Doña Tiburcia festejó sus 108 años rodeada del cariño de sus familiares

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Tiburcia Ozuna vda. de Vera cumplió 108 años de vida el pasado 14 de abril, rodeada del afecto de su familia y amigos que pasaron a saludarla en el barrio Colón de San Bernardino. A su edad, aún se muestra lúcida y sonriente.

SAN BERNARDINO, Cordillera (Desiré Cabrera, de nuestra redacción regional). Doña Tibú, como se la conoce entre sus seres queridos, recibió a sus familiares y amigos en el día de su cumpleaños en cama, aquejada de dolores en la cintura y piernas, pero eso no impidió que compartiera su buen humor con los visitantes.

La mujer sigue teniendo una memoria y lucidez envidiables, aunque su más de un siglo de vida le fue dejando huellas.

La abuelita perdió la vista en 1987, pero eso no la amilanó en su buen humor y siguió tan hacendosa como de costumbre, comentaron sus familiares, quienes agregaron que en estos últimos días no ha podido realizar una de sus actividades favoritas, que es la de desgranar maíz, poroto y, sobre todo, tártago, que luego uno de sus hijos comercializa para que ella gane el dinero para comprar leche, que dijeron es la base de su alimentación, al igual que la carne.

Ña Tibú relató que se unió a Marciano Vera cuando tenía 22 años. Se conocieron en un baile en la ciudad de Altos, cuando él tenía 26 y ella 20 años.

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De este matrimonio nacieron nueve hijos: José del Carmen, Manuel, Emilio, Alfonso, Vitalino del Pilar, Ramona, Daniela (todos ya fallecidos). También, Marciano (74) y Anuncia (75), quienes siguen cuidando actualmente de su madre.

Tiene 30 nietos, 67 bisnietos y 20 tataranietos, según la suma que ella misma realizó. Uno de ellos, Marciano (46), tuvo la dicha de ser criado como un hijo. Ellos la rodean constantemente para escuchar sus relatos y disfrutar de su buen humor.

La simpática abuelita relató que sus padres, Amalia Felicita Figueredo y Pedro Ignacio Ozuna, tenían su vivienda en San Vicente, Atyrá, la entregaron siendo muy pequeña a su bisabuela Josefa Ignacia Thompson, a quien llamaba mamá. Creció con su “mamá” y su tía María Gertrudis Figueredo a quien llamaba “mamita”, recordó.

Dijo que su bisabuela falleció a los 120 años, aunque sus padres murieron a una edad relativamente temprana, igual que sus doce hermanos.