Don STOVER, o “Estorbo”, autor del libro SIX SILVER MOONBEAMS, (Seis rayos de plata), donde él supone ser el único poseedor del “SUMMUM VERUM BARRIOS VITAE”, poseedor de las suma verdad de la vida de Barrios; a nuestro concepto, no es otra cosa sino una biografía escrita a tijera y engrud —según el crítico y filósofo inglés Collinwood—, porque en ese libro sí prima la ficción y la fantasía sin límite de este falsario que, por lo visto, desconoce cómo escribir una biografía. Poco favor le hizo a Barrios, ya que la obra está plagada de errores de fechas en la cronología y en la trascripción y arreglos de las composiciones de Mangoré, que son un monumento a la improvisación. Estos datos, que recomiendo verificar a los estudiosos, bien pueden comprobarse en las partituras originales y los discos de pastas que se hallan a buen recaudo en un museo de Europa, y que además poseemos parte de ellos.
Investigue Don “Estorbo”, porque si usted hubiese conocido y estudiado estos originales que dice haber “arreglado”, pienso que tendría horror de sí mismo, de las criaturas deformes que creó, y de las cuales se siente orgulloso a ultranza.
Claro está que a STOVER le preocupa la obra de Aracri, y cuando apareció el libro, este “investigador científico” de las obras de Barrios cayó en una especie de ataque de pánico y comenzó a rastrear, a reptar buscando a quien inocular su ponzoña y el petulante, moderno “Agente 86”, halló a su víctima. Averiguó quién soy yo, dónde vivo, qué teléfono tengo, etc. Molestó a mi hermana en Asunción (a quien sindica como la editora del libro, sin tener ella vela en el entierro), me llamó desde Caacupé a Buenos Aires; dijo, entre otras cosas, que él estaba investigando si Barrios escribió una cantata para la Virgen, y que tenía en su poder el libro de Aracri y, según su parecer, “era una obra completa”, y nos felicitaba y que tendría el sumo placer de entrevistarnos en Buenos Aires para unificar criterios sobre la obra. Hasta acá todo bien.
Gustosamente impresionado por su sana crítica y halago, accedí a recibirle en mi casa. A la semana, volvió a llamarme “queriendo saber dónde se encontraban los originales de Aracri”, y su charla ya cambió de matiz, se volvió ansioso y prepotente y continuó con su acoso e impertinencia. Me llamó varias veces machacando que él era un investigador científico y que necesitaba examinar y fotocopiar los originales, etc. “¿Para qué?”, le pregunté. Aquí él coprófago investigador de basuras, comenzó a dudar de la autenticidad de la obra. Incluso llegó a tratar de “mitómano” a ENRIQUE BARRIOS, nieto de Mangoré fallecido hace años. Lo triste del caso —le expliqué a este moderno “Sherlock Holmes”— es que Aracri y Enrique Barrios ya murieron. Insistió, seguía con su cantilena, quería visitarme y también a los familiares de Barrios y Aracri. Fastidiado, le inquirí: “¿Con qué finalidad?”. Entonces el zorro sacó las uñas: “No, él quería escribir un libro, puesto que dedicó su vida a Barrios; mejor hubiese sido que Aracri consultara su libro Seis rayos de plata, que era más completo y sonaba mejor que su “Mbaracá lata”, etc. Bueno, pensé que este hombre estaba asumiendo la postura de un investigador de la CIA. En mi ingenuidad, me equivoqué, porque STOVER resultó ser un investigador de carroñas.
Esto lo comprobé en la presentación del libro en la Casa Paraguaya de Buenos Aires, cuando, concluido el acto y en un gesto de urbanidad, le cedí la palabra, y el soberbio se explayó con su mal gusto. Defenestró a Barrios —pienso que un rapto de locura imperdonable, buscando fama, quizá— cuando dijo de Barrios “antes de que grabara sus obras y escribiera sus libros, Mangoré era apenas un músico ‘orejero’, de uñas cortas, un triste desconocido, y que él como ‘eximio concertista de guitarra clásica’, corrigió, transcribió, arregló y difundió al mundo”. Al concluir su perorata, recibió escasos aplausos por cortesía y muchos abucheos. Sin duda, la reacción de gran parte del público, algunos se acocaron a mí, querían propinarle una patada en el trasero y echarle a la calle. Por suerte primó la cordura y el exquisito concertista “que hoy solamente puede rascarse las tripas”, se escabulló entre la gente con el rabo entre las patas.
No se acercó a saludarme, ni tampoco al gran maestro uruguayo, Domingo Albarenga, ni a otros maestros que nos acompañaban en la mesa. Por un rato, pensé que aprendió la lección. Pero no fue así, porque a la noche, seguía con su cantaleta, tuvo el desparpajo de llamarme y pedirme que le muestre los originales de Aracri. Lo mismo hizo con la familia del autor y quería saber a toda costa dónde vivían los descendientes de Barrios, cuya dirección le facilité. Pero este falsario publicó que no existe ningún archivo de Barrios, de Aracri ni de Orué Paredes. La verdad es que NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE, LO RECIBIÓ EN BUENOS AIRES, NI LE FACILITÓ LOS ARCHIVOS DE MANGORÉ. Volvió al Paraguay con la sangre en los ojos y con las manos vacías. Esas manos sucias, manchadas por la violencia, la mentira y la falsedad que le inspiró a escribir lo publicado. Recuerdo que en tono “amenazante” me anticipó que lo haría. Vaya proeza la suya, tirar mierda con el ventilador.
Ahora bien, Don STOVER o Don “Estorbo”, déjese de molestar, de lanzar infundios y denuestos contra este libro de Aracri que contiene más verdades que el opúsculo suyo. Usted que se cree “el SUMMUM VERUM” sobre Barrios, no supo refrendar ningún dato de la obra de Aracri. Le aconsejo que haga como dice el refrán popular que a usted le cae bien: “cada maestrito con su librito”. Lo cierto es que a usted le quema el alma, los celos por el nivel de aceptación de la obra de Aracri. Es más. No sólo está disconforme con Aracri, porque quiero dar a conocer a la opinión pública lo que usted dijo sobre el álbum Barrios, el Inalcanzable, de Salcedo, que consideró “un mamotreto”, con errores y que mejor hubiera sido que Salcedo consultara antes su libro Seis rayos de plata, lo mismo hizo con Aracri y lo seguirá haciendo con otros. Recuerde, señor “investigador científico” que el mundo de la realidad tiene su límite y el mundo de la imaginación es infinito. Pero, por lo visto, el mundo de su ficción es infinito.
Con el paso del tiempo, nuestro espíritu crítico también evaluó su ejecución de las obras de Barrios, con sonido de chatarra, muy cuestionado por famosos ejecutantes de la música de Barrios. Sus trascripciones y arreglos no son tan excelentes. De ahí que preferimos deleitarnos oyendo a otros afamados concertistas como: Narciso Yepes, Jesús Benítez, Capricci, Jesús Castro Balbi, (uno de los mejores ejecutantes de Barrios), Elliot Fisk, John Williams, Sila Godoy, Luz María Bobadilla, Berta Rojas, por citar a algunos. Yo no le guardo rencor; sólo me causa decepción su actitud mezquina y odiosa.
La envidia es mala consejera, por eso le recomiendo que no continúe echando lodo sobre la memoria y la vida impoluta del maestro Manuel José Aracri, ni de la mía tampoco. Claro, su odio hacia nosotros se justifica, ya que no logró ver los originales de los archivos BARRIOS-ARACRI-ORUE. Lo escrito, escrito está, don Poncio Pilatos. Investigue, busque y escriba lo suyo. Por mi parte, le anticipo que he concluido de escribir un guión para una película documental sobre la “vida y obra de Barrios”, que será filmada este año —Dios mediante— en Argentina y Paraguay con recursos de la CINEMATECA ARGENTINA, y que además poseo material inédito para un libro de más de 500 páginas, sobre Barrios. Sin dudas, usted buscará argumentos para dudar de ellos, como siempre, pero ni su montoncito de dólares ni sus mentiras, etc., acallarán mi pluma. Mientras tanto, don “Estorbo”, RIP, descanse en paz y HASTA NUNCA.
César Orué Paredes
a) “EL PRÓLOGO”. En este subtítulo de su monólogo alucinante, una melopea agorera, una fábula sin moraleja, STOVER cuestiona la veracidad del contenido de mi Prólogo al libro La guitarra y su genio y además, atribuye su autoría a Enrique Barrios y Aracri, entre otras inexactitudes.
Don “Rico”, yo prologué muchos libros de exitosos autores. No escribo Prefacios “al agua de rosas”, tampoco por compromiso ni por deuda de gratitud. En el caso de Aracri, lo hice por admiración y respeto, teniendo en mis manos los originales que autentican la veracidad de lo afirmado por el autor. Soy un estudioso de Barrios y tengo suficiente autoridad como usted o como tantos para opinar y analizar con amplitud de conocimientos una obra.
Aclaro que el “manuscrito” que usted vio en la casa de Marcelo Barrios es una copia mecanografiada con el título tentativo de La vida de Agustín Barrios Mangoré visto por su nieto, que Enrique Barrios nunca escribió, y que declinó ese honor. Acepto que él proporcionó datos de su archivo a Aracri, pero usted le atribuye gratuitamente la autoría a Enrique Barrios. Otro error lamentable.
b) “EL ESTILO”: Usted no conoce qué es el estilo: El estilo es un conjunto de caracteres formales debidos a la personalidad del autor, sus vivencias y su proceso creador, y que marca el tratamiento del tema. Aracri escribió una biografía, no una enciclopedia. Respetó las reglas “académicas” en la edición de su libro y los datos que facilitó son VERDADEROS y comprobables, y no FALSOS como usted alude. Por favor, y eso que usted estuvo acompañado de HÉCTOR GARCÍA MARTÍNEZ, argentino, estudioso de Barrios.
c) “LA VERDAD”: Héctor García Martínez posee correspondencias que le escribió el gran maestro mexicano JESÚS BENITEZ, el más célebre difusor de Barrios y el primer autor de su biografía. Por lo visto STOVER no “examinó” esas cartas, cuyas copias poseemos. Le señaló un párrafo de una de ellas, fechada el 10 de setiembre de 1979, que dice: “Barrios tuvo éxito en España en 1935, pasó a Alemania tocando programas completos de Bach, y en LONDRES, le dio una serenata a la reina Victoria en el Palacio de Buckingham. La reina salió al balcón y exclamó sorprendida: “¿Quién es este hombre? ¿Dios o Demonio?”, y le regaló una guitarra”. Entonces, según su crítica maliciosa e infame, el maestro JESÚS BENITEZ es otro “mitómano” como ENRIQUE BARRIOS, ARACRI y ORUÉ, entre otros.
d) “TRES TIPOS DE INFORMACIÓN”: Stover pretende darnos clase sobre el tema. Justo a mí, lo digo con modestia, que ejerzo la docencia y el periodismo, amén de la crítica y el análisis literario hace más de cinco décadas en prestigiosos periódicos de Paraguay, Argentina y parte de Latinoamérica. Mire, usted dice: “al analizar este libro se puede clasificar la información presentada en tres categorías, 1) Información ya conocida y corroborada anteriormente. ¿Cuándo y por quién?, le preguntamos. 2) Información no corroborada. Responde al contenido total de su crítica y 3) Información completamente falsa”. No tiene argumentos valederos para refutarlas.
No es nuestra intención ocultar información, por lo menos de mi parte; no opino sobre otros, que sí guardan celosamente los archivos de Barrios. Mi deseo es, cuando sea oportuno, donarlos a una institución seria y responsable para su exhibición al público.
En cuanto a los otros subtítulos de su nota, “OBRAS INÉDITAS”, “Títulos suspicaces” y “Manuscritos desaparecidos” etc., le contesto a Don Stover lo siguiente:
—Desmiéntame si analizó y tuvo en sus manos los archivos de Enrique Barrios, de Aracri y el mío. ¿Cuándo los hizo? NUNCA. No leyó la carta de Enrique, hijo de PEDRO VIRGILIO, y nieto de Mangoré, enviada al maestro Jesús Benítez con fecha 25 de julio de 1995, que en un párrafo dice: “Poseemos ciertos materiales vinculados a mi abuelo Mangoré, tales como: fotografías, documentos originales, dibujos, cartas, una guitarra (LA SANTOS HERNÁNDEZ), joyas, copias de partituras de los tres álbumes editados por usted en Japón, originales con la firma de mi abuelo, otras entre las cuales existen una importante cantidad de inéditas (estamos en tratativas para su venta). Pero no todo está disponible para ser leído o mirado, debido a los recelos lógicos de la familia que por su inexperiencia no se benefició materialmente con su genio, y hoy no queremos divulgar todos los secretos que de él guardamos como legítimos sucesores y con ordenada documentación”.
Esto tampoco lo exhibió Marcelo Barrios. Ahora bien, no sabemos dónde fue a parar todo lo mencionado. ¿Lo habrá negociado Enrique? Porque cuando lo visitamos aún estaban en su poder. Bien recuerdo que en otras épocas, el poeta Elvio Romero pretendió ver este archivo, sin éxito como también sucedió con SALCEDO, y por último con usted. Acaso le ofreció algo a Marcelo porque usted se volvió con las manos vacías. No desenterró nada, no halló ningún tesoro.
—Usted no leyó la carta ológrafa de Barrios escrita a su madre donde le narra y describe con lujos de detalles su gira por las provincias argentinas. Para usted, otro invento de Aracri.
—Y la carta de Mangoré a su mecenas Pagola, fechada en Montevideo el 29 de agosto de 1921. Copia en nuestro poder, se ajunta.
-Lea la nota del Dr. MANUEL MATARRITA (ABC Color-Cultural), escrita desde Costa Rica, que en un párrafo dice: “Barrios escribió alrededor de 300 obras para guitarra, instrumento que ya en el siglo XIX, había quedado rezagado del ámbito composicional”.
—Compruebe que muchas partituras fueron incineradas (lástima que usted lo niega porque no tuvo tiempo de juntar las cenizas) por orden de Barrios en su lecho de muerte. Muchas fueron rescatadas, porque antes, el músico envió copias a su hijo Pedro Virgilio y a otros familiares. ¿Cuántas se hallan dispersas, sin destino conocido? Usted le cuestiona a Aracri los títulos de una centena de partituras que aparece en su libro, y éstas existen. Averigüe.
—Otro sí, Stover cree haber agotado la bibliografía de Barrios en sus libros The Guitar Works of Agustín Barrios Mangoré (1976), Agustín Barrios Mangoré, His life and Music (1995), Six Silver Moonbeams (1002), etc. Por eso preguntamos ¿cuántos dólares pagó a los herederos de Barrios, por derechos y regalías de estas obras? ¿Por qué la exige esta “supuesta” obligación al finado Aracri? ¿Acaso algunos escritores pagaron sus derechos autorales a los descendientes de sus biografiados? Habrase visto tamaña perogrullada.
—Finalmente, le aclaro a Stover que La guitarra y su genio, de Manuel José Aracri, lleva el Nº 416607, Dirección Nacional del Derecho de Autor, República Argentina, renovada en fecha 20 de julio de 2005.
—Y el editor responsable de —La guitarra y su genio— es el señor CAYETANO QUATROCCHI, propietario del sello ARANDURA, de Asunción, Paraguay.
FINIS OPERA.