Sobre el concepto de emprendimiento cultural

A la comunidad académica le corresponde continuar desentrañando la noción, no exenta de debates definitorios, de emprendimiento cultural y creativo, y sus diversas declinaciones, escribe en este artículo el economista Marcelo Decoud, director del Programa de Industrias Creativas & Culturales de la Social International University (Canadá) y director adjunto de la Confederación Mundial de Educación.

Sobre el concepto de emprendimiento cultural
Sobre el concepto de emprendimiento culturalGentileza

La historia del espíritu empresarial comenzó con nuestras civilizaciones. Los empresarios originales eran creadores que ya comercializaban sus manufacturas hacia el 17.000 a. C., según antropólogos y arqueólogos. Si bien estos «primeros empresarios» intercambiaban un conjunto de bienes por otro, con el tiempo este juego ha incorporado fuertemente al arte y la creatividad como elementos económicos, quizás no tan intangibles como los consideran muchas legislaciones que aún no han sabido «madurar» el concepto de industrias creativas y culturales más allá de una óptica sesgada por el desconocimiento de lo que realmente significan y el aporte con el que pueden contribuir más allá de lo económico.

A las palabras «cultural» y «emprendedor», hasta cierto punto, se las suele relacionar con un universo conceptual similar, el de los elementos impulsores de un crecimiento dinámico. Mientras que el primer término tiene que ver con la identidad y con la pertenencia de una manifestación artística de la propia comunidad, el segundo remite a desarrollos tangibles en cuanto a su medición y aporte al producto bruto interno de un país. Juntos suponen un efecto multiplicador en la sociedad.

Los artistas son los pioneros del emprendimiento cultural. Cualquiera que comprenda la importancia de la cultura en la sociedad y construya una plataforma para celebrarla es un «emprendedor cultural». La creciente práctica del emprendimiento cultural y creativo en muchos países ha promovido un desarrollo dinámico en la preservación del patrimonio cultural y arquitectónico, ha generado nuevos puestos de trabajo, ha fortalecido la imagen del país internacionalmente y ha allanado el camino para construir mercados intangibles con mitos, idiomas, símbolos, valores, normas, actitudes y creencias. Por otro lado, en este desarrollo del emprendimiento cultural y creativo, en estos tiempos tecnológicamente tan avanzados, este enfoque empresarial sostenible (quizás el más sostenible) ha demostrado ser un enfoque de preservación cultural rentable de la mano de las nuevas tecnologías.

El emprendimiento cultural se ha convertido en un medio para utilizar la creatividad, la cultura y las artes a fin de lograr un cambio socioeconómico tendiente a la inclusión, teniendo como pilares la innovación, el desarrollo institucional, el cambio social y la prosperidad económica, impregnando y descentralizando muchas de las actividades en todos los sectores económicos y generando un cambio social significativo, principalmente con la participación de la sangre joven de nuevos creadores, permitiendo que muchas personas de veinte años hayan asumido el espíritu empresarial cultural y creativo como una profesión.

«Emprendedor» es un galicismo derivado de la palabra francesa entrepreneur, de prendre, tomar, coger, entre partes, y desde ya no podemos considerar el emprendimiento cultural y creativo como un sector aislado de las políticas de estado… Ahora bien, dicho esto, ¿qué es lo que hace falta por parte del Estado y cuál sería su rol? Según las recomendaciones de la Unesco, el rol sería el de promover los derechos de los actores culturales y creativos y maximizar el papel del gobierno como facilitador del avance de la cultura para los actores de la economía cultural y creativa, específicamente en términos de mercadeo de los productos de la economía creativa nacional. La comercialización de dichos productos de la economía creativa se realiza con objetivos específicos, medibles, realistas y acotados en el tiempo:

1. Mejorar la imagen de los productos de la economía creativa a nivel nacional e internacional;

2. Aumentar el valor de la cooperación empresarial en cada subsector de la economía creativa;

3. Aumentar el valor de la inversión en el subsector de la economía creativa;

4. Aumentar las transacciones comerciales en el país y en el extranjero;

5. Aumentar el valor de las exportaciones de productos de la economía creativa;

6. Reforma institucional y presupuesto cultural para apoyar el avance de la agenda cultural;

7. Fortalecer el papel del gobierno como facilitador en el avance de la cultura.

En los últimos veinte años, los responsables políticos y otros actores socioeconómicos han prestado una atención renovada a la cultura en términos de su contribución a la economía, tanto su contribución directa al crecimiento económico, como los efectos que puede generar la creatividad artística por su contribución indirecta a la innovación en la economía. Este renovado interés se ha traducido en la aparición del concepto de industrias culturales y creativas, que engloba la contribución económica de la producción cultural y artística. Este concepto no ha estado exento de debate definitorio y tiende a definirse de forma ligeramente diferente de un país a otro, particularmente porque muchas veces los estamentos decisores gubernamentales no conocen en profundidad el tema sobre el cual deben decidir.

Al examinar un emprendimiento cultural y creativo, es importante situarlo en su contexto y considerar la forma en que se ha concebido el trabajo artístico / cultural / creativo a lo largo del tiempo. De hecho, históricamente la atención se ha centrado inicialmente en la noción del artista como «genio creativo» con características distintivas, que constituye un «gasto» para el Estado y no una «inversión». Luego, este enfoque se ha desplazado hacia un análisis de los procesos artísticos y sus modificaciones con la introducción de nuevas técnicas y los cambios que estas han generado en las prácticas y organizaciones empresariales, desde los ámbitos académicos para la capacitación hasta el desarrollo de los mercados de las artes mediante el soporte de una ley de mecenazgo criteriosa y funcional, así como la generación de una cadena artística / cultural / creativa de valor.

Las diversas formas económicas cubiertas por el espíritu empresarial cultural y creativo deben ser reconocidas y comprendidas por los responsables políticos, así como el hecho de que el espíritu empresarial cultural y creativo no tiene, como todo emprendimiento inicial, un vínculo directo e inmediato con el crecimiento económico. A la comunidad académica le corresponde, por tanto, continuar desentrañando la noción de emprendimiento cultural y creativo y sus diversas declinaciones más allá de la mera perspectiva económica de generar «matriculas».

Los emprendedores culturales ofrecen algunas vías prometedoras de comprensión de las nuevas dinámicas emergentes entre las generaciones jóvenes y nuevas formas de trascender algunas de las relaciones binarias o dicotomías existentes dentro de la sociedad en general y el mundo económico en particular: material / idea, arte / economía, artista / emprendedor, creación / gestión, individual / colectivo, aficionado / profesional… Diríamos que examinar los proyectos empresariales culturales en acción nos ayudará a descubrir o redescubrir los métodos, las competencias y las redes que estos emprendedores construyen, movilizan y coordinan para desarrollar sus proyectos, así como las nuevas estructuras, organizaciones y colaboraciones que pueden inventar al hacerlo. Y a reconocer que la dinámica empresarial cultural debe entenderse como un fenómeno socioeconómico y cultural complejo que tiene lugar en tiempos y lugares particulares.

mdecoud@siuniversity.org

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