Controlando el pasado

Algunos libros clásicos sobre la distopía o antiutopía del brillante escritor británico (1903-1950) George Orwell (Rebelión en la granja; 1984), nos transporta a un mundo donde se subraya la lucha del hombre contra las reglas sociales establecidas por el poder político.

Gral. (R) Juan A. Pozzo Moreno (*)
Gral. (R) Juan A. Pozzo Moreno (*)Archivo, ABC Color

Entre sus citas célebres podemos leer: “Si el líder dice de tal evento esto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco…”. No obstante, habría que señalar que la narración de los hechos es la resultante de la interpretación de quien lo escribe pudiendo ser distorsionados para acomodarlo a la historia oficial. En efecto, el escritor Eric Arthur Blair (Orwell) se preguntaba: “Si quien controla el pasado, controla el futuro, ¿Quién controla el presente controla el pasado?”

También el escritor británico con sus citas anticipaba que una nación donde es ejercido un riguroso control estatal, en el afán de garantizar una sociedad organizada y conforme, puede conducir a un régimen totalitario que logre un supuesto bienestar general.

Experiencia paraguaya para controlar el pasado

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Los vencedores de la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, para justificar el terrible desatino de la entente aliada, relataron a su modo el conflicto, endilgando al presidente paraguayo Francisco Solano López la tragedia. Sin embargo, la verdad estaba oculta en los términos del Tratado de la Triple Alianza. En dicho documento secreto, que repartía 150 mil kilómetros cuadrados de territorio nacional a la Confederación Argentina y al Imperio de Brasil, ponía de relieve el objetivo de la guerra. La liberación del pueblo paraguayo del “tirano” López, fue usado como pretexto del holocausto.

No tardó en salir a la luz la verdadera historia. Últimamente, en una muestra de fotografías impulsada por la Biblioteca Nacional de Uruguay y el Centro de Fotografías, expuestas en el Bazar Mitre de Montevideo, la escritora uruguaya Maricruz Méndez Vall revelaba una dolorosa reflexión del equipo de documentalistas uruguayos: “Pero si estas imágenes nos horrorizan... En el Uruguay de aquel entonces, ¿los ciudadanos eligieron libremente formar ‘la Triple Alianza’ para destruir a la próspera República del Paraguay…?”

Cuando la historia no ocurrió

Según la historia oficial, el Tratado de Itaipú, a pesar de su mezquino aprovechamiento por Paraguay, resulta ventajoso para el país. Los cancilleres paraguayos, desde Raúl Sapena Pastor (1956-1975) lo corroboran a pesar de que Brasil, con aguas paraguayas del río Paraná y plata de Itaipú, se mantiene como dueño inamovible del emprendimiento binacional.

Birlada la principal riqueza del Paraguay, sin solución de continuidad, sigue el alegato oficial para impedir a las nuevas generaciones de paraguayos consolidar sus reclamos al Brasil.

Aunque con deslumbrantes espejitos (becas, convenios estudiantiles, posgrados), Itaipú no es estudiado en universidades ni en colegios de la secundaria. Así, al desconocer la problemática, la mayor parte de la juventud tira al cesto de basuras el bono demográfico. Carecen de las herramientas para cuantificar el dolo perpetrado en el Tratado de Itaipú. Todo ello, abriendo la ancha avenida hacía la extrema pobreza.

Génesis de Itaipú

La angurria brasileña había alterado, en su principal tramo, la demarcación impuesta en el Tratado de límites de 1872 (firmado durante la ocupación de la alianza); más adelante ignoró, en enero de 1964, el pacto del presidente João Goulart para el aprovechamiento conjunto del río Paraná. Como si fuera poco invadió, en junio de 1965, el Salto del Guairá para incluirlo en sus dominios (logrado ilegalmente, en el Acta Final de Foz de Yguazú de 1966).

El nefasto Tratado de Itaipú de 1973, que desconoció los términos del Acta Final, son materias –entre otras tantas– que no forman parte de los currículos académicos estudiantil. Por todo ello, al no conocer los orígenes de Itaipú, se hace cuesta arriba defender los derechos del Paraguay en la revisión del Anexo “C” del Tratado, en el 2023.

La causa nacional

La causa nacional había convocado exitosamente al pueblo paraguayo en 1864. El conflicto se había desencadenado a fines de 1864, cuando Paraguay decidió acudir en ayuda del gobierno ejercido por el Partido Blanco del Uruguay (para ayudar en la defensa de Paysandú), en guerra civil contra el Partido Colorado apoyado por Brasil. El presidente López advirtió a los gobiernos de Brasil y la Argentina que consideraría cualquier agresión al Uruguay “como atentatorio del equilibrio de los Estados del Plata”. No obstante, tropas brasileñas invadieron territorio uruguayo en octubre de 1864. En el transcurso del tiempo, en diciembre de 1895, el presidente general Juan Bautista Egusquiza encomienda una misión diplomática en Europa al doctor Blas Garay Argaña (23). Abogado, historiador y periodista, cuyo principal objetivo era investigar en el Archivo de Sevilla todo lo atinente a los títulos, las cédulas, las provisiones y los mapas que acreditaban nuestra antigua e inveterada posesión pacífica del Chaco Boreal.

Obtenidos por Garay los títulos que acreditaban a Paraguay, prendió como causa nacional la defensa del Chaco paraguayo entre 1932-1935. El pueblo paraguayo sin distinción había asumido el grave compromiso.

A pesar del ninguneo oficial, que impide defender los derechos de Paraguay en Itaipú (no se puede defender lo que no se admite o no se conoce), permea en el ambiente la necesidad de aprovechar toda la potencia instalada correspondiente a Paraguay. Sin embargo, con excusas baladíes el socio condómino pretende continuar en lo mismo.

Una vez más aplica la causa nacional, que en sendas manifestaciones del pueblo, a lo largo y a lo ancho del país, nos exige el momento.

* juanantoniopozzo@gmail.com

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