YA EN EL LÍMITE

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Aurora Venturini

«Ya en el límite de todas las edades relataré a fondo mi estada en aquel sitio tan excepcional, cuan horrendo. Percibo que pronto dejaré el ser y seré en apariencia otra cosa, o nada. Prefiero para el caso lo último anotado…

De la caída incalificable, resultó la recuperación de alguien endeble y temeroso, irreconocible. Tal mi cambio y desvarío.

Antes fui valiente y brillante.

Hoy me asusta cualquier rumor del viento en los huecos de una pared, y la voz humana tonante enardece fogatas de pánico. La palabra de naturaleza incisiva me lastima e inocula sabor acibarado, devenido del hígado enfermo.

Padezco pasajera ceguera a causa de la agresividad que ataca desde los colores: rojo y carmín, por ejemplo. Los olores provenientes de las quemas de hojas secas, papeles, hilados y otras mentas, también me desaforan. Me he desdoblado en sujeto cautivo de un sonambulismo errático en la más densa penumbra.

Los hados me abandonaron.

Crueles espejos devuelven ante mí otra persona. Amable y paciente lector, todo cuanto pasaré a contar es cierto.

Apelo a tu buena voluntad.

No me hagas a un lado como han hecho personas de mi más próximo mundo circundante. No te conviertas en uno de ellos. ¿Qué haría yo en tal caso espantoso? ¿Qué haría en un maldito desierto?

Desde los amargos sucedidos, amargo pasar recorre mi columna vertebral. Chirrian mis huesos que ya caen y no sostienen porque en cada una de las coyunturas, a la vez chirria una prótesis.

Caí desde mi estatura, de un metro setenta, al piso de cerámica. Desde entonces, ahí habita el terror que invade cuerpo y ánima: el asesino.

No sumaré a mi escrito fantasía, creacionismo, poesía, aunque la crudeza de tal exposición te cause ansiedad y pavura.

No imaginas lo difícil que es volcar en la redacción de los asuntos la verdad desnuda; los aconteceres arreciarán pedrea en tu delicadeza.

Antes pensé en la fatalidad de la muerte (vocablo que evito) como en un universal diván acogedor de sueño eterno.

Luego de mi caducidad psicofísica, le temo. No temo a la muerte necesaria y maternal, sino a despertar en el más allá por mí ya comprobado. Todo lo viviente es mortal: humano, animal, vegetal. Ignoro si habrá evolución en el reino mineral.

Sufría cuando invadí de repente el antro.

Vi rumor de huesos quebrados, huesos astillados cuando penetré de un solo bajón el ámbito desconocido.

Ojalá, lector atento, jamás te acerques siquiera a la superficie del averno. Desde ahora te informo que su bocaza y horrenda entraña aguardan.

¡Infelices quienes lo merezcan!»

De Los rieles (Mondadori, 2013)