Es posible que el incienso y la mirra significasen valiosos obsequios o un simbolismo especial. En cuanto al oro, tampoco entiendo. Para qué serviría a quien nació para despreciarlo, pues el metal precioso desde hacía siglos estaba ya asociado a la corrupción, el poder y la vanidad.
Ignoro desde cuándo exactamente se adoptó la costumbre de los “regalos de reyes” y por qué el 6 enero. Tal vez porque se supone que Jesús nació el día 25 de diciembre y tenía 7 días cuando los sabios fueron guiados por la “estrella de Belén” para llegar hasta el pesebre.
“Escuchemos” a Mateo: “Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos Magos (en otra versión, “Unos sabios”) que venían de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle”.
Estos Magos no eran tales, como hoy lo entendemos. Eran astrónomos, por eso distinguieron “su” estrella en el Oriente.
También ignoro de dónde y por qué se los conoce como “los tres reyes”, pues ninguno de ellos lo fue. Por lo menos, el único evangelista que los memora no los trata como tales. Sin embargo, la tradición los viste de corona y capa regias. Siguiendo con mi rosario de ignorancia, ¿por qué a uno de ellos se lo pinta de negro? “Unos magos que venían de Oriente”, dice Mateo. Se refiere a los tres. No hay modo de pensar que se coló un africano entre ellos.
Mateo, reitero, es el único evangelista que se acuerda de los magos y de sus obsequios. Ignoro si con anterioridad a él, o con posterioridad, hay referencias más amplias de los sabios de Oriente. Es posible que no. Entonces, se acudió a la leyenda para llenar los vacíos. Recién en la Edad Media se les dio el nombre de Gaspar, Melchor y Baltasar, ya como santos. Según la tradición, fueron bautizados por el apóstol Santo Tomás. Si fueron realmente reyes, ¿de qué países? ¿Estuvieron juntos cuando se les apareció la estrella? ¿O cada uno en sus respectivos países, y luego se comunicaron la novedad y decidieron llegar a Belén? ¿Y todo eso en solo 11 días?
Todo esto no tiene ninguna importancia –a fin de cuentas, son disquisiciones de un periodista de oceánica ignorancia– frente a las consecuencias del viaje de los sabios. Estos, ya hemos visto, preguntaron en Jerusalén por “el rey de los judíos”. Enterado de esta novedad, el rey de Judea, Herodes, él “y toda Jerusalén –cuenta Mateo– quedaron muy alborotados al oír esto. Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban la Ley al pueblo, y les hizo precisar dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judá, pues así lo escribió el profeta (…) Entonces, Herodes llamó en privado a los Magos y les hizo precisar la fecha en que se les había aparecido la estrella. Después los envió a Belén y les dijo: Vayan y averigüen bien todo lo que se refiere a ese niño, y apenas lo encuentren, avísenme, porque yo también iré a rendirle homenaje”. Si los Magos hubieran sido reyes, Herodes no les hubiera dado un trato semejante, supongo. Los sabios, una vez cumplido el homenaje al niño, recibieron de un ángel la advertencia de que no volvieran junto a Herodes, “así que regresaron a su país por otro camino”. No dice “sus respectivos países”.
Después de que marcharan los Magos, “el Ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes buscará al niño para matarlo”.
En efecto, Herodes “ordenó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belen y sus alrededores”.
De nuevo, la fecha no me cierra. ¿Por qué “menores de dos años?” ¿Cuánto tiempo pasó para que Herodes se enterara de que los Magos ya habían partido de Belén? ¿O cuántos años –aunque se insiste en lo de “recién nacido”– tenía Jesús cuando la visita de los Magos?
Pero dejemos estos asuntos porque hay otro más importante. ¿Por qué el Ángel del Señor no se apareció en el sueño de los padres de todos los niños de Belén y sus alrededores para salvarlos también a ellos de la furia asesina de Herodes? Si el Ángel del Señor sabía que Herodes quería matar a Jesús, es de suponer que sabía también cuál iba a ser su reacción ante los demás niños.
En algún lado leí que no fue Herodes el que dispuso la matanza, pues en ese tiempo ya había fallecido.
Pero esta tragedia parece que no fue sino una adaptación que Mateo hizo de otra historia similar. Tal vez por eso es el único evangelista que lo menciona. En la Biblia Latinoamericana, a pie de página sobre este hecho, leemos: “En la época en que fueron redactados los Evangelios, la literatura judía se complacía imaginando la infancia de los héroes de la Biblia. Acababan de escribirse la de Abraham y Moisés. Una estrella, se decía, había advertido al Faraón del nacimiento del salvador de los hebreos, y por eso había decidido dar muerte a todos los niños, pero Moisés se había salvado”. ¿Una historia repetida o plagiada?
A veces me pregunto si la tradición de los “regalos de reyes” se originó en esta historia o hay otra que ignoro por completo. Si se refiere a la conocida, la historia mucho se parece a la de los niños mártires de Acosta Ñu, cuyo martirio sirve para festejar el Día del Niño.
Regalos y consumismo: historia repetida
Cual fuere el origen de los “regalos de reyes”, este es un acontecimiento que se repite el 6 de enero de cada año, tal vez desde la Edad Media. Es el día más esperado por los niños y las niñas. La ansiedad comienza en la víspera y termina en horas muy temprana del día siguiente con la satisfacción o la desilusión conforme sea el regalo que los reyes dejaron en el zapatito.
En los calzados, ya se sabe, cabe un puñado de caramelo, una bicicleta o nada. Si son los caramelos o nada, la pregunta del niño –la esencial, la existencial, la profunda– es siempre por qué los reyes no fueron capaces de reconocerle su buen comportamiento. En cambio el otro, el vecino, el famoso por su mala conducta, pasa delante de él con aires de príncipe, montado en una bicicleta o exhibiendo orgulloso cualquier otro objeto más costoso aún.
La conocida polca de Clementino Ocampo, 6 de enero, describe con acierto esta situación: Unos “reyes” regalan oro y otros, incienso, mirra o nada.
Con el consumismo y la globalización, la cosa ha empeorado para la economía familiar. Los niños exigen también que Papá Noel les traiga obsequios. En muchos hogares, Papá Noel ha desplazado a los Reyes. Se entiende. La mayor de las veces no hay dinero para satisfacer ambos acontecimientos.
6 de enero en Paraguay
La fecha tiene la singularidad de recordarse a San Baltasar con cierto aire africano. Tal vez en algún momento de la historia –¿la Edad Media?– se enmendó el relato de Lucas y descubrieron o le adjudicaron a Baltasar un origen africano. La tradición lo presenta como un rey negro. En Loma Campamento, San Lorenzo, la comunidad lo venera como a su santo.
Para festejar la fecha, el ballet Kambá Cuá –cuya presentación estaba anunciada para anoche– se preparó “con algunos nuevos cuadros”, según algunos integrantes del ballet que visitaron nuestro diario. “La procesión –dijeron– se hará más africana, pero sin salir de nuestra tradición”. Anunciaron también que introdujeron la polka con ritmos negros, y que rescataron “algunos pasos y expresiones corporales que se han perdido de la danza afro”.
Los Reyes Magos no se meten en política. Si así fuere, les llovería el pedido para que obsequien a los políticos por lo menos instantes de serenidad, sosiego y sensatez.
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