“Estas flores son muy decorativas, aunque pequeñas, y con la vara miden hasta 40 cm de altura aproximadamente. Se utilizan para bordura; es decir, por debajo de las plantas arbustivas, mediante la cual se logra un lindo contraste y se rompe con la monotonía del verde predominante de los follajes. El jardín adquiere colores alegres gracias a las clavelinas”, agrega.
Refiere la ingeniera que las clavelinas se pueden plantar en suelo directo o colocarlas en macetas alargadas, para balcones o departamentos. Las planteras pueden ser de plástico, cerámica, cemento o madera; la clave es que tengan buen drenaje, es decir, los agujeros que servirán para que el agua no se estanque en un lugar y pudra las raíces.
Recuerde que las clavelinas son de esta época, y cuando pase el invierno empezarán a afearse. Se aconseja cambiar las plantas por las que son de primavera verano. Otra alternativa es podar para que al año posterior vuelva a florecer. Sin embargo, el vigor de la floración ya no será la misma, opte por reemplazarlas al terminar su ciclo.
El riego dependerá del clima. En días de frío, ante un brusco descenso de temperatura, el viento sur reseca la tierra, por lo que hay que regar para que el frío no dañe la flor, más aún estas que son delicadas.
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Los pulgones o chupadores son los que más atacan los brotes tiernos y los pimpollos de las clavelinas, les provocan daño y no pueden florecer bien.
La tierra ideal para la clavelina es la abonada, una combinación de tierra gorda y materia orgánica, como hojas descompuestas que se obtienen en la casa.
