Pintar tradiciones

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Es de Entre Ríos, Argentina, y viene recorriendo la región pintando tradiciones y plasmando costumbres. Se llama Javier Varrá Boggiano, viaja en un furgoncito cargado de pinceles, colores, cultura y mucho talento.

Fue en un viaje a Bolivia que despertó su veta artística. Quedó encantado con las cholitas, mujeres indígenas y campesinas que durante generaciones emigraron a las ciudades en busca de una vida mejor y terminaron teniendo influencia real en la economía e, incluso, en el mundo de la moda.

“Volví fascinado con las cholitas, sus ropas y su estilo. Volví con unos dibujitos y bocetitos muy simples que gustaron mucho al arte”. Antes de esta experiencia, Javier no tenía una trayectoria artística. Recién en el 2007 tomó con seriedad la posibilidad de vivir de los pinceles. “Tenía el título de ingeniero en alimentos. Dibujaba de chico, pero por puro placer. Finalmente, retomé esta vieja pasión y le agregué colores”, cuenta en la galería Arcadia arte.

Después de su viaje a Bolivia y ver cómo se le iban de las manos los cuadros, el artista decidió tomar otros rumbos. Llegó al Paraguay y Villarrica fue su primer destino. Después, arribó hasta la casa del artista plástico Koki Ruiz, en la que vivió la experiencia de Tañarandy, maquillando e, incluso, formando parte de los personajes del Viernes Santo. “Voy a las fiestas populares desde hace dos años, más o menos. Estuve por Chile, Bolivia, Perú, Brasil, Argentina, y ultimando mucho por Corrientes. Así voy rescatando costumbres y plasmando en un lienzo”, cuenta.

Tiene fresca en su memoria aquella primera exposición en su natal Entre Ríos. “Fue en mi pueblo nomás, en un taller de pintura. De ahí fui a otro pueblito cerca y vendí casi todo. Eso me animó a continuar y lo hacía durante todo el año. Luego iba a Humahuaca, Jujui, donde me quedaba desde el carnaval hasta la Semana Santa”.

Así fue recorriendo la región. Se siente más cómodo llegando a países a los que les une el idioma y coinciden algunas costumbres. “Vivenciar las tradiciones es único. Uno va conociendo la comida; las ropas típicas, como el ao po’i en Yataity, pero lo que más me gusta del Paraguay es su gente. Pinté a la mujer paraguaya, la casa culata yovai, los remedios para el tereré”, comenta.

Llega a cada destino “en un autito chiquito que es como un furgoncito”, en el que se desplaza, come y duerme. “Al principio viajaba con mi perro, se llamaba Betún, pero murió”, confiesa.

Lleva consigo un cuaderno, como una agenda, en la que va apuntado las prioridades que va cumpliendo. “En ese cuaderno anoto algo de la geografía, trato de buscar la música que le identifica, la danza, la gastronomía, la arquitectura, para conocer un poco más del país. Voy con una idea prearmada. Siempre encuentro gente hospitalaria que me acoge para pintar, porque, a veces, pintar al aire libre no es lo más conveniente, pues se corre la pintura”, expresa riendo.

Su próximo destino es Bolivia, donde va a realizar la Ruta del Che; luego va al festival barroco en la Chiquitania boliviana, en la que se conjugan el arte barroco mestizo, la naturaleza, la tradición y, también, se ubican las misiones que los jesuitas construyeron a finales del siglo XVII y durante el XVIII. “Siempre encuentro temáticas nuevas, tanto en color como en forma y contenido”, manifiesta.

Viajar, pintar, interactuar con otras culturas y enriquecerse es la vida de Javier Varrá, quien no desaprovecha lo que le llega al alma para pintar. Munido de su cuaderno o lo que sea que tenga, anota ideas. Es el mecanismo que va creando, sin receta alguna. Después, sobre eso, trabaja en la tela, con óleos y un uso excepcional del color.

ndure@abc.com.py

Fotos: ABC Color/Virgilio Vera.