La misión que le espera es dura. Dar el salto del penúltimo lugar al menos al cuarto para no perdernos el Mundial que se jugará en dos años más en nuestro vecino Brasil, del que ahora nos separan más que los simples cauces de los ríos Paraguay, Apa y Paraná.
Haber sido protagonista de las cuatro últimas fiestas del fútbol mundial (en Francia 1998, Corea/Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010) le ha otorgado a la Selección nacional de fútbol un estatus diferente. Sin llegar a ser una fija como Brasil o Argentina, en los cálculos previos para Brasil 2014, el nombre de Paraguay estaba apuntado con seguridad en la mayoría de los vaticinios.
Por eso es que tras cumplirse con las cinco primeras presentaciones (dos en casa y tres fuera de ella), con una escuálida cosecha de cuatro puntos (apenas un dígito por encima del 25 % de aprovechamiento), la dirigencia de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), en una decisión que solo el tiempo dirá si fue la correcta o no, decidió cesar al Chiqui Arce, tirando por la borda el primer proceso con entrenador paraguayo natural (en 1999 dirigió Éver Almeida, nacionalizado, de origen uruguayo) desde que en 1995 Gerardo González tuviese brevemente el comando albirrojo.
Tras varios cabildeos, la APF decidió apuntar su mira hacia la experiencia foránea y se fijó en el entrenador con conocimiento del medio, con mayor suceso del momento, Gerardo Pelusso (58 años), quien a la hora de la iniciación de las negociaciones secretas (se habla de un pacto de caballeros entre representantes de la APF y Olimpia, que no fue del todo cumplido) era un casi seguro bicampeón del fútbol paraguayo al frente del plantel franjeado.
Por esas cosas del fútbol (alguien algún día enumerará conveniente y definitivamente cuáles son realmente), Pelusso perdió la final con Cerro Porteño, lo que no significó un cambio de planes y el comienzo de un rápido affaire con Jorge Fossati, también uruguayo, que torció a favor del Ciclón la tendencia en seis fechas, las que se jugaron tras la pausa de un mes en el campeonato para el fracasado plan altura, que desembocó en la no presupuestada derrota en La Paz y en la producción de la vacancia en el timón albirrojo.
Pelusso era el elegido y en gestiones exprés, que demandaron poco menos de 24 horas entre el lunes y el martes último, todo quedó oficializado para poner en marcha una nueva era, la sétima en la historia de la Albirroja con conducción charrúa, desde que a principios de los años 60 don Ondino Viera, a quien Pelusso definió como un maestro suyo, fuera el pionero, con menos éxito en la Selección que en el Guaraní de los años dorados, al que lo moldeó para ganar en esa década tres títulos y la misma cantidad de vicecampeonatos.
Para salir a flote desde el sótano (solo por encima de Perú, que tiene tres puntos, logrados —para colmo— ante nosotros), el primer paso que debe dar Pelusso, con experiencias previas en su país, Perú, Ecuador y Chile, siempre a nivel de clubes, será el combo de setiembre, en el que nos aguarda Argentina, en la ciudad de Córdoba, el 7 de setiembre, para luego recibir a Venezuela, el 11 del mismo mes; dos de los tantos rivales a los que hay que alcanzar y si es posible superar para pensar en llegar a la Copa del Mundo.
Las estimaciones matemáticas hablan de que ganando seis o siete de los once partidos que nos quedan por disputar será posible capturar puestos directos de clasificación, que son los cuatro primeros. La ventaja, por así llamarla, es que seis de esos encuentros serán en casa (ya enfrentamos aquí a Uruguay: 1-1 y a Ecuador: 2-1), suficiente razón para pensar que no todo está perdido, aunque se sabe lo grave que puede resultar el más mínimo fallo, debido a que el margen de error prácticamente se agotó.
El nuevo Gerardo de la Albirroja tiene la palabra.
De Florida con amor
Gerardo Cono Pelusso Boirye nació el 25 de febrero de 1954, en Florida, Uruguay. Antes de llegar al Paraguay, dirigió a equipos de Uruguay, Ecuador, Perú y Chile, entre los que destacan Nacional de Montevideo, Emelec de Guayaquil, Universidad de Chile y Alianza Lima.
Procesos anteriores
“No me corresponde (opinar acerca de ellos, Martino y Arce). Yo no soy crítico deportivo, yo soy entrenador, y mucho menos cuando puedo llegar a rozar a algún profesional como lógicamente son los que estaban anteriormente. Entonces ni en lo más mínimo voy a hacer un comentario de ese tipo”, dice Pelusso.
