Ciclo Laura Márquez: Testigos (11)

Este artículo tiene 4 años de antigüedad
Laura Márquez en su loft de Nueva York. Fotografía de Lorena Ocampos.
Laura Márquez en su loft de Nueva York. Fotografía de Lorena Ocampos.

Prosiguiendo con nuestro Ciclo Laura Márquez (1929-2021), compartimos con los lectores la undécima entrega de Testigos, serie, concebida y realizada por Gabriela Zuccolillo, de impresiones, anécdotas, entrevistas, recuerdos, testimonios recopilados directamente de la memoria viva de quienes conocieron a la artista paraguaya fallecida en abril.

Testigo XII: Lorena Ocampos

«TriBeCa y el mundo de Laura Márquez»

(Testimonio de Lorena Ocampos en Nueva York en octubre de 2008 después de visitar a Laura Márquez en su loft)

TriBeCa no era parte de los barrios tradicionales de Nueva York pero se ha puesto muy de moda a comienzos del nuevo milenio. Está a unas cuadras de Wall Street donde vibra el mundo financiero (ahora interrumpido por la crisis financiera global), entre el sofisticado Soho, el barrio chino, y Chelsea y sus galerías de arte avant garde. Su arquitectura es muy parecida a la del Soho y trae a la memoria los Fabriketage de Berlín. Y de hecho la mayoría de los edificios eran antiguas fábricas construidas por alemanes u holandeses a mediados del siglo XIX. A partir de los 70 los trabajadores de cuello azul fueron reemplazados por artistas en busca de espacios grandes y accesibles. La criminalidad era alta hasta que Giuliani, intendente de NY en la década del 90, impuso mano férrea para combatirla. No obstante, era un centro de creación artística movido por la energía y el conflicto.

La burbuja inmobiliaria y financiera de la primera década de este milenio –causa principal de la gran recesión global del 2008– desplazó poco a poco la bohemia, que había ocupado por varias décadas estos muy accesibles y magníficos espacios, por jóvenes millonarios de Wall Street con capacidad de adquirir renovados y lujosos lofts. La mayoría de los artistas han estado peleando sus derechos de ocupación amparados por alquileres regulados y entablaron interminables procesos judiciales contra los propietarios ávidos de sacar ventaja del boom inmobiliario y, como es de esperar, no necesariamente movidos por intereses altruistas. Es el cotidiano de muchos artistas en Nueva York: ir a la corte de mañana y pintar en las tardes y noches. Laura es uno de ellos y, aunque el conflicto legal con el dueño del inmueble (que ya le cortó el ascensor y de tanto en tanto la luz) le consume mucha energía, tiene todavía la suerte de seguir gozando de su loft de artista con inmensos espacios para desplegar sus obras. No queda otra, pues la creación artística –salvo contadas excepciones– no puede competir con la nueva clase de Hedge Funders de Wall Street, que se hicieron rápidamente millonarios colocando papeles en buena parte de dudosa «arquitectura financiera».

Laura Márquez en su loft de Nueva York. Fotografía de Lorena Ocampos.
Laura Márquez en su loft de Nueva York. Fotografía de Lorena Ocampos.

Laura ha vivido en este loft desde que se mudó a Nueva York, a mediados de los 70, con su marido artista y crítico argentino Juan Carrera Bujan con quien compartió su vida durante 40 años (falleció hace poco). Laura tiene aquí algo esencial para su creación: espacio, mucho espacio, justamente en la ciudad donde el metro cuadrado de habitación es uno de los más caros del mundo. Ese espacio también se refleja en su amplitud de espíritu y su vitalidad sin límites a pesar de sus casi 80 años. Los únicos límites para ella son los impuestos por su geométrica creación: círculos, planos, rayas, negro sobre negro, blanco sobre blanco, o mucho color. Crea así cuadros inmensos, sin límites, como es ella. Aquí puede desplegar a gusto sus pinturas, sus geometrías, sus formas, sus colores, sus papeles, sus libros, sus recuerdos, sus conflictos, su desorden, pero sobre todo su vitalidad, enorme vitalidad de creadora, artista con gran humanidad, a pesar de su diminuta contextura.

¿Cómo comenzaste a pintar y por qué el arte geométrico y minimalista? es la pregunta que le hacemos con Viviana, su colega, amiga y admiradora. Desde niña amaba la pintura. Se inició en el arte gracias a una tía porteña que la incentivó para presentarse al concurso de la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires. Eran los años 50, tenía 20 años. Dejaba la comodidad y disciplina del contenido cotidiano familiar de Asunción por la urbe porteña. La Escuela de Bellas Artes era la academia con rigurosa formación, donde las medidas, las reglas, las formas tienen su lógica y sus estrictas pautas. Estudiar arte era conocer las reglas básicas: las sombras eran las sombras, las formas eran las formas. La creación implicaba también disciplina y rigor al más puro estilo académico tradicional. Si había que seguir reglas –afirma ella–, qué mejor que seguir las estrictas reglas de la geometría. Ya que hay que hacer recto y curvas, ¿qué mejor que la raya, los planos y los círculos? Así es como incursiona en su propio arte muy influenciada también por otros artistas argentinos como su colega Julio Le Parc.

Con su sólida formación académica regresa a Asunción en los años 60 y crea junto a otros artistas como Enrique Careaga, formado en la escuela de Vasarely en París, y Michael Burt, el primer museo de arte moderno que luego de mudarse varias veces termina por desaparecer con un incendio. Luego de una década muy activa y comprometida con el mundo del arte asunceno, larga amarras nuevamente y desembarca en Nueva York a mediados de los 70. Laura sigue viviendo aquí, acompañada por sus obras, la de sus amigos, los espacios, la diversidad y amplitud del ambiente cosmopolita neoyorkino, y rodeada de las formas que son su vida.

Loft de Laura Márquez en Nueva York. Fotografía de Lorena Ocampos.
Loft de Laura Márquez en Nueva York. Fotografía de Lorena Ocampos.

*Lorena Ocampos es economista. Vive en Washington y trabaja en el BID.

*gabrielazf@gmail.com