La cultura del bien en el Bicentenario

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Yvy marane’y significa “tierra sin mal”. Los guaraní no eran nómades, como suele creerse. Cuando los reiterados cultivos volvían infértil la tierra, la tribu migraba en busca de tierra sin mal, sin degradación. Por extensión, los guaraní llamaron Yvy marane’y al mito de un estado superior, de equilibrio entre mente, cuerpo y ambiente. Lo explicó el antropólogo RP Bartomeu Melià en “Yvy marane’y rape” (Camino a la tierra sin mal), emitido por Arandu Rape, el Canal Educativo de la TV nacional. El programa tuvo como misión promocionar el Encuentro Educativo Yvy marane’y, el mayor de los actos de celebración del Bicentenario, con más de doscientos mil estudiantes del tercer ciclo de la Educación Escolar Básica, Nivel Medio, y público en general. ¡Vivifica la generación del Bicentenario feliz, practicando la cultura del bien, como la vimos el pasado jueves 12 en la Base Ñu Guasu de la Fuerza Aérea, en claro contraste con los actos de violencia que el amarillismo acostumbra resaltar! Salvando las distancias, esta experiencia recuerda el festival Woodstock (EE.UU., 1969), icono de otra generación, que pregonaba la paz y el amor como forma de vida.

Ingeniería para la convivencia: La organización ofreció un ambiente preparado para la convivencia y el protagonismo de los jóvenes, a través de debates, arte, deporte: un cuadrado de 40 hectáreas, equipado con pista para desfile de estudiantes, dos grandes escenarios simultáneos en esquinas diagonalmente enfrentadas, Patio de los Poderes del Estado, Patio de los Deportes, circulación central, puestos de instituciones públicas y ONG, con informaciones, museos históricos, exhibiciones de artes plásticas, juegos tradicionales, y otras actividades participativas; observadores apostados en 6 torres de vigilancia distribuidas sobre la periferia, agua potable gratuita, sanitarios, primeros auxilios, bomberos, efectivos de seguridad. Y por supuesto, cada delegación departamental contó con un territorio en que instaló escenario y desarrolló sus actividades. El derecho a participar posibilitó la realización de trabajos prácticos en Yvy marane’y, encomendados por los/as docentes a los/as alumno/as, en correspondencia con el carácter educativo del megaevento.

Traslado gratuito y seguridad: Los estudiantes se trasladaron gratuitamente, gracias a la exoneración del pasaje establecida por empresas de transporte público, en ese día de dar, como lo definió el viceministro de Culto, Hugo Brítez, coordinador de la Subcomisión Bicentenario Educativo, organizadora de Yvy marane’y. La delegación artística de Amambay se vio obligada a excluir de su representación teatral los machetes y guachas, ya que esos elementos fueron retenidos en el acceso por la Policía Nacional como medida de seguridad.

Homenaje a los Líderes del Bicentenario: Lo/as Líderes del Bicentenario son estudiantes del Nivel Medio cuyos compañero/as eligieron por haber reivindicado a mártires del stronismo, y/o cultivado valores, como la solidaridad. A ellos fue dedicada “Con voz (vos) quiero triunfar” de la ópera rock Francia, el difunto, ¡vive!, de Alejandro Méndez Mazó (Asesor de Arte y Cultura del Viceministerio de Culto, y Coordinación del Programa de Actividades de Yvy marane’y), interpretada por su creador (con la voz grabada de Andrea Valobra, que actuaba en Estados Unidos). La concurrencia coreó exaltada “Un corazón gigante, Yvy marane’y, nos une para siempre al pueblo guaraní”. Otro himno del encuentro, fue el dedicado al Bicentenario, de y por Rolando Chaparro (sobre texto de Pablo Di Genova). Y el tercero fue el Himno Nacional paraguayo, a cargo de la Orquesta del Yvy marane’y —dirigida por el maestro Lito Barrios—, Méndez Mazó, el Clan López Simón, y los Coros del Centenario y Naranja. La gente lo cantó con alma y vida, en un tono accesible para todos: re mayor.

Sinfónica Juvenil y educación en arte: El Parlamento Juvenil sustanció el Proyecto de Ley de Creación de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, impulsado por el Sistema de Orquestas Juveniles de Paraguay, apoyado por Venezuela. Tres instituciones nacionales dependientes del Viceministerio de Culto, rigen la formación en arte en Paraguay, y fueron parte activa del encuentro: 1) El Instituto Superior de Bellas Artes ISBA, dirigido por la profesora Margarita Miró, presentó una interesante performance teatral y un montaje de alta calidad a cargo de su ballet Juvenil. 2) El Conservatorio Nacional de Música Conamu, dirigido por el maestro Juan Carlos Dos Santos, se lució con su Coro Polifónico y su Orquesta Sinfónica. 3) La Dirección de Difusión Cultural y Educación Superior, a cargo del licenciado Antonio Ayala, convocó la multitudinaria participación de las instituciones de enseñanza artística públicas y privadas del país, como la de la prestigiosa maestra Marisol Pecci, con un impecable homenaje a la patria.

Digno cierre: El acto de cierre incluyó un Jeroky guasu con 2.000 bailarines que danzaron con los asistentes, una Bandera guasu de 22 kilómetros, un desfile de 1.500 jinetes de la Asociación de Jinetes del Paraguay, el descenso en rapel de la bandera paraguaya, mensajes de mandatarios y líderes mundiales emitidos a través de grandes pantallas led. El presidente Fernando Lugo Méndez encendió la Gran Antorcha de la libertad, de tres metros de altura, confeccionada por el artista plástico Gustavo Beckelman. Gobernadores e intendentes también tributaron su fuego para la Gran Antorcha, acompañando al primer mandatario.

Otros atractivos: El idioma guaraní fue reivindicado permanentemente por presentadores como Ramón Silva y numerosos artistas. Las mises departamentales acompañaron a sus respectivas gobernaciones. Hubo exhibición de paracaidismo, aviones y helicópteros. Las empresas patrocinantes aportaron un dechado de creatividad con performances y productos artísticos.

En el mismo sitio, se había producido el histórico encuentro de Juan Pablo II con la juventud paraguaya, encuentro que contribuyó a precipitar la caída de Stroessner en 1989. Para los servidores del papa, esa fue la experiencia más gravitante de sus vidas. Es poco probable que la generación del Bicentenario vuelva a vivir un acontecimiento de las dimensiones del Yvy, en calidad y cantidad, una experiencia reivindicadora de la alegría de aprender, ser, hacer, convivir y emprender, los objetivos estratégicos de la nueva educación, tributaria de la cultura del bien. Como pocas veces, hemos visto al gobierno unido en torno a ello, promoviendo una política legítima de Estado.