La Asociación Campo Comunal Mbyju’i: Protector del bien común

En octubre de 2002, en una conferencia académica en Guadalajara, México, tuve el privilegio de compartir un panel con la profesora Elinor Ostrom (1933-2012) de la Universidad de Indiana en Estados Unidos. Mujer encantadora y sencilla, de origen humilde, llegó a ser una de las estudiosas más destacadas en el área de recursos compartidos o bienes comunes (commons, en inglés). En particular, estudió cómo los seres humanos interactúan a fin de mantener a largo plazo los niveles de producción de recursos comunes, tales como bosques y recursos hidrológicos, pesca y sistemas de irrigación, y zonas de pastizales. Por su investigación innovadora, en 2009 llegó a ser la primera mujer en recibir el Premio Nobel de Economía.

Darío Martínez, vicepresidente de la Asociación de  Campo Comunal Mbyju’í.
Darío Martínez, vicepresidente de la Asociación de Campo Comunal Mbyju’í.

Ostrom cuestionó frontalmente un argumento muy aceptado, expresado nítidamente por Garret Hardin en su libro “La tragedia de los comunes” (1968). Tomando el ejemplo de un campo comunal de pastoreo, Hardin había argumentado que, siguiendo una “decisión económica racional” de perseguir su interés propio, cada miembro aumentaría al máximo posible el número de su ganado en el pastizal comunal, pero de esa forma produciendo la degradación o agotamiento del recurso natural. Por ende, Hardin sacó la conclusión que mantener tales recursos naturales requiere ya sea la intervención estatal o el control por el sector privado.

Al contrario, Ostrom estudió la manera en la que diversas sociedades han evitado esa “tragedia de los comunes”, al desarrollar formas institucionales alternativas basadas en la cooperación. Investigó casos concretos en los cuales las comunidades han instituido prácticas comunales que han permitido la preservación de recursos comunes y han evitado la degradación del entorno. Rechazó la idea de que la propiedad común está siempre mal administrada y llegó a la conclusión de que muchas veces los resultados son mejores que en caso de la propiedad privada y/o estatal. Basados en miles de estudios de caso de bienes comunes, resaltó la importancia de los sofisticados mecanismos de decisión y normas para resolver conflictos internos, y hasta caracterizó las reglas que promueven tales resultados positivos.

Paraguay tiene un ejemplo de “buen común”

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Paraguay posee un ejemplo clásico de un ‘buen común’, un campo comunal de 3.600 hectáreas, mantenido exitosamente hace casi un siglo en forma compartida. Los orígenes de la Asociación Campo Comunal Mbyju’i (el mbyju’i es un pájaro parecido a la golondrina, que tiene fuerte presencia en el campo comunal) remontan a tiempos antiguos, cuando por falta de tierra propia los pequeños ganaderos de Santa Rosa ocuparon un gran predio de terrenos bajos de tierra fiscal en las orillas del río Tebicuary para pastoreo de sus animales. El terreno tiene una franja de 12 km al lado del río que marca la frontera entre los departamento de Misiones y Caazapá, y linda con la estancia de la familia Plate, herederos de un gran latifundista de la época liberal.

En la última elección fraudulenta de la dictadura de Stroessner en noviembre de 1988, que ganó con el 88,6% de la votación, salió “electo” un diputado de Santa Rosa, Arcidio “Yoyito” Aquino Balbuena. Inmediatamente mandó cercar el campo comunal en un vano intento de apoderarse del enorme terreno. Pero por desgracia suya en unos meses cayó la dictadura. La respuesta de los pequeños ganaderos de la asociación fue contundente. En unos días rompieron todo el alambre del cerco. Gracias a su firme resistencia de entonces, la organización salió fortalecida. Se convirtió en una asociación con personería jurídica y se consiguió el permiso de usufructo de las 3.600 hectáreas de tierra fiscal.

Hoy en día la asociación tiene unos 130 miembros inscritos, de los cuales 70 son activos. Todos son pequeños ganaderos sin tierra propia para pastoreo de sus animales. La inscripción a la asociación cuesta G. 500.000. En el primer año se cobra G. 15.000 por cada cabeza, y en años siguientes solamente G. 2.000. La mayoría de los miembros viven en las compañías de Santa Rosa, tales como San José y San Rafael. Actualmente se estima que hay un total de 2.500 cabezas de ganado en el campo comunal, cada una identificada por su marca. Los miembros se reúnen el último domingo de cada mes. Eligen sus dirigentes en rotación por un periodo de dos años –actualmente su presidente es Modesto Rodas y su vicepresidente es Darío Martínez–.

El trabajo de los miembros de la asociación es sacrificado. Nadie vive permanentemente en el campo comunal y el acceso es difícil. Desde el Paraje Santa, hay un camino de 6 km al portón de entrada al campo comunal y desde ahí otros 6 km hasta el río. En total, el campo comunal se encuentra a una distancia de 30 km de Santa Rosa. A los miembros les lleva cinco horas a caballo desde Santa Rosa hasta llegar ahí, y 9-10 horas cuando acompañan la tropa. Para parir tienen que traer la vaca preñada desde el campo comunal hasta Santa Rosa. Los miembros cuidan los animales y hacen guardia contra abigeos en forma rotativa, con un grupo de tres a cuatro personas trabajando por varios días. Hacia finales de 2018, y con un aporte de G. 17 millones del gobierno departamental de Misiones, la asociación compró una lancha para patrullar el río contra abigeos que llegan desde tan lejos como la zona de Villa Florida con miras a robar sus animales.

Esforzada actividad

Cuando hay una intensa lluvia, por causa de las inundaciones tienen que evacuar su ganado del campo comunal por senderos de lodo, dejando el alambrado, corral y las pequeñas chozas bajo agua. Hace poco la asociación se enteró de que uno de los herederos de la familia Cálcena, grandes propietarios de la zona, puso en venta 300 hectáreas de terreno alto, que linda con el campo comunal. Tienen muchas ganas de comprar ese terreno para así guardar allí sus animales en época de inundaciones, en vez de tener que llevar la tropa tanta distancia como ha sido la costumbre desde hace años.

La Asociación Campo Comunal Mbyju’i es una experiencia única en Paraguay de un bien común administrado en forma colectiva. Por más que existen campos comunales en varios asentamientos del país, ninguno tiene su antigüedad y envergadura. Es una experiencia viva de lo que Ostrom promocionaba como una excelente forma institucional de manejo de los recursos naturales. Ni privado ni estatal, constituye una prueba que, cuando se protege de la avaricia de la privatización y de la venalidad y clientelismo de los políticos locales, una comunidad de los usuarios mismos es capaz de manejar, explotar y asegurar la sostenibilidad de los recursos naturales en forma colectiva y para beneficio de todos.

* R.A.Nickson@bham.ac.uk

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