Los humanos que serán marcianos

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¿Pueden los niños comenzar a pensar en Marte como el ideal de futuro aún lejano? El Centro de Difusión e Investigación Astronómica (Cedia) de Paraguay ha lanzado el II Concurso Nacional de Ensayo «Los niños y el Universo», en el cual los estudiantes de 8 a 12 años deben responder preguntas como: ¿en qué se parecen la Tierra y Marte? o ¿cómo serán las bases de colonización en Marte?

La pregunta no debería girar en torno a si el Planeta Rojo es o no importante para nuestra civilización, ni siquiera en torno a si en algún momento iremos allí, porque ya estamos allí desde hace varias décadas. De hecho, la exploración a nuestro vecino planetario comenzó hacia 1960, cuando la Unión Soviética y los Estados Unidos competían por el espacio exterior. Las primeras sondas rusas fallaron y recién el programa Mariner de la NASA pudo llegar para enviarnos las primeras imágenes de nuestro altamente probable próximo destino.

Hace unos días, la agencia espacial estadounidense lanzó la sonda Maven (Mars Atmosphere and Volatile Evolution), que analizará las capas de la atmósfera marciana y las interacciones con nuestra estrella para determinar cómo influyó la acción del Sol en la pérdida de gases a lo largo de millones de años y por qué Marte perdió gran parte de su atmósfera, con la que fue tal vez apto para la vida en algún momento de su historia.

Esta misión, que tiene un costo de 671 millones de dólares, llegará a destino en setiembre de 2014. El viaje al planeta más cercano es un poco largo. Curiosamente, unos días después la sonda espacial india Mars Orbiter también llegará para buscar metano, que podría probar la existencia de algún tipo de vida en el pasado marciano.

Sin embargo, el mayor proyecto actual de investigación en suelo marciano es el Curiosity, robot vehicular equipado con varios laboratorios internos y casi una veintena de cámaras. La misión, también de la NASA, tiene como objetivo principal determinar si Marte albergó alguna vez alguna forma de vida y si la existencia de seres humanos en un futuro es posible. Astrónomos, biólogos, ingenieros, geólogos, químicos y físicos de varias universidades se han unido a esta misión, que tiene un costo de 2.500 millones de dólares y que ya cumplió un año en agosto pasado.

A simple vista, aprender sobre Marte sería simplemente el fruto de la curiosidad que tiene nuestra especie. Recordemos que la filosofía occidental surge en la antigua Grecia con el ánimo de saber cómo estaba constituida la materia, de qué estaba hecho el Cosmos y cómo interactuaban los objetos de la realidad. Las herramientas para conocer la naturaleza o el Universo en su macrosistema son distintas, pero el deseo de saber y de contestar preguntas sigue siendo el mismo.

Aun así, es bueno también saber que, para fines prácticos, la colonización de Marte es importante para el Homo sapiens. Actualmente, somos siete millones de habitantes en los más de doscientos países que políticamente tiene la Tierra. Utilizamos los recursos naturales como si se crearan o recrearan solos y creemos que todo, desde los ríos, mares y bosques hasta el alimento, es eterno. Partiendo de que somos materia, ni siquiera la vida humana es eterna, como tampoco la de nuestro Sol, del que dependemos para vivir en este planeta. Actualmente, nuestra estrella está pasando por su adolescencia, y dentro de cinco mil millones de años comenzará a consumir toda su energía, lo que lo llevará a «su muerte». Cuando termine por comer su hidrógeno y su helio, se convertirá en una gigante roja, que terminará por absorber a los planetas internos del Sistema Solar. Aunque la vida en este punto del Universo ya sería imposible, por lo que habrá que buscar nuevas fronteras.

En un mensaje que grabó poco antes de morir, en 1996, el astrónomo y divulgador científico Carl Sagan dice a los colonizadores de Marte. «No sé por qué estás en Marte. Tal vez estás allí porque hemos reconocido que debemos desplazar cuidadosamente pequeños asteroides para evitar la posibilidad de que uno impacte la Tierra con consecuencias catastróficas, y, mientras lo hacemos en el espacio cercano a la Tierra, estamos a pocos pasos de Marte. O, quizá estamos en Marte porque reconocemos que si hay comunidades humanas en muchos mundos, las posibilidades de extinguirnos por alguna catástrofe en un mundo son mucho menores». Y añade: «O tal vez estamos en Marte debido a la magnífica ciencia que se puede hacer allí; las puertas de ese maravilloso mundo se están abriendo en nuestra era. Quizá estamos en Marte porque tenemos que estar, porque hay un profundo impulso nómada desarrollado en nosotros por el proceso evolutivo; venimos, después de todo, de cazadores recolectores, y durante el 99,9% de nuestra estancia en la Tierra hemos sido nómadas. Y el próximo lugar adonde ir es Marte. Pero sea cual sea la razón por la que están en Marte, me alegro de que estén allí. Y me gustaría estar con ustedes».

Las primeras misiones que enviarían personas al Planeta Rojo se proyectan para el 2030, si los fondos de la NASA no son recortados y si los demás países intentan ganarle la carrera a Estados Unidos. India, Rusia y China son los más interesados en explorar estas posibilidades.

Pero volviendo a nuestra primera pregunta sobre los niños y Marte, habría que decir que quizás sea «una obligación» para las generaciones de pequeños comenzar a indagar o reflexionar sobre una posible colonia humana en nuestro vecino más cercano. Y esto trae una serie de consecuencias políticas, filosóficas, éticas y sociales. ¿Los colonizadores serán marcianos? ¿Los que nazcan allí tendrán doble planeta si tienen padres terrícolas? ¿Quién tendrá los derechos de propiedad en suelo marciano? ¿El primero que llegue o el primero que trabaje allí?

Algunas de esas respuestas ya las encontramos en la ciencia ficción. Mientras, en la Tierra seguimos con problemas humanitarios muy grandes y aún no se avizoran tiempos mejores para solucionar los dramas más acuciantes. Esto no debe ser motivo para cerrarnos; al fin y al cabo, también formamos parte del Universo, y no en sentido místico, sino material, porque, quiérase o no, como nos recordaba Sagan, «somos polvo de estrellas».

equintana@abc.com.py