La actividad ganadera nacional tanto en ganado mayor de carne y leche como en ganado menor en cerdos, ovinos y caprinos, sin dudas, va tecnificándose e innovándose conforme a las exigencias y principios de manejo y producción que pautan los mercados internacionales, principalmente. Así, el manejo, la nutrición, reproducción y la sanitación de los animales son prácticas que están en una permanente actualización, siendo una preocupación razonable de todo productor que busca maximizar sus beneficios y reducir sus costos; así como de toda asociación pecuaria que busca estar a la vanguardia en cuanto a razas de excelencia.
DOS ENFOQUES
Sin embargo, es bueno tener presente dos enfoques: el Bienestar Animal (BA) y la sostenibilidad del ambiente en ganadería. La cuestión ambiental y sus implicancias en la vida del hombre, forman parte de las agendas de trabajo de los países que ya asumen el valor del ambiente y de la sustentabilidad en la producción agrícola y pecuaria; sin desatender las variables económicas y de rentabilidad a la que toda empresa apunta. A lo anterior, se le suma el respeto y cumplimiento de las normas del Bienestar Animal (BA) que consideran a los animales como seres vivos que sienten; que sufren dolores y estrés, que necesitan de libertades, aun cuando se críen de forma intensiva en complejos o plantas industriales; cuando se transportan en condiciones inadecuadas y en exceso y cuando se emplean métodos de faenamiento poco sensibles para con seres que también tienen derecho a ser bien cuidados y tratados, al menos durante su período de vida productiva. Las cinco libertades de los animales son: Estar libres de hambre y sed. Libres de incomodidad. Libres de dolor y enfermedades. Libres para poder expresar su comportamiento normal. Libres de miedo y estrés.
LA REALIDAD
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Los sistemas intensivos de producción pecuaria sustituyen los potreros y espacios abiertos para la alimentación con pasturas y pastos, por otros de confinamiento en donde los animales solo reciben una dieta diaria bajo forma de balanceados, granos y otros suplementos hormonales, vitamínicos y minerales. Si bien no están en el campo, sigue siendo necesario cultivar grandes superficies con granos y cereales a fin de asegurar su disponibilidad para los animales, bajo forma de balanceados. Un ejemplo es la expansión del cultivo de la soja. Bajo este régimen de confinamiento y alimentación, los animales alcanzan su peso de faena en tiempos más breves, lo que permite su rápida industrialización y acceso al consumidor, pero a un costo que muchas veces es mayor al que aparece en la etiqueta de venta o comercialización.
CONSECUENCIAS AMBIENTALES
La Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA), cita a la FAO al definir la agricultura sostenible como aquella: “ecológicamente equilibrada, económicamente viable, socialmente justa, culturalmente apropiada y humanitaria con los animales.” Esto significa, que además de los costos de producción, existen otros sociales y ambientales que no se tienen en cuenta, pero que sí se trasladan al ambiente; a los países (importadores) y consumidores finales como un costo adicional, bajo forma de un mayor precio del producto, impuestos o daños ambientales directos: deforestación, degradación de suelos, contaminación del agua y del aire; más residuos.
CONCLUSIÓN
Hay que conseguir que la empresas rurales sean sustentables independientemente de los productos o servicios que comercialicen: carne, leche, lana, reproductores, otros. Pero para ello, hace falta insistir en generar una conciencia social y ambiental que marque la diferencia entre lo tradicional y lo innovador, desde el punto de vista del manejo de los recursos naturales y del cumplimiento de las cinco libertades: un derecho que tienen los animales.
(*) Especialista en Comunicación Rural
