Melomanía gourmet

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En épocas en las que el MP3 parece haber ganado la batalla por la existencia en el espectro de los soportes de sonido, los amantes del vinilo emergen en un acto de resistencia y amor por el buen sonido. Las bandejas y los viejos discos de doce pulgadas están de vuelta.

Sábado a la mañana en algún lugar del microcentro. Mientras una horda de tecnofans abarrota un concurrido local de venta de artículos de electrónica, otros desafían la dictadura del iPod husmeando en vetustos estantes que guardan lo más exquisito de la historia de la música universal. Joyas de la música clásica, jazz, blues, rock o inclusive éxitos latinoamericanos de las décadas del setenta y ochenta extraviados en el tiempo y refugiados en este espacio.

Lugares como La Gloria o el mercado de pulgas los domingos sobre calle Palma, ofrecen todo un abanico de sonoridad exclusiva para los coleccionistas que frecuentan los canastos dispuestos de forma estratégica y aguardan a los más exigentes. Si bien en los últimos tiempos las ofertas en internet se han convertido en un recurso fundamental para los coleccionistas, aún persiste en nuestro medio el gusto por la búsqueda in situ, en donde se pueden conseguir ofertas desde G. 10 mil.

De la colección a la pista

“Vení a bailar con lo mejor del funk de los 70”, dice una invitación a un evento en un pub capitalino, que circula de perfil en perfil en Facebook. Cualquiera podría pensar que se trata de una de las tantas fiestas retro que convoca a un gran número de fanáticos de los oldies, algunos de ellos promediando los 50 años de edad, pero no.

Al llegar, dos deejays, que no llegan a los 30 años, disparan éxitos en vinilo (El disco de vinilo, también llamado gramofónico, se basa en un formato de reproducción de sonido establecido en un sistema de grabación mecánica analógica. Se fabricaban habitualmente con material polivinílico, aunque también había discos de aluminio) desde un tornamesa con motor directo y una multitud de veinteañeros baila sin parar al ritmo de Earth, Wind & Fire; Curtis Mayfield y Fela Kuti.

“Lo hacemos para estar en contacto con esa música y para difundirla también”, cuenta Víctor Morel, quien desde algunos años recorre bares y pubs, con sus bandejas y canastos cargados de discos de vinilo, bajo el seudónimo de DJ Gsoul. “La elección del vinilo viene por una cuestión de sonido, primero; es mucho más intenso y expansivo que otros formatos, y segundo porque algunos álbumes difícilmente se consiguen en otros formatos”, agrega.

Proveniente de una familia vinculada a la música desde siempre, Víctor creció rodeado de joyas discográficas en 33 RPM (revoluciones por minuto), que hoy atesora en su colección personal de aproximadamente 300 discos.

“Tuve la suerte de haber tenido de antemano una pequeña colección de mi viejo, entre ella discos de variados estilos como rock, funk y jazz. Desde los Beatles a Tower of Power y de Michael Jackson a Billy Cobham, entre otros. A los 15 creo que comencé a interesarme por los vinilos, ya que en esa época también empecé a investigar más”, recuerda Víctor, quien de ahí en más no paró en su cruzada por recolectar cuanto disco de música negra le fuese posible.

Pronto descubrió otro lote escondido de discos que pertenecían a un tío y luego consiguió otros buscando en tiendas de antigüedades de Asunción, en donde confiesa que pudo obtener muy buenas piezas. “Pero hoy en día, con internet, es más fácil todo y te conseguís discos mucho más baratos que los que uno puede comprar en Asunción, inclusive; además, cada vez que viajo trato de comprarme por lo menos unos cuantos”.

De Jamaica con amor

Early reggae, rock steady y algo de ska. Se trata del sonido predominante en la colección de Paulo González, quien, además de entusiasta y coleccionista de vinilos, es vocalista y tecladista de la agrupación nacional de reggae The Tempranos. Paulo, junto a sus compañeros músicos, ha logrado una nutrida colección de música jamaiquina de los años sesenta, distribuida en vinilos de 33 y 45 RPM.

Fue así que decidieron emprender el proyecto denominado Sir Streggae’s Apollo, emulando el viejo concepto jamaiquino conocido como sound system, que no era otra cosa sino antiguas discotecas móviles que recorrían los barrios bajos de Jamaica en la década del sesenta. “Solemos tocar con un solo tocadiscos nada más, así como se hacía en Jamaica en aquella época; ellos ponían un tocadiscos y al terminar un tema había un animador que hablaba rápido mientras otro cambiaba el disco. La idea es recrear esa escena, porque nos gusta mucho esa música”, cuenta Paulo, quien lleva adelante Sir Streggae’s Apollo junto a sus amigos Paco Villalba y Hugo Falcón.

“Le pusimos un nombre en inglés porque en ese momento estábamos muy vinculados al sonido reggae de Inglaterra, que a fines de los sesenta explotó principalmente en ese país. En esa misma época, en Jamaica, surgía el ska, después vino el rock steady, pero el reggae fue el estilo que más le llamó la atención a los ingleses. Entonces, le pusimos Sir Streggae’s Apollo, la palabra Sir es señor en inglés y streggae en jamaiquino significa persona muy común, de los perros, del barrio. Y Apollo por haberse lanzado el Apollo 11 al espacio en 1969, el año de explosión del reggae en Inglaterra”, explica Paco.

“Ni bien tuvimos oportunidad de comprar discos con la banda, nos hicimos de una pequeña colección de 20 discos. Después yo empecé a comprar por mi cuenta y otro compañero también por la suya. Además, cada vez que íbamos a tocar a San Pablo, Brasil, unos amigos, que tienen un proyecto similar llamado Jurassic Sound System, nos regalaban discos que tenían repetidos, de una colección con piezas que fueron traídas de Jamaica, inclusive”, refiere Paulo.

Hugo Falcón cuenta que es bastante complicado armar una colección de discos de este estilo, debido a la imposibilidad de poder participar de las subastas en el sitio de comercio electrónico eBay. “Al no tener el servicio de pago online PayPal en nuestro país, se vuelve más complicado y nos quedamos sin poder comprar muchas rarezas que se ofertan en ese sitio”, cuenta y agrega que por fortuna existen otros sitios dedicados a coleccionistas, aunque con un precio más elevado.

Jazz y soul

María Paz Moreno, a su vez, integra junto a Paulo el dúo de deejays denominado Dulce y Dandy, dedicado a la difusión de la música jazz, soul y R&B. María Paz cuenta que la idea surgió en el aniversario de un ciclo de jazz, donde fueron invitados a pasar música. “Como la gente respondió muy bien y todos bailaron, decidimos continuar y darle vida al proyecto”.

“La idea era rescatar otro ritmo de los sesenta, porque la música jamaiquina tuvo mucha influencia del jazz, con el ska, el rythm and blues, el soul y otros, entonces decidimos volcarnos a otro concepto. Dulce y Dandy es ritmo y soul. Todo lo que tenga ritmo y soul nosotros metemos en el set”, agrega Paulo.

Ante la pregunta de por qué la elección del vinilo, Paco responde con determinación: “Porque es lo más tradicional, aparte que es el formato original de la música de esa época. El vinilo es un disco tridimensional, la aguja vibra encima del disco, entonces vos no estás escuchando solo información, sino que estás escuchando esa frecuencia perfecta contenida en el disco. La calidad de sonido luego es totalmente diferente, jamás va a sonar igual un sonido digital a uno analógico, de ninguna manera”.

Sepa más en
www.dulceydandy.blogspot.com/
aquitodohay.blogspot.com
www.mixcloud.com/guerrillasoul/gsoul-present-the-funky-beat/