellos descansa una suerte de machimbrado, también de la misma madera, que aísla el calor que podría irradiar el techo de zinc.
Los pisos son de ladrillos bastante generosos y macizos, que se dejan ver en la plataforma sobre la cual se cimienta la casa. Las aberturas están encastradas con su marco y hechas de buena madera.
“Estas tablas se labraban con hachas. Se notan los golpes, que les dan el aspecto rústico. Las chapas que rellenan las aberturas de las tapias evitan que ingrese la luz o el frío”, menciona González Vernazza y destaca que las maderas se han vuelto muy resistentes con el tiempo, ya que si uno intentara colocar un clavo con los martillazos, se doblaría.
El rancho era la “quinta” de varias generaciones de la familia Vernazza Scala, inmigrantes italianos que llegaron al Paraguay y se sumaron a la industria naviera en la posguerra del 70. Entonces, el barrio no estaba conformado aún, y abarcaba los suburbios y potreros de Asunción.
Incluso, décadas atrás, la calle Alférez Silva, hoy muy transitada vía diagonal que conecta el centro de Asunción con los barrios de Itapytãpunta y Sajonia, era “un tape po’i”. El caminito sorteaba arribadas y bajadas demarcadas por malezas. “Nosotros, de chicos, veníamos desde la casa de nuestros abuelos, ubicada sobre la calle Hernandarias, a buscar bolsones de frutas. Era un lugar retirado de la ciudad, pero era un verdadero paraíso natural”, recuerda el Arq. González Vernazza.
Los italianos y la naviera
En sus textos, Luis Verón cuenta que “la industria naviera nacional debe mucho a la iniciativa de los inmigrantes italianos. Nombres como Scala, Vierci, Bozzano, Barzi, entre otros, aportaron lo suyo al crecimiento industrial paraguayo”. Agrega que el señor Andrés Scala llegó en 1882, se instaló en el viejo Arsenal de la época de los López y botó en nuestro país una gran cantidad de embarcaciones.
También —sigue Verón— “diseñó y construyó un gran bote salvavidas que ganó, en 1903, el primer premio en la Exposición de San Luis (EE. UU.). Con él vinieron sus compatriotas Amigo, Vernazza y Pomatta”.
El Arq. José González Vernaza agrega que con esa misma camada de italianos, que llegó a nuestro país en la posguerra de la Triple Alianza, vinieron los Baglietto, quienes se instalaron en el sector de La Boca, en Buenos Aires y, luego, fundaron el Club Atlético Boca Juniors, en 1905.
Los Scala y Vernazza estaban emparentados entre sí y, también, con los Baglietto, en su mayoría, eran técnicos dedicados al mismo rubro de las embarcaciones. Hasta unas décadas atrás todavía se podía apreciar en los bajos de la Plaza de los Desaparecidos, al oeste del Palacio de Gobierno, el taller de madera en el que reparaban y hacían las embarcaciones, conocido como Astillero Vernazza.
Este taller de embarcaciones, también construido en madera, era propiedad original de Giovanni Vernazza Scala, quien junto con su esposa, Rosa Scala Baglietto, fueron los dueños iniciales de la casita de madera de la calle Lagerenza casi Alférez Silva.
Giovanni Vernazza Scala era originario de Génova, Liguria, y provenía de un municipio llamado Vernazza, uno de los cinco pueblos que conforman la Cinque Terre, gobernada por el señor feudal Vernazza.
“Con las tablas que sobraron de los troncos que no se podían usar en la fabricación de las embarcaciones decidieron construir la casa”, dice José Luis Vernazza, bisnieto de la pareja de inmigrantes. “Aquí veníamos de mita’i a buscar mandarinas, limones y naranjas. La propiedad terminaba en un arroyito que bajaba desde el Mangrullo. Aquí me recibí de arquitecto”, cuenta con orgullo.
Los Vernazza Scala tuvieron ocho hijos, muchos de los cuales emigraron luego hacia Encarnación y, tras el tornado de 1927 que destruyó la ciudad, fueron a radicarse a la Argentina. Pero tres quedaron en Asunción.
Aparece Leforé
La quinta de madera quedó a cargo de Francisco Emilio Vernazza Scala, quien habitó la casa hasta su muerte y la heredó su hija Concepción Vernazza. Esta se casó con Alejo González Viñales, el legendario futbolista del Club Presidente Hayes y, luego, del Deportivo San Luis de Loma Cachinga. El nombre de Leforé —explica su hijo José Luis González Vernazza— tenía que ver con la voz ronca y gruesa con la que hablaba, y recordaba a los antiguos Ford T cuando arrancaban.
González Viñales recibió una oferta del Boca Juniors, hasta donde fue, incluso, a unos entrenamientos, pero Presidente Hayes decidió mantener su pase y tenerlo en el equipo.
Los vecinos recuerdan que fue futbolista hasta los 50 años en la Liga Mariana del Club San Luis de la Loma Cachinga y era muy famoso, tanto por su destreza en el fútbol como por sus plagueos en el campo de juego. Para los pobladores era todo un show verlo jugar, porque, aparte de buen fútbol, asistían a un espectáculo con sus retos. Cuando iba a jugar él, se llenaban las graderías.
El historiador José María Troche recuerda: “Hay nombres que quedan grabados en nuestra memoria, aunque haya transcurrido largo tiempo. Tal es el caso de Leforé, jugador de Presidente Hayes de los 50, apodo que perduró en el tiempo, como los de Rubité Jara o Campachelo Melgarejo. Los hinchas de Hayes, que ya peinan canas y están por arriba de los 70, lo deben recordar”.
Troche afirma que Alejo González Viñales era un halve, cuando en aquel tiempo los equipos formaban con dos backs, tres halves y cinco forwards, una nomenclatura totalmente diferente a la actual. “Su pasión por el fútbol lo llevó a jugar hasta los 50 años, en distintos equipos de la Liga del Oratorio San Luis, en la antiguamente llamada Loma Cachinga, allí en los altos del ex Hospital de Clínicas”, ratifica.
Entre quienes lo recuerdan bien —dice Troche— está el profesor Miguel Ángel Pangrazio, otro histórico de Hayes, quien fuera DT de Leforé y le sugirió que se quedara aquí cuando recibió una tentadora oferta de Boca Juniors.
Según explica Pangrazio —afirma Troche— fue porque, en ese tiempo, el popular club argentino tenía un poderoso equipo “y allí no vas a entrar”, le habría dicho. Después de aquello decidió quedarse y formó una familia.
El famoso Leforé de Loma Cachinga falleció el 8 de marzo de 2009 y nunca quiso despojarse de la casita de madera de sus antepasados. Ahora, su hijo es arquitecto y todos le preguntan por qué mantiene una casa de madera en un barrio en el que predominan modernas viviendas de mampostería y cemento.
Por lo menos, él no se anima a desmantelarla. Es que de la fachada al último rincón, la vivienda está cargada de recuerdos de una familia que formó parte de la historia de la inmigración italiana en el Paraguay.
Fotos: ABC Color/Archivo/Arcenio Acuña/Gentileza.
