El “Colorado” Gamarra (43) se encuentra en una etapa distinta de su vida; tras retirarse de las canchas, no pudo separarse por completo de su pasión y decidió dedicarse a la gerencia deportiva en el club Rubio Ñu, pero además, personalmente, experimenta la llegada de su primer nieto: Federico, quien días atrás cumplió su primer añito. Rodeado de sus hijos: Priscilha (26), Carlitos (21), Macarena (20) y Luana (11), nos recibió en su casa muy contento con la noticia de que su hijo Jorge (24), quien vive en Europa, les acababa de comunicar que fue aceptado para un masterado en Derechos Humanos, en una universidad de Viena, Austria.
La familia se reunió para la sesión de fotos y entre juegos, con el risueño Federico, bromas entre los hermanos y un montón de anécdotas, se disponían a posar. Mientras, Carlos comentaba que la paternidad no es algo fácil, pero ver a la familia unida es algo que no tiene precio. “Ahora llegó el fin del fútbol, pero la familia y la vida continúan y todavía hay muchas cosas por hacer”, dice.
“Con Fede me siento completamente nuevo, porque vino a cambiarnos la vida y puedo disfrutar de varias cosas como nunca antes. Lastimosamente, con mis hijos no pude pasar tanto tiempo. Gracias a Dios, mi señora –Norma– siempre me ayudó con mi carrera, no me hacía saber de todos los problemas de la casa y yo no conocía mucho de lo que es el día a día de un bebé, porque tenía que salir a competir y concentrar”, comenta Carlos. El niño es hijo de Macarena y Claudio Estigarribia, jugador de Rubio Ñu, por lo que un futuro futbolístico está asegurado.
Sin embargo, la paternidad es algo a lo que este campeón le puso pecho desde muy joven. “Cuando conocí a mi mujer –Norma–, Priscilha y Jorge tenían 4 y 2 años, porque son fruto de una relación anterior de mi señora. Por mi parte, tenía a Carlitos –con su anterior pareja–, pero con él tampoco supe, digamos, lo que es cambiar pañales. No fue una etapa fácil, porque arranqué con dos hijos y recién estaba empezando a consolidarme como futbolista en una época en la que el sueldo no era gran cosa; fue bastante complicado, pero por suerte supimos enfrentarlo y salir adelante. Nuestras hijas Maca y Luana vinieron cuando mi carrera estaba en pleno apogeo. La vida de un futbolista implica muchas renuncias y, aunque gracias a eso logré cosas demasiado grandes, no puedo negar que me privó de otros momentos que recién ahora estoy recuperando, más aún porque Carlitos también va a ser papá y voy a tener una nieta. Se completa la parejita y eso me tiene muy animado”, anuncia feliz.
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Gamarra comenta que lo más importante es siempre apoyar a los hijos en sus proyectos y aconsejarlos para que sean personas de bien y puedan cumplir sus sueños. “Priscilha es artista –conocida como Priz Praz Pruz– y se formó en Italia, Carlitos integra el plantel de Cerro Porteño; Jorge está en Europa, donde terminó el año pasado su carrera de Relaciones Exteriores y Política Global; Macarena se destacó en el hipismo y toda la familia la acompañó a cada paso, hasta la última vez que montó y ahora me dio mi mejor regalo que es mi nieto, y Luana todavía está en el colegio. Cada uno tiene su peculiaridad, pero los quiero a todos por igual; nunca hubo ni habrá diferencias y trato de disfrutarlos al máximo”, comenta.
Dura prueba
En la vida del excapitán de la Albirroja también hubo momentos difíciles; por ser una persona pública, muchas veces, sufrió críticas sobre su relación con su hijo Carlitos. “Fueron los peores momentos, sobre todo porque con él siempre nos llevamos bien. Carlitos tuvo la oportunidad de viajar con nosotros a todos los países en los que me tocó jugar y, de nuestra parte, la intención era que viviera con nosotros, pero no se pudo dar por cuestiones ajenas a nosotros dos. Ahora que es grande e independiente, incluso la relación es mejor, porque pasamos más tiempo juntos. Decidió seguir mis pasos y ser futbolista, por lo que lo apoyo totalmente en su carrera, le aconsejo para que pueda tener éxito en esto si es lo que realmente quiere hacer y que pueda estar bien cuando termine con el fútbol, porque esto termina muy rápido”.
Su carrera
El “Colorado” es uno de los jugadores históricos de la Selección nacional, por varias temporadas portó el brazalete de capitán y se distinguió por la pulcritud de su juego, ya que casi no cometía faltas. Convirtió en total 12 goles con la Albirroja y jugó los mundiales de Francia 98, Corea-Japón 2002 y Alemania 2006. También obtuvo la medalla de plata en las Olimpiadas de Atenas 2004.
También fue parte del Equipo Ideal de América en 1995, 1996, 1998, 2000 y 2005; nombrado Futbolista paraguayo del año en 1997 y 1998. En nuestro país, le tocó jugar en Cerro Porteño y Olimpia. En el exterior lo hizo en Independiente (Argentina), Internacional, Corinthians, Flamengo y Palmeiras (Brasil), Benfica (Portugal), Atlético de Madrid (España), AEK (Grecia) y el Inter de Milán (Italia).
Desde hace cinco años, Carlos integra el grupo gerenciador de Rubio Ñu, en el cual le toca estar “del otro lado” del equipo, respondiendo a las necesidades de los jugadores con el respaldo de sus años de experiencia. Comenta, entre risas, que “cuando algo les incomoda o no se sienten a gusto, lo noto enseguida; por la forma de caminar ya sé que algo pasa, porque estuve en su lugar. Es ahí cuando me acerco y trato de responder a todas sus necesidades”. A pesar de la exigencia, el “Colorado” se siente a gusto con esta nueva etapa profesional, con más tiempo para dedicarse a su familia y ganas de seguir progresando con el tradicional club del barrio Trinidad.
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