Actualmente muchas personas dan valor a los elementos decorativos antiguos, pues cobran protagonismo debido al agregado sentimental que guardan o representan, más allá del valor monetario que posean. Por ejemplo, un antiguo reloj de pared, el florero de porcelana, el juego de té de la bisabuela e incluso aquella mesa en torno a la que la familia se reunía a cenar cobran vida.
Elizabeth Arzamendia, de Ymaguare Deco, afirma que se aprecian bastante nuevamente los “objetos o muebles de la abuela”, debido a la calidad de materia prima con que fueron hechos y el minucioso trabajo del ebanista en las terminaciones del mobiliario.
“Anteriormente eran más elaborados, de manera puntillosa. Hoy día se usan otras materias primas y se fabrican en cantidad, debido a la demanda de los comercios, por lo que la mano de obra no es la misma ni la calidad de los materiales que se usan”, señala.
Menciona además que “hay personas que rememoran ciertos objetos de la infancia y los ubican en un lugar exclusivo de la casa, pues, además de ser decorativos, incluso en ocasiones resultan prácticos”.
Por su parte, Diego Biedermann, de Pequeña Tienda Antigüedades y Taller, dice que se buscan muebles pequeños para complementar la decoración. Los aficionados que adquieren estos objetos antiguos son personas jóvenes, que buscan el estilo ecléctico.
“La mezcla ideal entre objetos actuales y antiguos se basa más bien en el sentido estético, la premisa es lograr contraste. Por ejemplo, un mueble antiguo pintado de rojo oriental reaviva el ambiente y aporta disparidad”, añade.
Según su experiencia en cuanto a piezas pequeñas, “se prefieren los discos de vinilo, candelabros de bronce debido a su color y brillo, objetos de porcelana y cristales, con la buena calidad de años atrás”, enfatiza Arzamendia.
Señala que el pulido, de forma casera, consiste en usar limón o bicarbonato de sodio con agua tibia. Otra opción es la crema dental, que se pasa por toda la superficie y luego se enjuaga.
“Para los muebles el mantenimiento ideal se realizará con ayuda de un líquido lustrador, de modo a mantener su brillo y protección”, aconseja.
