La belleza en la concepción de la palabra es el rasgo casi característico de El Cobaya. Y también la estética. En la elaboración de la palabra poética hay universos tan impensados como imprevisibles y ellos vienen a celebrar una suerte de encuentro simbólico en este número. Por supuesto que hay nombres relevantes.
Por otra parte, no hay brújula alguna que sirva. Cada autor va dirigiendo su barco de sueños, de derrotas y de esperanzas con el timón que le ha sido proveído. La creación poética boliviana resulta ser una sorpresa en los nombres de Gabriel Chávez Casazola, Gary Daher y Pedro Shimose.
Hacer una revista, mantenerla a través del tiempo y reunir en ella a voces de Iberoamérica es un desafío y un compromiso. Cada trabajador de la palabra acerca al lector en esta edición su cosmos, sus intimidades, su visión sobre la realidad. Y esa realidad, que para muchos hombres y mujeres pasa tal vez casi inadvertida, para el poeta toma dimensiones de características sorprendentes. Hay que tratar de prestar atención a lo que dicen los poetas porque ellos han asumido un rol muy importante dentro de la sociedad. No son tanteadores. Son también buscadores de la verdad. No sé si estamos ante renovadores de la lírica, pues El Cobaya es una revista, no una antología. Sí es pertinente traer la frase de Menéndez Pelayo: “Dios hace nacer el genio poético donde quiere, y no hay nación ni raza que esté desheredada de este don divino”.
El director de esta revista cultural es José María Muñoz Quirós. Las páginas han sido preciosamente ilustradas por Miguel Elías y Juan Fernández Cuichán. La portada ha sido iluminada por José Sánchez Carralero.
