Any Ughelli (†2004-2014) Desde un tiempo lejano

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A una década de la muerte de la arquitecta y dibujante Any Ughelli, ocurrida el 7 de febrero del año 2004, Elisa Godoy de Gulino invoca el universo de su amable fantasma

MUJER ESPERANDO

No escribo para una minoría selecta, que no me importa, ni para ese adulado ente platónico cuyo apodo es la Masa. Descreo de ambas abstracciones, caras al demagogo. Escribo para mí, para los amigos y para atenuar el curso del tiempo. J. L. Borges

«Amartizar». ¿Será esta la nueva palabra para indicar el descenso de una sonda espacial a la superficie de Marte? Los científicos están muy contentos con el éxito que han logrado, otra vez en julio, como en el 69, cuando bajaron a la Luna y se creó el término alunizaje... y alunizar.

Que no es lo mismo que alucinar, que es lo que están consiguiendo con nosotros las últimas, ultimísimas, novedades del ambiente, del nuestro y del de los otros.

Los otros, los otros... ¿quiénes son los otros? ¿Acaso los chinos? Ellos sí que son muuuchos otros, como mil millones de otros, o más, mil doscientos millones. ¿Qué te parece? ¿Entra toda esa cifra en tu cerebro?

¡Cifras, cifras, sí! Ya lo creo, cifras son las que se están colando por los bancos; pero me pregunto: ¿a dónde? ¿Quiénes son, como dice mi hijo cuando ve una película, los buenos y quiénes los malos? Esa ventaja nos ofrecían las películas de antes: uno sabía muy bien quiénes eran los unos y quiénes los otros.

Ay, pero esto me hace acordar de mi tía Lily, que cuando compraba algo nos lo mostraba diciendo: «Miren lo que compré! Encontré solo este y lo traje igual porque... ¡este, pues, no es el otro!» Y mi hermano, mi hermana y yo nos quedábamos con la boca abierta, porque nunca supimos cuál era este ni cuál era el otro. Pero bueno, mi tía Lily también era para alucinar... Y en estéreo.

Pensaba, volviendo al comienzo, que en Marte hay ahora un vehiculito, como un juguete, que desarrolla una velocidad de 20 (veinte) centímetros por hora. ¿Ves? ¿Te das cuenta? Esta alocada sociedad moderna ha decidido reducir al mínimo su vertiginoso ritmo de vida. ¡Y cómo!

Guau: ¿Cómo serán los marcianos? ¿Como nosotros? ¿O como los africanos? ¿O serán como los chinos?

¿Te imaginás que en China, en pleno siglo casi veintiuno, hubo, hasta el lunes 30 de junio de 1997, una colonia inglesa llamada Hong Kong? Y enfrente de Hong Kong, Macao, que, desde 1557, es una colonia portuguesa. Guau, esto sí que es amartizar, enterarte de estas delicias a tres años, no, a dos y medio del año 2000.

Dos mil, perdón, veinte mil millones de guaraníes van a embargar a los directivos de un conocido banco de plaza. ¡A cada uno! ¡Qué lindo! Qué bien distribuida está la riqueza en cada uno de estos paisitos nuestros. ¿Nuestros? Oh, qué estoy diciendo, quién sabrá de quiénes seremos a esta altura del siglo.

Cuando comience al año 2000, ¿cómo se dirá? ¿A esta bajura del siglo? Porque te imaginas el 2 de febrero del 2002, recién iniciadito el siglo, ¡ay!, no, no me quiero imaginar cómo estaremos de bien para esa época.

Vamos a andar todos lentitos, con esa nueva onda lento-marciana. Para ese entonces no vamos  a resolver las cosas tan rápidamente como hasta ahora: los problemas del agujero (ese, el del ozono), del medio ambiente, de nuestro ambiente, que está cosí-cosí nomás, de la costa franquera, de los sin todo, de los con algo, de familia, de pareja, de autoestima (yo me quiero-yo me quiero-yo me quiero), de género (que no es tela, aunque haya todavía mucho que cortar), ¡nooo!, toda esta rapidez va a pasar a la historia como algo del siglo pasado (acordate que vamos a estar en el próximo).

Hablando de próximo, tengo que dejar de pensar en todo esto, que no tiene coherencia alguna (como dice un amigo mío), y vestirme. Dentro de un rato vendrán a buscarme.

Mientras espero, pienso. O mientras pienso, espero. Da lo mismo. Pero no es lo mismo. Deberían ser importantes estos temas, pero en realidad son solo noticias, son como las películas, que pueden gustarnos o no, pero que son solo eso: películas. Después de verlas, volvemos a la vida real. O a la vida, sin adjetivos. Nos llegan (las noticias), nos invaden, no nos penetran y pasan. Mañana serán ya la misma historia. Y cada uno de nosotros sigue su propia historia, su propia vida, paralela a todos estos hechos.

Como la mía, por ejemplo. Yo tengo un problema desde el vamos: soy estrábica. Que no es lo mismo que ser extrávica, aunque también lo soy. Ambas cosas. En realidad, la palabra extrávica la acabo de inventar para señalar la capacidad que tiene uno de perderse. Dije capacidad, no defecto. ¿Me escuchaste? Busco en el diccionario y encuentro «extraviar: poner una cosa en lugar distinto al que debía ocupar». ¿Ves? Eso es lo que yo hago constantemente conmigo misma. «Me» pongo en un lugar distinto al que debo ocupar.

Y de estrabismo dice: «disposición defectuosa de los ojos en virtud de la cual los dos ejes visuales no se dirigen simultáneamente al mismo objeto». (El subrayado es mío). Te imaginas un poco, vengo a descubrir ahora que es una virtud.

Esto, que siempre me hizo sufrir cuando leía una novela de Corín Tellado y decía: «Él la miró profundamente a los ojos…» ¡Ay! Pensaba que nunca iba a poder vivir esa escena: ¿cómo podría yo soportar semejante prueba de amor?

¿Pero te das cuenta? No solo estoy en un lugar distinto al que debo ocupar: tampoco mis ojos miran simultáneamente al mismo objeto. ¡Guau, pavada de problema! ¿Cómo con estas virtudes voy a intentar alguna coherencia? Bueno, en realidad... puedo intentarlo. Lo que no sé es si voy a conseguirlo. Yo creo que poco y nada puedo conseguir partiendo de la base de que mis virtudes son defectos. (¿No podrá ser al revés?)

¡Ay, ay, ay, se me acaba de correr la media! Tengo que apurarme; ya deben estar por venir.

Es que pasa tan rápido la hora.

La hora, la hora. Me recuerda otra vez el tiempo. Tic tac tic tac. El tiempo que debemos vivir, que tenemos que aprovechar. Para vivir. Para disfrutar. Para gozar. Leyendo un libro, o leyendo algo. Como lo estás haciendo ahora, leyéndome. Aunque esto sea, más que nada, un extravío. Tuyo, no mío.

Ahora el extravío es tuyo.

Yo estoy aquí, bien puestita, muy paqueta, he terminado de vestirme. Ya pueden pasar a buscarme. Ya soy alguien, como decía (¡otra vez!) mi tía Lily: «Hay que honrar la investidura». Yo ahora las estoy honrando, a la investidura y a mi querida tía, recordándola.

Recordando, ¡ah!, recordando que están cerquita, están por venir... A punto de venir. ¡Por venir, pronto! Por-venir. Ya, ya, ya, yaaaa...

Porvenir.

POST SCRIPTUM

Los dibujos que acompañan el presente texto fueron solicitados a la arquitecta Any Ughelli, quien, en 1997, el año en el que se escribió, era la única mujer que se dedicaba a la historieta en el Paraguay.

A Any Ughelli, al cumplirse una década de su muerte, ocurrida en el año 2004, va dedicado este cuento.

eligoal@yahoo.com