90 años de India

Aunque no sea un género folclórico –tiene autor–, la guarania se convirtió en un símbolo de la cultura nacional desde que José Asunción Flores la desarrolló en la década de 1920 a partir de las polcas paraguayas, ralentizando su ritmo en un compás de seis por ocho, y con versos de temas amorosos y de exaltación de la tierra natal. Obra de un músico exiliado y perseguido por el régimen de Stroessner y de un poeta de trágico destino, la más célebre de las guaranias, ‘India’, cumple este año nueve décadas.

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La emblemática, la más universal de las guaranias, con música de Flores y letra de Ortiz Guerrero, este 2018 cumple 90 años de exitosa vigencia. Fue publicada en la Revista Ocara Poty Cue Mi, número 53, página 25, de 1928. En la copia de archivo que adjuntamos aún no aparecen los versos: «Montaraz india, / manceba de la raza virgen, / Eva guayaki…» 

José Asunción Flores nunca perdía ocasión de ilustrar al auditorio sobre el profundo sentido de los versos de esta guarania, que, sin duda, fue concebida con el claro propósito de reivindicar la cultura de los pueblos originarios. Además de poner de relieve las admirables particularidades físicas de las mujeres autóctonas, distinguidas por su «bella mezcla de diosa y pantera», Flores ponía especial énfasis en la conclusión del poema, en la que el poeta Ortiz Guerrero afirma: «También sabe querer, también sabe soñar…».

«Una genialidad de Manú –decía–. Solamente las almas evolucionadas tienen la capacidad de querer y de soñar», concluía, dando a entender que las nativas, entonces tratadas como seres sin alma, eran tan humanas como las mujeres de otros orígenes o continentes.

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Ciertamente, soñar nos despierta a los recursos superiores de conocimiento que hay en nuestro interior, nos proporciona información sobre lo que está ocurriendo en nuestras vidas diarias y nos permite imaginar cómo enfrentarnos a los problemas y proyectar cómo lidiar con ellos. Soñar es una facultad mental que ayuda a imaginar lo inexistente, genera expectativas de futuro y brinda motivación para ensayar, desarrollar estrategias y perseguir anhelos.

Creo que es pertinente, también, aprovechar esta oportunidad para arrojar luz sobre una sombra que lleva a los cantantes a cometer frecuentemente un error en la interpretación de esta pieza. Pese a lo evidente de la discordancia conceptual, suelen cantar: «Arisco remanso curvó sus caderas…» Lógicamente, el remanso no puede ser arisco. Ya sea, literalmente, la zona de un curso de agua donde las corrientes se aquietan, ya sea, por extensión, cualquier lugar tranquilo –«un remanso de paz», para citar el tópico–, el remanso es por definición apacible. Lo correcto es: «Arisca romanza curvó sus caderas».

¿Qué es la romanza? La romanza es un tipo de composición breve, consistente por lo general en una melodía sencilla para voz y acompañamiento instrumental, habitualmente de piano, arpa o guitarra –aunque el término «romanza» se utiliza también para designar algunas obras puramente instrumentales (como en el caso de las «romanzas» para violín opus 40 y 50 de Beethoven), o incluso para nombrar ciertas partes de obras mayores (como en el concierto para violín de Beethoven, segundo movimiento). Este género musical fue cultivado desde la Edad Media, y particularmente después, en los siglos XVI, XVII y XVIII. De esos siglos precisamente se conservan algunas romanzas que adquirieron gran popularidad a mediados del siglo XIX, sobre todo en Francia y en Italia. Entre los compositores que han escrito romanzas figuran François-Adrien Boïeldieu, Antoine Romagnesi, Mompou, Pierre Garat y Louis Clapisson, por citar algunos de los más conocidos. Existen también romanzas de salón y de ópera (el aria para tenor «Una furtiva lagrima», por ejemplo, de la ópera L’elisir d’amore, de Donizetti, es una romanza, como también lo es «O cieli azzurri», de la Aida, de Verdi, etcétera), así como de zarzuela. Y, a propósito de esto, recordemos que, cuando escribió la letra de India, Ortiz Guerrero andaba lleno fantasías, según don Arturo Alsina, relacionadas «con el desmesurado propósito de componer una ópera paraguaya llamada Urutaú».

La romanza española era interpretada por músicos profesionales, principalmente con voz y vihuela, y con el objetivo de divertir a la nobleza con temas históricos y legendarios. En la época barroca se identificó con el villancico, y en el clasicismo, con pequeñas cantatas para voz y orquesta. En el género de la zarzuela, la romanza es una canción o aria de tema lírico, y fundamentalmente amoroso. El amor, aun el más tierno, puede –y suele– ser al mismo tiempo agreste, arisco, y también sus expresiones en el arte. Dicho esto, debemos concluir que es una romanza la que curva la cadera de la india, y no un remanso.

El 24 de julio de 1944, el gobierno del general Higinio Morínigo declaró por decreto a India «Canción Nacional del Paraguay», junto a la polca Campamento Cerro León, de autor anónimo, y Cerro Corá, con música de Herminio Giménez y letra de Félix Fernández.

catalobogado@gmail.com

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