En la actualidad, resulta urgente posicionar la agricultura familiar en el lugar que le corresponde, es decir, como una de las principales herramientas para erradicar el hambre y la pobreza.
Hoy, la agricultura de América Latina y el Caribe (ALC) está inserta en un complejo escenario caracterizado por la inestabilidad en los precios de los productos agrícolas e insumos, la competencia con otros sectores productivos por el uso de recursos naturales, una creciente demanda por alimentos y una fuerte dependencia de las importaciones de alimentos en algunas naciones.
La agricultura familiar surge como la actividad económica con mayor potencial para contribuir a la solución de la inestabilidad de los precios. El desarrollo de este sector lleva implícito un aumento en la oferta de alimentos y la consecuente reducción de los índices de desempleo, pobreza y desnutrición de la población más vulnerable de las zonas rurales. Sus alcances superan lo meramente agroproductivo y se define más bien como un modo de vida que respeta el ambiente, resguarda la biodiversidad, protege tradiciones culturales y promueve el desarrollo territorial.
POTENCIALIDADES
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Mediante la agricultura familiar es posible incrementar la producción alimentaria y reducir la desnutrición, ya que provee entre el 27 y 6 7 % del total de la producción alimentaria nacional.
Puede reducir la pobreza, al generar nuevos empleos en las zonas rurales, aumentar la producción de alimentos (destinando parte para el autoconsumo) y posibilitar mejores ingresos. Su fomento permitiría que muchos de sus integrantes salieran de su condición de pobreza. Tiene el potencial para generar nuevos empleos, ya que la agricultura familiar ha demostrado ser una de las principales actividades generadoras de empleo. Su expansión se basa en la contratación de mano de obra adicional o la incorporación de miembros de la familia no remunerados. Además, en momentos de desaceleración económica, generalmente, absorbe a los miembros de la familia que han quedado desempleados en actividades no agrícolas.
RENTABILIDAD Y SOSTENIBILIDAD
El sistema agroecológico de producción de alimentos a pequeña escala es el que da la mejor respuesta a las demandas de alimento del presente y el futuro. En realidad, la agricultura familiar sostenible viene de la combinación del descubrimiento y revalorización de los métodos campesinos tradicionales y de la innovación de nuevas prácticas ecológicas. Igualmente, puede llegar a representar en algunos países de la región, más del 80 % de las explotaciones agrícolas de América Latina y el Caribe, más del 60 % del total de la producción alimentaria y de la superficie agropecuaria, y el 70 % del empleo agrícola de estas regiones.
Además de su importancia como proveedor de alimentos para las ciudades, generador de empleo agrícola y fuente de ingresos para los más pobres, la agricultura familiar contribuye al desarrollo equilibrado de los territorios y de las comunidades rurales.
DIVERSIFICACIÓN DE RUBROS
La producción de la agricultura familiar se caracteriza por ser diversificada, incluyendo huertas, frutas, granos (maíz, poroto, sésamo), mandioca, batata; animales menores (aves, cerdos, cabras, ovejas); productos derivados como huevos, queso, leche y otros transformados artesanalmente como dulces y mermeladas.
CIFRAS REPRESENTATIVAS
La mayor concentración de agricultores familiares se localiza en el departamento de San Pedro, con 43.860 fincas (17 %); en el departamento de Caaguazú, con 38.205 (15 %); 31.049 fincas en el departamento de Itapúa (12 %); en Paraguarí, con 23.472 fincas (9 %) y, finalmente, en el departamento de Caazapá, con 22.195 fincas (8 %). Según datos del Ministerio de Agricultura y Ganadería, al menos 145.000 fincas agropecuarias (50 % del total) se manejan sobre parcelas, cuya superficie total no supera las cinco hectáreas, mientras que otras 70.000 (24 % del total) lo hacen en predios de entre cinco y10 ha.
(*) Especialista a Agricultura Familiar – FAO
