Estrategias para la inserción de las ciencias y tecnologías en el Paraguay (I)

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La inserción paritaria de las naciones en el mundo se asocia con el desarrollo de las ciencias y técnicas. Cada nación, por esa motivación milenaria de unos pocos ciudadanos con creatividad, tiene el potencial de convertirse en generadora de conocimientos de valor cultural o económico. Una de las inversiones más seguras y sostenibles en el tiempo es la que promueve y sostiene la investigación científica. Como se concentra en unos pocos investigadores con talento para el descubrimiento, se invierte poco dinero en relación con la población. La investigación puede realizarse en cualquier sitio, en un domicilio particular, una empresa, una oficina o laboratorio del Estado, en un instituto de investigación o la universidad; esta última, el lugar ideal y preferido por las grandes instituciones académicas del mundo.

LA UNIVERSIDAD Y LA PSEUDOUNIVERSIDAD

Decíamos que la universidad que no investiga es una pseudouniversidad. Una de las principales causas del rezago de la investigación en el Paraguay tiene que ver con su modelo y praxis universitaria, que favorecen la docencia repetitiva y no la investigación. El mérito académico se atribuye a la docencia y la antigüedad, y no al descubrimiento. Existe una estructura burocrática perjudicial para la instalación de nuevos investigadores. Sumadas a la mala paga, estas dificultades han resultado en que la inserción de nuevos investigadores que regresan del exterior sea muy difícil. Por ello algunos prefieren emigrar a países donde se favorece la investigación. Algunos pequeños grupos, con empeño y astucia, han logrado sobrevivir, aunque al alto precio de una productividad científica baja y una labor limitada a una temática ecológica, lo que dificulta la universalización de los hallazgos. Una reforma universitaria que priorice la actividad científica es perentoria, aunque no se la vislumbra.

CIENCIAS BÁSICAS, APLICADAS Y DESARROLLO

Se discute sobre la importancia de las ciencias básicas o aplicadas como cruciales para el desarrollo de los pueblos y sobre la necesidad de establecer prioridades para los temas de investigación. Pero la realidad es que se han perdido en la ciencia moderna los límites entre una y otra, y se acepta que existen variadas maneras de alcanzar los nuevos conocimientos. Un dogmatismo que favoreciera una u otra pecaría de anacrónico y de ignorante de lo que realmente ocurre en el proceso del descubrimiento científico. La crítica a la visión lineal de ciencias fundamentales-aplicación-desarrollo es interesante como otra manera de ver el problema (Stokes, Universidad de Princeton), pero no afecta un porcentaje significativo de la actividad científica que se rige por ese modelo de interdependencia y en la que no se puede ignorar una parte sin afectar la otra. Es poco cotejable con nuestra experiencia diaria de científicos practicantes el que una teoría o hipótesis o incluso una observación no se origine de algún modo en un conocimiento previo (Bunge, Universidad McGill). Contraviene la propia historia de las ideas y de la ciencia. Este debate no es para nuestra sociedad, dado el estado primario en que se encuentran las ciencias y técnicas. Es inadecuado y prematuro, puesto que existen muy pocos científicos verdaderos para cubrir los dominios de investigación que el país requiere. Pero es increíble que profesionales y políticos que uno considera inteligentes tengan dificultades para comprender esta simple ecuación.

EL PROCESO DE LA INSERCIÓN DE LA CIENCIA

Parecería sencillo para un país, existiendo voluntad política y dinero para ello, iniciar un proceso de promoción, apoyo e inserción de la actividad científica. Pero no lo es, y es común cometer errores que se originan en la creencia de que se puede copiar lo que se hace en otros países y ahorrar en el proceso. El principal error es pensar desde arriba hacia abajo, es decir, planificar la ciencia desde lo que el sector político o administrativo considera prioritario, lo que en general solo refleja sus prejuicios y pudiera no coincidir con la interpretación de los científicos (Wm Easterly, Universidad de Nueva York). Decían Houssay y Bunge que no construyamos costosos edificios ni estructuremos grandes planes de investigación (desde arriba). El proceso se inicia en el sentido contrario, desde abajo hacia arriba, desde el principal productor de ideas y objetos científicos, el científico, hacia las ideas o teorías o problemas a ser resueltos, que pueden coincidir o no con los programas del Estado.

Entonces se debe elaborar un plan que contemple ambas situaciones, la creatividad científica y la necesidad, pero de nada vale la última sin la primera, por lo que un plan de políticas de ciencias necesariamente debería acompañar los modos en que se producen la ciencia y la técnica, es decir, la epistemología.

CONFUSIÓN ENTRE CONOCIMIENTO PROFESIONAL Y CIENTÍFICO

Un problema común en los países pobres es pretender que las ciencias o tecnologías investigativas resuelvan todos los problemas, que son por supuesto innumerables. Pero la mayoría de los problemas se resuelven a nivel profesional, no científico o tecnológico, y allí ya no necesitamos de la ciencia, sino de la formación profesional, que también falta, pero ya es otro problema. Esta confusión entre la actividad científica y la profesional se da en ambientes donde ambos dominios son precarios. Nos decía el profesor Liu, jefe de la cátedra de Ingeniería de la Universidad de Cornell y uno de los más grandes expertos en agua en el mundo, durante su visita al Paraguay, acerca del lago Ypacaraí: «El problema del lago no es científico ni de alta tecnología; es un problema profesional y político». Es decir que ya se conoce la técnica; no vale la pena reestudiarla, ya no serán originales los resultados, ya no atraerá el proyecto a científicos de primera; acá vale solo la copia y hacer lo que ya se sabe al precio que cueste.

PROGRAMAS DE INCENTIVOS EXISTENTES

Existen en el Paraguay pocos científicos y numerosas áreas que merecen ser estudiadas. En una primera etapa, se debería incrementar el número de científicos de manera exponencial, sin tener en cuenta las áreas de estudio, ni sus niveles jerárquicos de investigación, básicos o técnicos, considerando la interdisciplinariedad, tan importante en la ciencia moderna para lograr visiones originales. Un primer esfuerzo es el Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores, o PRONII, creado y operado por el CONACYT, que, luego de una rigurosa selección con parámetros internacionales de productividad científica, ha agrupado a poco más de 200 científicos nacionales en un sistema de incentivos económicos. Si bien la paga es muy limitada, ya existe el marco estructural legal con el potencial para permitir la identificación de áreas de estudio y la incorporación de más científicos, así como la promoción de aquellos productivos (o la remoción de los improductivos). Otro programa promisorio es el DITCODE, de la Universidad Nacional de Asunción, que establece un salario más o menos decente para 60 investigadores a tiempo completo de la institución. El país necesita más cambios institucionales o la incorporación de nuevos modelos como los mencionados para incrementar el número de científicos e ir poco a poco cubriendo todas las áreas del saber necesarias para el desarrollo cultural y económico.

Instituto de Patología e Investigación.