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La vida que huye

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La vida que huye
La vida que huyeArchivo, ABC Color

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Algunos se imaginan el infierno como una suerte de eterna soledad. Tal vez como esos pasajes oscuros y tenebrosos que se imaginaba Ernesto Sábato en su literatura, en particular en El túnel, donde un hombre cuenta desde la cárcel los motivos que le llevaron a matar a su amante.

Y de soledades existenciales y vacíos emocionales nos habla Encantador de muñecas, la más reciente novela de Victorio Suárez (Asunción, 1952). Magnifica y precisa incursión en seres que parecen hacer suyos aquellos versos que dicen que «a veces la vida sigue / a veces solo pasan los días» (Karmelo Iribarren). En una Asunción violenta y hostil, el destino –o vaya uno a saber qué trampa del universo– cruza a un hombre mayor de unos setenta años y a una joven de veinte.

Él es jubilado, periodista, profesor y poeta. Ella, una empleada de una de esas llamadas casas de masajes, donde ejerce la prostitución. Ambos navegan aislados en sus días.

Vidas tristes sin salida. «Definitivamente, él no logro colgar la luz en los espejos de su existencia» (p. 38). Salvo los jueves en los encuentros puntuales con Beba, la joven, en un edificio céntrico, en el apartamento 508, el local regenteado por la Gringa para su salón de masajes.

Esperan algo más que nunca llega. Como en Zama, de Antonio di Benedetto, o El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez. Con una prosa poética que en cada página despierta emociones intensas, Victorio Suárez nos dibuja un mapa del tedio y del hastío. «Estar viejo sólo sirve para imaginar cómo será el tiempo que sobra. La mente viaja hacia sitios de incunables nostalgias. Entonces la mano atrapa el vacío de la cama que ya no espera a nadie» (p. 79). Esa peculiar relación entre ese desvalido hombre maduro y esa jovencita venida del interior tiene ecos innegables de Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez.

El argumento va avanzando de tal forma que se van delineando ambos personajes y en cierto momento parece apuntar a algo más que esos encuentros de los jueves en el 508.

Es que ese piso se convirtió en mucho más que en una cita semanal. «A determinada edad el futuro ya no cuenta porque a un paso está el abismo. El bocado de la existencia es vivir el día que te toca. El sol y la lluvia, la tarde y la noche son iguales, y esto se repite incansablemente mientras el ser humano lastima su corazón y se desgasta… Si bien el 508 no le ofrecía el futuro que ya no le interesaba, era un capullo de luz en la rutinaria oscuridad» (p. 122). Recuerda a La Tregua, de Mario Benedetti, en el sentido de mostrarnos que las alegrías son endebles y pasajeras en los asuntos humanos.

Alejandro Dolina, escritor, actor y periodista argentino, dice que «el universo es una inmensa perversidad hecha de ausencia. Uno no está casi en ningún lado… Sin embargo, hay una buena noticia: el amor». ¿Podrán llegar a ese oasis el hombre que ve su futuro aplastado por la rutina y esa muchacha veinteañera?

En Chinatown, de Roman Polanski, sobre el poder, la corrupción y los crímenes, se produce este diálogo telefónico:

Faye Dunaway: ¿Estás solo?

Jack Nicholson: ¿Y quién no lo está?

En Retratos de una obsesión, de Mark Romanek, un fotógrafo solitario (Robin Williams) se obsesiona con una familia que es cliente.

En la novela Todos los nombres, de José Saramago, un solitario empleado del Registro Civil que vive en el edificio de esa dependencia encuentra en el suelo la ficha de una mujer que despierta todo tipo de emociones.

Los personajes mencionados, incluyendo los dos principales de Encantador de muñecas, tienen que lidiar todos los días con un atroz desierto existencial. Y cada tanto creen encontrar luces lejanas. Espejismos crueles.

Victorio Suárez nos ofrece una estupenda novela con hilos existencialistas sobre personajes que son dignos en la derrota.

Quizás esta novela se resuma en la página 38: «La vida huye y uno también se va con ella».

Escuchando Buscándote, de Neneco Norton. Tarde cálida de primavera. «Toda historia no es otra cosa que una infinita catástrofe de la cual intentamos salir lo mejor posible» (Italo Calvino).

Victorio Suárez

Encantador de muñecas

Asunción, Servilibro, 2019

carlosfmartini@gmail.com

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