El establecimiento de esta fundición fue una de las grandes obras impulsadas por el presidente Carlos Antonio López en 1854. Para garantizar su éxito, López contrató a profesionales ingleses liderados por William Henry Keld Whytehead, quienes dirigieron la construcción y organización de la planta, aplicando conocimientos avanzados para la época.
La ubicación fue cuidadosamente seleccionada: la presencia de afloramientos de hierro aseguraba materia prima local, mientras que la corriente del arroyo Ybycuí permitía mover los fuelles de los altos hornos mediante una rueda hidráulica, un sistema innovador que demostraba la visión técnica de sus impulsores.

En aquel entonces, Paraguay vivía un periodo de expansión económica y tecnológica. Se desarrollaban el ferrocarril, el telégrafo y la industria naval, generando una creciente necesidad de herramientas y componentes metálicos. La fundición de La Rosada respondió a esta demanda, convirtiéndose en un centro estratégico para la producción industrial del país. Desde su inauguración, la planta adaptó su producción según las necesidades de cada época, demostrando flexibilidad y capacidad de innovación.
Antes de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), la fundición se enfocaba principalmente en la fabricación de herramientas agrícolas: azadas, machetes, picos y otros implementos esenciales para la arada y el trabajo rural. Estos productos eran fundamentales para mejorar la productividad agrícola y sostener el crecimiento económico del país. Sin embargo, con el estallido de la guerra, la producción se reorientó hacia material bélico. La fundición se convirtió en un pilar estratégico, fabricando los cañones que permitieron a Paraguay enfrentar a la escuadra brasileña hasta aproximadamente 1868. Esta reconversión industrial evidenció la capacidad técnica y organizativa de los metalúrgicos paraguayos, consolidando su relevancia histórica y estratégica.

En la actualidad, el Día del Metalúrgico celebra esa tradición de trabajo, innovación y resiliencia. Los metalúrgicos no solo producen herramientas y piezas metálicas; son protagonistas de la modernización industrial, aplicando conocimientos avanzados en sectores como la construcción, la maquinaria, la energía y la industria naval. Su labor asegura la continuidad del progreso tecnológico y económico del país, al tiempo que preserva un legado histórico invaluable.
La conmemoración incluye actividades educativas y visitas guiadas a sitios históricos, acercando a la ciudadanía a la historia de la industria metalúrgica y destacando la importancia del conocimiento técnico y la innovación. La fundición de La Rosada sigue siendo un símbolo del ingenio paraguayo y un recordatorio de que la industria metalúrgica ha sido, desde sus inicios, un motor de desarrollo y modernización para la nación.
Así, celebrar el Día del Metalúrgico es reconocer el esfuerzo, la creatividad y la dedicación de quienes, con cada pieza de hierro forjada, contribuyen al progreso del país. Es un homenaje a la historia y al presente de una profesión que sigue transformando el metal en desarrollo, infraestructura y oportunidades para Paraguay.

