Grados de relativa homogeneidad

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1 - Freud señaló, resalta E. Laurent, la imposibilidad de reconciliación entre la satisfacción libidinal que sería armónica, con la civilización. Es en esta grieta humana, creo, que el discurso capitalista, el del todo vale, el cada quien con su goce “a su manera” del modo que fuera, sin imposibilidad alguna, coloca los objetos nuevos en el mercado constituyéndose así en el nuevo Señor de nuestras subjetividades.

Al producirse satisfacciones (sustitutas), aunque poco duraderas, genera mayor insatisfacción y relanza el ciclo del consumo apaciguador, del derecho “pacificador”. El amor y los lazos así debilitados dan lugar, al decir de C. Soler, al narcisismo exhibido.

2 - Nos homogenizamos por los objetos del mercado. Es la tendencia de la época, ir hacia la homogenización. Vivimos en la era de una relativa tendencia hacia ella, en grados de relativa intensidad hacia la homogeneidad. Relativa y no absoluta, pues si fuera total, directamente ya no existiríamos, el sistema humano desaparecería.

3 - La consecuencia de esta directriz es la evaluación y el control social de la vida de cada uno, de esto precisamente deriva el sistema burocrático que aumenta haciendo mármol la vida. El sistema burocrático no es sino la normativización de los goces de cada uno. La era dominada por las comunicaciones implica, en su faz negativa (porque también es cierto, su faz positiva, que hoy se sabe más de salud, por ejemplo, y de cómo cuidarse), que no es necesario preocuparse más, la cosa ya viene elaborada por los modelos utópicos de los estándares estéticos. Efecto de esto son justamente las patologías de la nueva era, como ser la anorexia y la vigorexia, obsesión por la masa muscular. La era de la multiplicación de imagen en desmedro de la palabra y la relación al otro, tenemos en la boca palabras sin raíces.

4 - Nuestra era no es sino de satisfacción, de consumo furioso, de lluvia silenciosa. Por eso, señala C. Soler, los nuevos créditos sigilosos buscan convencer al mismo obrero que produce los equipamientos domésticos que son lo que más le conviene. No solo son mano de obra, interminable absurdo, sino principal consumidor de los objetos que produce. Todos globalizados con los mismos productos pero acompañados de un individualismo extremo y una crisis de la idea de comunidad. Es en esta lógica en que la semejanza se va imponiendo como cultura de la muerte o desaparición del sujeto humano.

5 - La desaparición de las creencias verdaderas, de los hombres excepcionales, la crisis del sentido, la pérdida de la tradición en su eficacia de regulación de los goces, como también la caída del conflicto en los síntomas psíquicos actuales marcan la era de lo que Vattimo llamó “El pensamiento débil”, un pasar despreocupado sin aspereza en la existencia, pensamiento actual en oposición al pensamiento fuerte moderno o antiguo. Esta caída de los valores e ideales y la fuerza hacia la homogenización, en donde la ciencia y el capitalismo triunfan por todos lados, presenta, a mi juicio, una conexión interesante entre Vattimo y el discurso capitalista como Lacan lo establece.

Psicoanalista
Ágape Psicoanalítico Paraguayo