La cotidianeidad en los tiempos de la independencia

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La vida cotidiana en los años de la independencia se llama el libro escrito por la prestigiosa historiadora Olinda Massare de Kostianovsky.

La historia escrita tiene el poder de remontarnos a ese pasado marcado por alegrías y vicisitudes.

Al hacer referencia a la Asunción de aquella época, Mariano Antonio Molas escribe que Asunción no era más que callejones zanjosos y una sola calle principal tortuosa que salía al campo.

Comentan los Robertson: “En cuanto a la población, era una casta formada del elemento español y del indígena, pero predominaba tanto el primero que los naturales o mestizos parecían descendientes de europeos. Los hombres eran generalmente bien formados y atléticos, y las mujeres casi todas bonitas. Cuando solía verlas de regreso de los pozos o de los chorros con sus cántaros en la cabeza, me hacían recordar otras tantas Rebecas”.

Había tiempo y lugar para el romanticismo, naturalmente. Fulgencio R. Moreno hace referencia a las andanzas nocturnas de los transeúntes de mortecino farol, las serenatas a la luz de la luna, el silencio interrumpido por el paso de las rondas, las misas de los domingos, “los pagos de las visitas” en el corredor o a la sombra de los rosales, mientras menudeaba el tradicional mate de leche con azúcar quemada y “naranja roquy”.

La capital del Paraguay era por lo general silenciosa, pero adquiría regocijo y animación con la celebración de las fiestas nacionales, cuales eran las funciones en homenaje a la Virgen de la Asunción, al Patrono San Blas, a San Francisco, La Merced, Santo Domingo, y con las fiestas vespertinas y bulliciosas del toro candil, además de las alegres serenatas a los seres más queridos que hacían vibrar el tranquilo ambiente de la noche.

En la víspera de la festividad de la Virgen Nuestra Señora de la Asunción, se llevaba la imagen a la Catedral de donde partía la procesión. Los festejos a la Patrona duraban tres días y eran motivos para otras expansiones públicas como juegos de cañas, destreza en el manejo de las armas, dotes de jinetes y también ocasión propicia para lucir prendas ostentosas. Un público bullicioso concurría a las calles y plazas, que por la noche estaban brillantes a la luz de candilejas y farolillos.

¿Cómo se alimentaban los paraguayos en esos lejanos tiempos? ¿Era sana y nutritiva la comida para el cuerpo?

Había platos exquisitos entre los que se destacaba el cerdo, completamente deshuesado. Se conocían como alimentación cotidiana más de treinta comidas distintas en diferentes platos de acuerdo a la situación de cada familia.

En cuanto a las bebidas, las damas no bebían vino, sino agua, y los caballeros bebían vino blanco o tinto, o caña como aperitivo.

La mazamorra con azúcar, leche y miel formaban parte del plato diario.

SOCIABILIDAD

Hacer vida social, recrearse, relacionarse con las gentes en busca de esparcimiento, formaban parte, naturalmente, del estilo de vida de los hombres y de las mujeres de aquella época.

Se lee en el libro lo siguiente: “El paseo común se hacía a lo largo de la bahía de la Asunción, mientras que la gente moza se entretenía en juegos de prendas, con adivinanzas, acertijos, corridas de toro, riñas de gallo, la argolla, taba y yapa”.

“Siendo la ciudad habitualmente silenciosa, cobraba vida mediante la celebración de fiestas cívicas o por algún acontecimiento especial, se reunían en la plaza mayor, los jinetes lucían gallardos con juegos de monturas de plata; se realizaban corridas de toro y juegos de caña, se iluminaban las calles con velones de cebo y con aceite de potro. Existía entusiasmo por los juegos de sortijas y las carreras, sentimiento que se arraigó no solo en la ciudad sino en el interior donde los guainos se pulseaban para medir su valentía; la corrida de sortija tenía una significación social más elevada e idealista pues excluía las apuestas”, está escrito en el texto.

Hasta las casas cobraban vida en esas circunstancias en que lo profano y lo religioso se entremezclaban. Las mismas se adornaban con vistosas cabalgaduras y hermosas guirnaldas. Había serenatas alegres, se festejaba con júbilo la fiesta del Santo Patrono, el ambiente festivo duraba varios días y hasta semanas.

No se perdieron esos juegos tradicionales porque el paraguayo siente apego por lo típico. Hay costumbres muy propias del pueblo que todavía subsisten como la fabricación de la miel de caña, las fiestas de Camba la Merce y de San Baltasar, el toro candil, la carrera de sortija, el Judas cai, el cambá raangá .

Escribe Fulgencio R. Moreno sobre la luz y su relación con la protección de la integridad física de las personas: “La falta de alumbrado público dejaba la suerte del transeúnte librada a las mortecinas luces de su farol, menos apropiada para guiar sus pasos que para dirigir la acción de algún desvalijador nocturno”.

Esta carencia de seguridad tenía, desde luego, sus efectos negativos en la sociedad: “La vida de la ciudad, por la influencia de estas causas más que por la práctica constante de un forzado retraimiento, cesaba por lo general en las últimas claridades del día, exceptuada naturalmente los ocasionales paseos, reuniones y serenatas a la luz de la luna. Desde la hora de la retreta, que indicaba con sonoras campanadas el reloj del Cabildo, el profundo silencio de la noche solo era interrumpido por el paso de las rondas, que tenían a su cargo la guarnición de la plaza, situada frente a la Casa del Gobernador”.

El arte, tan ligado a la sensibilidad y a la creatividad del ser humano, ocupaba un digno lugar en los años de la independencia. El teatro fue un elemento clave en materia artística, ciertamente.

Las representaciones teatrales eran organizadas por el Cabildo de la Asunción. “Además de realizarse para celebrar acontecimientos como el cumpleaños o el matrimonio de un personaje de relevancia dentro de la sociedad, estas representaciones se llevaban a cabo en la plaza mayor, al aire libre, ante grandes multitudes. Se convertían en espectáculo coreográfico, y el público, indiferente al fondo del drama, se apasionaba por la forma, por la manifestación externa. Las representaciones se hacían en castellano y en guaraní”, se lee en el material histórico.

Cabe mencionar que la población se mantenía de la agricultura y de la ganadería.

En el libro hay información de que los asunceños habitaban generalmente dentro del radio urbano, pero tenían quintas y chacras, con plantaciones, aves de corral, tambos, su pequeña industria de tejido, de fabricación de azúcar y del almidón.

El comercio en el Paraguay giraba en torno a la exportación de la yerba mate.

Este libro de Olinda Massare de Kostianovsky, puntillosamente elaborado, es un valioso aporte a la cultura del Paraguay.

POESÍA PARAGUAYA

LA ESPERA

Qué larga es la noche

cuando callada espero,

aguardo a que el reloj

venga a mitigar mi calma;

mis ojos como dos luceros

son agujeros de agua

que llueven la inquietud del alma

y beben de mi desvelo.

Aún espero,

pero no hay viajante a mi llegada,

solo el tiempo es pasajero

de mis brazos que se cansan:

Están mojados de desierto,

de voces mudas que no callan.

Pero en mi garganta no hay desespero

ni la pupila se me hace árida.

Diana Krauter

delfina@abc.com.py