Mburucuyá

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Actualmente, el cultivo de mburucuyá está en auge entre los pequeños y medianos productores. En algunos países, tiene otras denominaciones como pasiflora, debido a su nombre científico, Passiflora edulis. Otro nombre que se le da es el de granadilla y, en el caso especifico del Brasil, maracuyá. Esta planta es originaria de nuestro país, pero cabe destacar que en países como Colombia, México y Australia se ha trabajado para mejorar la productividad de este frutal. (Agr. Gilberto Chávez)*

VARIEDADES

En Paraguay existen cuatro variedades que se utilizan principalmente para la producción: una variedad de Colombia, otra de Brasil; además de dos variedades mejoradas en el Centro de Investigación Hernando Bertoni (ex-IAN).

El mburucuyá amarillo, variedad que es buena para jugos, concentrados y otros productos, es la más cultivada comercialmente. Sus frutos pesan entre 80 a 200 gramos. Existe otra variedad conocida como arroxeado, que es más resistente a zonas frías y que posee mayor cantidad de ácido ascórbico. En comparación con el amarillo, sus frutas son más pequeñas, pues pesan entre 50 y 150 gramos. Además está el mburucuyá que se consume en forma fresca: la variedad alata. Sus frutos son dulces, de tamaño grande, pero no son aptos para elaborar jugos.

SEMILLAS Y PROPAGACIÓN

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Para conseguir las semillas, se debe realizar la selección de plantas madres. Estas deben ser plantas productivas, sanas y vigorosas, principalmente libres de plagas y enfermedades. Se debe seleccionar una parcela de 9 a 10 plantas como mínimo, que deben estar aisladas para la producción de semillas. Esto porque el mburucuyá posee una polinización cruzada muy alta. Entonces, si se cruzan diferentes variedades, el cultivo tendrá diferencias en la fructificación, en la calidad de pulpa y el rendimiento.

La parcela utilizada para la producción de semillas debe ser bien atendida, en cuanto a cuidados culturales, incluyendo los trabajos de sanitación, limpieza, poda y demás. De esta parcela se obtienen frutas sanas y se les extraen las semillas. Estas semillas deben secarse y guardarse en papel madera. En estas condiciones, pueden conservarse entre seis y ocho meses, ya que durante ese periodo las semillas son viables.

Las semillas pueden ser sembradas en almácigos o macetas. Si la siembra se realiza en almácigos, la mejor época son los meses de agosto y setiembre. Para eso, se abren surcos separados de 15 a 20 centímetros entre sí y se colocan 40 semillas en forma lineal, en un metro. Una fruta de esta planta contiene aproximadamente 250 semillas. Un gramo equivale más o menos a 40 semillas.

Si la siembra se realiza en macetas, la mejor época es primavera-verano. Para ello, se colocan dos semillas en la maceta, a una profundidad de de 0,5 a 1 cm, se cubre con tierra y se mantiene bajo media sombra. Cuando la planta alcanza unos 20 a 25 cm de altura y tiene tres a tres hojas verdaderas, se debe realizar el trasplante al lugar definitivo. La planta cumple su ciclo en la maceta entre los 45 a 60 días.

Otra forma de multiplicación es por estaca, que se realiza en la fase de crecimiento vegetativo (primavera). La planta madre se utiliza para sacar las ramas, con estacas de tres a cuatro yemas y un diámetro de 7 a 8 mm. Se dejan las hojas de las estacas y se debe aplicar un enraizador. Otra técnica es por injerto, pero no se recomienda por el tiempo que lleva y las dificultades que presenta.

PLANTACIÓN

Para realizar la plantación, es importante tener en cuenta el terreno donde se instalará el cultivo. Como el mburucuyá soporta el frío, pero no así las heladas, conviene elegir una zona libre de heladas. El suelo debe ser preferentemente plano, areno-arcilloso; profundo, rico en materia orgánica, que no sea un terreno encharcado y que sea de accesibilidad permanente. Además, hay que evitar los lugares con vientos fuertes, porque el viento puede perjudicar la floración y la fructificación, debido a la caída prematura de flores y frutos. Si en la zona existieren vientos fuertes, se deben poner rompevientos, utilizando diferentes tipos de árboles forestales.

La distancia de plantación recomendada varía entre los tres y cuatro metros entre hileras y dos a tres metros entre plantas. Se abren hoyos de 40 x 40 cm de profundidad y de boca. Se aplica estiércol de vaca o de gallina, cal agrícola y fósforo en cada hoyo según recomendación de un análisis de suelos. Estos componentes se mezclan bien con el suelo del hoyo y luego se realiza el trasplante.

RIEGO

Este cultivo requiere de mucha agua, dado que una sequía prolongada causa muchos problemas. Se necesita un promedio mensual de 80 a 100 mm de agua bien distribuidos. Por eso se recomienda la utilización del sistema de riego por goteo.

CUIDADOS CULTURALES

Conducción: es importante para la buena distribución de las ramas. Se puede realizar en espaldera vertical, espaldera en “T”, espaldera en cruz o parralera. La espaldera vertical puede ser con un hilo de alambre o con dos hilos. El más económico y el más recomendado es con un hilo. En este caso, se utilizan postes de dos metros de altura y alambres fuertes y resistentes.

Tutorado y desbrote: se deben realizar podas para mejorar la iluminación y la ventilación. Además, se aumenta la eficacia de los tratamientos fitosanitarios; también el vigor y la producción de las plantas. Algo importante es que, con esta práctica, se facilita la cosecha. Las podas se deben realizar en agosto-setiembre; luego hay que pulverizar con oxicloruro de cobre. Se recomienda no efectuar esta labor después de la aparición de los botones florales.

PODA

Existen dos sistemas de podas. En la llamada de formación, la planta debe ser conducida por un tallo único y tiene que ser despuntada a 10 cm por encima del último hilo de alambre. Los brotes laterales se conducen en sentido contrario. Cuando los brotes alcancen las plantas vecinas, hay que despuntar y conducir las ramas en cortinas. Existe también la llamada poda de renovación, que debe ser leve y selectiva.

La poda reduce la masa foliar, facilita la penetración de la luz y de los defensivos agrícolas que se apliquen. Además, ayuda a la ventilación, elimina focos de plagas y enfermedades; propicia la renovación de las ramas nuevas y aumenta la longevidad del cultivo.

COSECHA

Los frutos alcanzan su madurez entre los 50-60 días después del período de floración de las plantas o antesis, lo que corresponde a siete a ocho meses después de la siembra. Desde la floración a la cosecha transcurre un período de 65 a 80 días. En este punto, las frutas alcanzan su máximo peso. Se pueden realizar una a dos cosechas semanales. El fruto del mburucuyá amarillo es clasificado como no climatérico, razón por la cual debe ser cosechado cuando está totalmente maduro.

RENDIMIENTO

Varía de acuerdo a las condiciones de clima, suelo, distancia de plantación, cuidados culturales, fertilización, riego y cuidados fitosanitarios. En cultivos bien conducidos, se puede estimar una producción promedio de 8 a 10 ton./ha, en el primer año; 16 a 20 ton./ha, en el segundo año; y 12 a 14 ton./ha, en el tercer año.

(*) Especialista en fruticultura - Centro de Investigación Hernando Bertoni