Las bolsas o sacos plásticos, de unos 65 l de capacidad, deben ir cargadas con sustratos especiales, entre ellos, vermiculita, N P K (nitrógeno, fósforo y potasio) y cascarilla de arroz carbonizado. Una vez colocado el sustrato, se procederá a la siembra de las semillas con la adición de fertilizantes por medio del riego. La medida de los sacos es de 1,5 m, con un micraje de 250 aproximadamente, y una durabilidad de dos a tres años. La cantidad de plantas a utilizar varía según se cultiven hortalizas de hojas o frutos. En el caso del tomate, la carga es de cinco plantas a una sola rama; en locote, llega a cuatro plantas; en lechuga, se colocan ocho a 10 plantas, mientras que en frutilla se llega a seis o siete, aproximadamente.
RIEGO Y FERTILIZACIÓN
La fertilización se realiza con materiales hidrosolubles, de acuerdo a los requerimientos de cada cultivo. El sustrato, a su vez, puede permanecer en los sacos hasta tres años sin ser cambiado.
En cuanto al riego, en el caso de las lechugas, es posible trabajar con microaspersión, mientras que en tomate, locote y pepino conviene utilizar sistemas de riego por goteo, con goteros individuales autocompensados. No es recomendable el uso de cintas.
VENTAJAS DE LOS SACOS
Lo ideal es que los sacos estén sobre un soporte para estar alejados del suelo y evitar ataque de patógenos. Asimismo, en explotaciones comerciales deberán estar bajo invernadero para lograr plantas sanas. Con ello es factible una menor utilización de defensivos y mayor productividad.
En lo referente al uso de semillas, las híbridas son las más indicadas para huertos dedicados a la comercialización, de modo de lograr rentabilidad. El uso de sacos o bolsas para horticultura está recomendado, debido a que ocupa poco espacio y es posible obtener gran variedad de cultivos sumado a la durabilidad del producto.
(*) Especialista en cultivos hortícolas.
