La felicidad está mal vista

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Ser feliz y sentirse bien está mal visto en la sociedad actual. Superficial, frívola y poco realista son algunos de los adjetivos peyorativos que acompañan injustamente a la persona dichosa cuando, en realidad, posee virtudes valiosas como el optimismo.

"El ser feliz está mal visto, es una auténtica frivolidad". En la sociedad actual sentirse bien de manera razonable implica pagar un peaje muy alto: "sufrir inútilmente de antemano", dice en una entrevista a Efe la psicóloga María Jesús Alava Reyes.

Sin embargo, "es un gran error pensar que a través del sufrimiento se puede alcanzar la felicidad", explica Alava Reyes, quien asegura que con la angustia sólo se consigue "renunciar a ser el dueño de la propia vida y a abandonar la felicidad personal en los pensamientos negativos y en manos ajenas".

Además, sufrir de manera inútil provoca desgaste físico, irritabilidad y desplome del control emocional. Conseguir no afligirse es uno de los aprendizajes más importantes en la vida del hombre. "No conseguirlo es no saber vivir", afirma Alava Reyes.

"Superficial, frívola y poco realista" son algunos de los adjetivos peyorativos que acompañan a la persona feliz, cuando en realidad un ser humano dichoso es capaz de buscar soluciones de manera eficaz y canalizar su energía para sentirse bien, además de poseer virtudes tan valiosas como el "optimismo", desvela la autora del libro La inutilidad del sufrimiento.

Por lo general, la sociedad premia a la persona que sufre, además de atribuirle erróneamente valores como la responsabilidad o el esfuerzo, bien sea en el trabajo o en sus relaciones personales. Alava Reyes dice que es imposible que una persona no se angustie ante una tragedia irreversible, pero en el día a día se sufre con "enorme generosidad".

La felicidad y la tristeza dependen de uno mismo, no de las circunstancias que le rodean, ya que los pensamientos se encargan de generar emociones y controlar el sufrimiento. 

Para ser feliz es imprescindible no sufrir de manera inútil. Se debe ser "muy consciente de cuándo y cómo se está sufriendo. Creer en uno mismo y disfrutar de las cosas pequeñas es la base de la dicha", explica Alava.

Las mujeres sufren por el afecto, los hombres por el trabajo

La mujer sufre por temas relacionados con el afecto, mientras que el hombre se angustia por motivos profesionales, ya que une el éxito laboral al personal. También se aflige por amor, "aunque en menor medida", añade la psicóloga.

Por educación, desde niño se inculca que es necesario sufrir para ser "hombres de provecho", y se educa con la intención de que se esté más atento a lo que pueda "ir mal que bien". Es muy común sustituir la palabra esfuerzo por "sacrificio y sufrimiento".

Entre las emociones que suelen herir al ser humano, Alava Reyes afirma que son todas aquellas que están relacionadas con la comunicación con los demás como la "autoestima", las críticas "destructivas",  la incapacidad para decir "no", así como la imagen que se tiene de "uno mismo".

La seguridad personal se consigue a través de la autoestima. Es importante tenerla en el punto exacto, cuando se peca de exceso se comete el error de "creerse en posesión de la verdad", y es entonces cuando se demuestra una "arrogancia intolerable y una ignorancia suprema".

La psicóloga dice que se sufre "tanto" por amor porque se tiene una idea muy equivocada del sentimiento y suele confundirse "amor con atracción". Tanto el hombre como la mujer en el amor suelen ser "irracionales" y pretenden que su pareja piense, analice y actúe a su "antojo", sin tener en cuenta que son diferentes.

"Exigimos más que damos", asegura Alava Reyes, quien añade que para amar es necesario tener una "generosidad sin límites", además de "controlar las emociones propias y favorecer las de la pareja", eso sí, sin perder la "propia identidad" ni admitir "vejaciones".

"Las necesidades innecesarias y las expectativas falsas" producen insatisfacciones que desembocan en la infelicidad, dice la experta, y añade: "Se ha olvidado de que la dicha está en las ‘cosas sencillas y no en la acumulación de riqueza’".

"Nos estamos alejando de lo esencial y estamos abrazando lo accesorio, precisamente lo que no proporciona la felicidad, ubicada exclusivamente en momentos especiales, como pueden ser disfrutar de una velada con amigos, contemplar una noches estrellada o un beso", asegura la psicóloga.  

Reglas básicas para ser feliz

-Reservar unos minutos de silencio para uno mismo.

-Dentro de la rutina del día, programar alguna actividad que ayude a sentirse bien.

-Cerrar los ojos, respirar con profundidad y escucharse, ser consciente de lo que realmente se quiere.

-Sonreír, interna y externamente durante la mayor parte del día, no como una pose, sino como reflejo de satisfacción interior.

-Mirar con afecto a las personas que le rodean, la mayoría se lo merece.

-Pensar en las cosas agradables que se ha hecho y en las que se pueden hacer.

- Hacer un poco de ejercicio que ayude a sintonizar el ritmo biológico con la parte física que

tantos repercute a nivel emocional.

-Mirarse al espejo con complacencia, identificarse con la imagen que devuelve y ser consciente de que se puede mejorar.

 

Por Carmen Martín - EFE Reportajes