Hermann Guggiari: «Todos los sueños no realizados»

En el trabajo de Hermann Guggiari con las relaciones entre la forma, la significación y la materia, cabe reconocer al menos dos estrategias afines y complementarias: interrupción / desgarramiento / desplazamiento y disolución / desintegración. Desde mediados de los años 60 hasta inicios de los 70, estas caracterizaron lo sustantivo de su propuesta.

En Kennedy (Gran Premio Esso de Artistas Jóvenes, Primer Premio en Escultura, Concurso Latinoamericano de Arte organizado por la Unión Panamericana, Washington, 1965), la agresión a la que es sometido el material en el extremo superior del depurado volumen paraboidal interrumpe dramáticamente el ascenso de esa forma en el espacio, «como si Brancusi, en un momento de ira, hubiese dado un hachazo a una de sus impecablemente curvadas abstracciones de calma inmaculada», según comentó en aquel momento el Newsweek. En Parto (1965), presentada en la II Bienal Americana de Arte Kaiser de Córdoba, vemos el desplazamiento / desgarro parcial de una masa cuya recreación (objeto gestado) causa simultáneas laceraciones a la matriz gestante. En Ára Rupi’a, «Huevo del tiempo» (X bienal de São Paulo, 1969), la disgregación de la materia embrionaria funciona como soporte estructural de la contundente masa superior, tensamente ingrávida con relación al plano de piso sustentante. La disgregación vertical y descendente de Ára Rupi’a supone variantes formales y compositivas frente al desplazamiento horizontal de Parto y a la interrupción de la forma ascendente de Kennedy. Si los procedimientos –de ruptura y desplazamiento– en las dos primeras esculturas citadas pueden asociarse a lo eventual y extrínseco, las alteraciones formales y matéricas en esta tercera obra –de disolución– podrían relacionarse con lo ineludible e intrínseco (temporal, existencial).

En estos ejemplos –hay muchos más, pero no queremos abusar del espacio– las relaciones forma / materialidad / significación expresan tensiones, polaridades. Aunque no por mucho tiempo –entre los años 60 y los 70–, hubo en Latinoamérica una convivencia de situaciones polares mientras la versión local del Welfare Estate emitía sus últimos fulgores y el capital trasnacional monopólico desplazaba a la acumulación nacional iniciada en la década de 1930. En Paraguay, por otra parte, los excesos autocráticos iniciados en los años 50 fueron apuntalados por el flujo de hidrodólares procedente de los emprendimientos energéticos binacionales, que, entrada la década de 1970, y combinados con el ejercicio de la violencia policíaca en proporciones que todavía restaría determinar, narcotizaron lo sustantivo de la disidencia de la sociedad civil.

Hermann Guggiari enunció a través de las señaladas características de su producción lo más nuclear del espíritu de la época. Una geometría sintéticamente ajustada, una materialidad actualizada, la universalidad humanista de sus contenidos, etc., caracterizaron sus obras, que simultáneamente –y en sentido opuesto– problematizaron esa misma inmutable y autosuficiente universalidad al proponerla sujeta al discurrir aleatorio y disgregante de la existencia; al de la propia cultura local, en última instancia.

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En el pasado, en diversas ocasiones, Hermann Guggiari se refirió a Ára Rupi’a como un «homenaje a todos los sueños no realizados».

Retrospectivamente (atendiendo a aquel momento cultural y artístico, a aquel proyecto histórico, en suma), podemos constatar que esa definición no solamente fue exacta, sino que resultó, también, premonitoria.

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