Esta pequeña fruta silvestre se siente deliciosa al paladar y aporta múltiples beneficios al organismo. Saber más de ella nos llevó hasta la compañía Tava’i, en el distrito de Pirayú, donde don Pascual Presentado (90), por esas casualidades de la vida, comenzó a plantar zarzamoras como un entretenimiento y, luego, se convirtió en un emprendimiento, ayudado por su nieta Liliana Díaz Presentado.
Actualmente, lo que comenzó con una sola planta se extendió a un cultivo mayor en un terreno de 1/4 ha, aproximadamente; lo suficiente para proveerles de un buen ingreso monetario.
Como todo hombre de campo, don Pascual siempre se dedicó al cultivo de mandioca, poroto y otras legumbres. Hasta no hace mucho, sus días transcurrían entre la azada y la tierra, hasta que una hernia le alejó del kokue y comenzó con la plantación de zarzamoras. “Mi papá es guapísimo todavía”, exclama su hija Luz Bella.
Su nieta Liliana, ante tanta cosecha, vio una oportunidad de negocio y puso en marcha su plan de levantar la producción. “Somos una familia de campo, no somos grandes productores; estamos impulsando un negocio que pueda servir de ejemplo para los pequeños productores, que aprendan a gestionar sus propias ventas, sin intermediarios. Lo ideal sería que puedan cambiar sus vidas, acceder a precios más justos que beneficien también a sus familias y al país”, expresa Liliana.
La venta directa representa un estímulo y una valoración al trabajo de campo de quienes luchan contra precios, grandes empresas y la distancia del campo a la ciudad. “No tengo experiencia en esto, pero decidí ayudarle a mi abuelo al ver que se desperdiciaban los frutos. Nuestra venta es a amigos, quienes nos hacen la propaganda de boca en boca, y nos está yendo bien. Estamos incursionando con mermeladas sin aditivos ni conservantes, y el plan es ir progresando”, afirma y agrega que es una fruta de fuerte acción antioxidante. “Su color intenso indica la alta cantidad de pigmentos naturales que combaten la acción de los radicales libres, que son negativos para la salud”, afirma.
En la producción cuidan todos los detalles, aunque la plantación no requiere de muchos cuidados. “Notamos que no hay problemas y vamos ganando terreno. Hay entusiasmo en el emprendimiento”, agrega Liliana.
Don Pascual está feliz. Con alegría, cuenta en guaraní que un amigo le regaló una planta, aunque no sabía muy bien de qué se trataba. “Añotỹnte che, ha upéi oikoite. Ko’aa arekóma die liño de planta”, dice entre risas.
Se reconoce como un hombre trabajador a quien su padre le inculcó valores firmes, como la honestidad. “Che túa ha che sy avei. Che conducta oiko relo’ícha, ha la trabajo honesto la che mbongaru”, dice orgulloso.
Empoderar a los pequeños productores es potenciar la economía del país. La idea es que la agricultura para estas familias sea atractiva en un futuro. Deben recuperar la confianza y autoestima; transferirles el sentimiento de que son dueños de su propio trabajo, y son capaces de cambiar sus vidas y la de sus comunidades. Y como bien dice la nieta de don Pascual, Liliana, soplan vientos de cambio para quienes siempre labraron la tierra y así llevar el pan a sus hogares. “Ellos sacaron adelante a sus hijos, nietos y bisnietos; transmitieron un trabajo digno y honesto a sus familias, y eso debe ser reconocido por cada paraguayo. Es bueno que los microproductores puedan liderar sus procesos de desarrollo económico y social, para así vivir en un país justo, principalmente para quienes nos regalan su trabajo en el campo y ‘guerrean’ desde su chacra. El mejor premio para ellos es el reconocimiento de la gente que sirve su mesa con los productos que con cariño y desde tempranas horas cultivan. Ellos, tanto hombres como mujeres, contribuyen en la seguridad alimentaria mundial, que no es poca cosa”, señala.
Don Pascual está feliz con los pequeños ingresos que le ayudan a vivir mejor, y porque ahora ya solo dice “qué hacer y cómo hacer”. Pasa sus días bajo la sombra de un frondoso mango, cuidando sus cultivos, sobre todo la zarzamora.
Propiedades
La zarzamora es rica en vitaminas A, B1, B2, C, E; en minerales, como potasio, fósforos, hierro, sodio, magnesio, manganeso, selenio, zinc, cobre y calcio, y otros componentes, como ácido fólico y niacina.
Son múltiples las propiedades medicinales de este fruto para la salud. Entre ellas se puede mencionar que ayudan a combatir diarreas, gastroenteritis, colitis y cólicos menstruales. También, las enfermedades febriles, ya que su jugo es refrescante y tonificante, por lo que resulta muy apropiado para los enfermos febriles o debilitados. Igualmente tiene un efecto beneficioso para las afecciones bucofaríngeas, sobre las aftas (llagas) bucales, gingivitis (inflamación de las encías), estomatitis (inflamación de la mucosa bucal), faringitis y amigdalitis. Es también útil como astringente y diurético. Ayuda contra la gripe, resfriados, tos y constipados. Corrige las inflamaciones internas, fortifica la sangre y el organismo en general, ayuda en casos de hemorroides. Evita la retención de líquidos, por lo que el consumo de esta fruta es ideal si estás realizando una dieta. Contiene pocas calorías, evita la inflamación, y la piel luce más bella y tersa. Además, previene el reumatismo. Las hojas de la planta se emplean para aliviar las úlceras y los síntomas de la gastritis. También se puede utilizar para fortalecer los capilares, pues sus compuestos fenólicos especiales previenen la esclerosis múltiple. Puede aliviar la cistitis y es un excelente tónico que alivia la acidez en la orina. Estimula la secreción de la bilis, facilitando la digestión.
Mermelada casera
Ingredientes:
1 kg de zarzamoras, 1 kg de azúcar blanca o morena, zumo de un limón, pimienta en grano (opcional)
Preparación:
Lavar muy bien las zarzamoras y pesarlas. Por cada kilo de zarzamoras le corresponde 1/2 kg de azúcar. Poner las moras en un bol junto con el azúcar y el limón. Dejar reposar entre 1 y 3 h. Poner la mezcla en una cacerola y calentar a fuego fuerte. Cuando empiece a hervir, bajar el fuego. Si se quiere potenciar el sabor de las zarzamoras, añadir un par de granos de pimienta. Ir retirando la espuma a medida que vaya saliendo mientras hierve. Dejar hervir hasta obtener la textura deseada. Lo normal es que se cocine unos 45 min. Retirar la pimienta. Triturar con la batidora, todavía en caliente, y pasar por un colador para que no quede ninguna pepita. Hay personas a quienes les gustan sentir y ver las pepitas en la mermelada. Si es su caso, puede ahorrarse este paso. En el caso de que haya quedado muy espesa, puede añadir un poquito de agua y volver a poner en el fuego hasta hervir. ¡Listo!
Fotos: ABC Color/Heber Carballo.
