Un tesoro entre nosotros: los registros judiciales del Archivo Nacional de Asunción

En vez de seguir elucubrando acerca de misteriosos documentos secretos supuestamente sustraídos a Paraguay por malvados enemigos extranjeros, ¿por qué no aprovechar todos los tesoros intactos que están disponibles para cualquiera en la esquina de Iturbe y Mariscal Estigarribia, donde se encuentra el justamente famoso Archivo Nacional de Asunción?

Un tesoro entre nosotros: los registros judiciales del Archivo Nacional de Asunción
Un tesoro entre nosotros: los registros judiciales del Archivo Nacional de AsunciónGENTILEZA

Una de las cosas que más me asombran del público paraguayo es su atención constante a documentos supuestamente sustraídos por Brasil y su simultáneo desinterés por las valiosas colecciones intactas de material disponible para todos los investigadores en Asunción. Me imagino que la gente cree, o quiere creer, que el secreto de su historia, o la historia de su redención nacional, se ilustra mejor en materiales que se encuentran fuera, y no dentro del país. Al mismo tiempo, parecen sospechar que malvados extranjeros están reteniendo algo esencial para su comprensión de sí mismos.

La cuestión de los documentos «secretos» en Brasil está muy politizada, es compleja y aparentemente interminable porque cada nueva generación repite las mismas preguntas cuando no le gustan las respuestas. La otra parte de la historia, la de las grandes cantidades de materiales intactos y disponibles en los repositorios de Asunción, es, me parece, la que realmente vale la pena contar.

En la esquina de Mariscal Estigarribia e Iturbe se encuentra el justamente famoso Archivo Nacional de Asunción, donde pasé largos años en feliz investigación. El Archivo está dividido en muchas secciones, cada una emocionante a su manera para el historiador. Una, infrautilizada, la Sección Judicial Criminal, es mi favorita (aunque me gustan todas). Es la colección de registros judiciales del ANA para el período anterior a 1870. Cuando la vi por primera vez, hace cuarenta y seis años, era un depósito de casos legales sin catalogar, completamente lleno de sorpresas, algunas de las cuales confirmaban lo que cabía esperar de Paraguay, mientras otras contradecían la imagen tradicional que tenemos de su historia. Años después, gracias principalmente al arduo trabajo de mi difunto amigo Aníbal Solís, la SJC finalmente tuvo catálogo. Por lo tanto, sabemos de modo general de qué trataba cada caso y cómo influyó y reflejó la sociedad de antaño.

Numerosos casos involucran disputas de tierras y cuestiones de herencia, y otros tantos, actividades delictivas e incidentes personales. Tal vez profundizar en ese «lado oscuro» de la historia de Paraguay revelaría que existe allí algo que aprender. La SJC tiene muchísimos tesoros, y, a diferencia de los legendarios tesoros de plata (plata yvyguy), no se necesita suerte para encontrarlos. Basta ir al lugar correspondiente en el Archivo y comenzar a leer.

Los documentos de la SJC abarcan diversos delitos. Los casos de abigeato, robo simple y asalto son muy comunes. Pero también hay casos de calumnia, «superstición» (designación colonial para variedades menores de hechicería), incumplimiento de promesa (o estupro), contrabando de yerba y tabaco, homicidio y una sorprendente variedad de delitos sexuales. Creo que un investigador joven podría comenzar su carrera examinando los casos penales y no carecería de material para investigar durante décadas de trabajo. El resultado llenaría un enorme compendio o una obra (u obras) importantes de historia social. Aparte de las dificultades para descifrar algunas letras difíciles, no veo ninguna razón para que los investigadores no comiencen de inmediato.

Permítanme ofrecer aquí un ejemplo muy breve y aparentemente menor de lo que se puede encontrar entre los antecedentes penales del ANA. Este documento en particular está en el tomo 743 de la Sección Nueva Encuadernación (aunque debería estar en la SJC). La ubicación, por supuesto, es intrascendente para lo que intento decir sobre el archivo y sus secciones. Se puede ver de inmediato cómo estos materiales pueden arrojar una luz brillante y concentrada sobre la historia de Paraguay, y de una manera nueva:

«¡Viva la república del Paraguay!

Relación tomada del Cabo militar Ramón Almada del Batallón Nº 11 del Ejército, que ha hecho vender una pieza de Sal por conducto el Soldado Antonio Melgarejo del Batallón Nº 24 del Ejército.

Habiéndole preguntado el citado cabo Ramón Almada dónde hubo la pieza de Sal que los hizo vender por conducto el Soldado Antonio Melgarejo dijo haber traído de la casa de Dionisia Núñez vecina de la Capital advitrariamente [sic], sacando del cuarto de la referida dueña y entregar al expresado soldado para llevar a los conocidos Rosa Melgarejo vecina de Villarrica para venderle en la Plaza de abastos, exponiendo el Soldado que creyendo había sido de su propiedad consintió llevar para hacerlo vender de lo que remetando hallarse convicto el Cabo en su hecho lo hice encepar y al Soldado ponerlo en assento en el cuerpo de guardia donde quedan expresado su deliberación en el caso. Lo que informo al conocimiento de Vuestra Excelencia.

Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Cuartel de San Francisco, 25 de junio de 1867.

Miguel Haedo

Señor Capitán Comandante del Cuartel de la Policía», ANA-NE 743.

Ahora bien, ¿cuál es la mejor manera de analizar este registro de robo, dado que no queda más información en el registro documental? Esta breve nota es todo lo que tenemos sobre el caso. Aun así, veamos a dónde nos lleva.

En primer lugar, reconozcamos –y lamentemos– que con un registro tan limitado nuestra interpretación fácilmente puede estar equivocada. También estoy dispuesto a admitir que la oscuridad de la escritura (y mis pobres habilidades paleográficas) hace problemática mi lectura de algunas palabras. ¿Pero eso vuelve dudosa toda interpretación del caso? Creo que no. Las convenciones ortográficas han cambiado en el siglo y medio transcurrido desde que fue escrito este documento, y en la terminología jurídica casi siempre encontramos imprecisiones y arcaísmos. Entonces, en lugar de detenernos en lo que el documento no dice, veamos lo que sí dice.

El crimen, un simple robo de una pequeña cantidad de sal, ocurrió durante una fea fase de la Guerra de la Triple Alianza. La victoria en Curupayty había quedado atrás hacía muchos meses y era evidente que los aliados pretendían ganar mediante un lento estrangulamiento de las fuerzas paraguayas, primero en Humaitá y luego en todo el país. La cadena de suministro a Humaitá se había roto hasta cierto punto y la guarnición de la fortaleza estaba hambrienta. La desnutrición puede tener un efecto terriblemente deletéreo, y había pocas esperanzas de disponer pronto de ayuda externa.

En tales circunstancias, el robo de una medida de sal cobró gran importancia, sobre todo porque había sido facilitado por soldados que claramente robaban provisiones destinadas a otros soldados. Una cosa es robar suministros de guarnición en tiempos de paz, y otra es hacerlo en las peores etapas de un sitio enemigo, cuando sugiere no solo una notable falta de esprit de corps, sino también la voluntad de aprovecharse de los camaradas. Aunque ni el contrabando ni el nepotismo ni las actividades del mercado negro son sorprendentes en Paraguay, con frecuencia se nos dice que el pueblo paraguayo se unió para defender el país y repeler al enemigo durante la guerra de 1864-1870. Sin embargo, al robar la medida de sal, estos soldados demostraron que anteponían su interés personal a cualquier forma de patriotismo.

¿Pasó eso a menudo? Sí, así parece, pero no podemos estar seguros porque los antecedentes penales de los años de guerra están decididamente incompletos.

Sería instructivo saber qué fue de esos hombres acusados de mala conducta en este caso. Conforme a las Leyes de Indias, que con nuevos nombres todavía se aplicaban en Paraguay en 1867, los culpables de tales infracciones casi con certeza habrían sido azotados a discreción del comandante en jefe, probablemente con más de cien azotes cada uno.

Por supuesto, hasta que se descubra la documentación auxiliar en el ANA, nunca sabremos cómo se desarrolló este caso. Lo afirmado aquí es solo una especulación sobre el crimen y el comportamiento de las personas bajo la presión bélica. Pero lo importante, una vez más, es que el Archivo Nacional de Asunción, especialmente su Sección Judicial Criminal, está lleno de materiales similares, muchos de ellos más instructivos, porque están completos. Es una colección notable que merece ser utilizada de manera más extensa y regular. Por tanto, en lugar de ir a Río de Janeiro en busca de nuevos materiales, ¿por qué no empezar en el ANA? ¿O hacer ambas cosas?

Thomas Whigham, Profesor Emérito, Universidad de Georgia

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