Paraguay ante el desafío de usar su bono demográfico para anclar el desarrollo y crecimiento

Paraguay está ante la gran oportunidad de aprovechar su bono demográfico. De hecho, su desarrollo y crecimiento se basa en la capacidad que tenga el Estado de generar herramientas para explotar el potencial de estas personas en edad de trabajar. Únicamente la exitosa inserción que se haga del bono demográfico al mercado laboral formal, siguiendo patrones de calidad y conocimiento, redituará en altos beneficios para toda la economía paraguaya. Pero el mercado laboral no logra reclutar y aprovechar la mano de obra joven disponible por varios factores, los que serán analizados en esta edición.

BONO DEMOGRÁFICO
BONO DEMOGRÁFICO

Los propulsores del término “bono demográfico” Bloom, Canning y Sevilla (2003) mencionan que los economistas estuvieron preocupados por mucho tiempo en el efecto que tiene el crecimiento poblacional sobre el económico, descuidando el análisis de los efectos de los cambios en la estructura por edad de la población, resultado de la transición demográfica por la que atraviesa un país.

En el mismo sentido, señalan que el crecimiento de una población tiene un efecto negativo y estadísticamente no significativo sobre el crecimiento del producto interno bruto (PIB). El grupo de dependientes, como los niños y ancianos, demanda más servicios públicos como salud, educación y otros, sin una contraprestación. Contrariamente, el crecimiento de la población económicamente activa (PEA) tiene más bien un efecto positivo y estadísticamente significativo sobre el PIB. Ello, basado en que un número elevado de trabajadores disponibles en el mercado de trabajo, especialmente si son calificados, puede crear la dinámica necesaria para elevar la producción de una economía y, consecuentemente, los ingresos de los trabajadores y de la población en general.

De lo anterior se desprende la estrecha relación entre el bono demográfico y el mercado laboral. En tal sentido, la mayoría de los países latinoamericanos, como se mencionaba, está transitando el período de bono demográfico. Algunos países, como Paraguay, pueden ser considerados más jóvenes que otros, lo que se presenta como una gran oportunidad para apuntalar el PIB.

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De acuerdo a datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la población entre 15 a 59 años de edad, en Paraguay, llegaría al 61,2% en 2020, en Argentina agruparía al 60% y en Brasil al 65,2% de la población. En tanto que en Chile, aglutinaría al 63,4% y en Uruguay al 59,4%. Como muestran los datos, la población considerada en edad de trabajar abarcaría en promedio al 60% de las personas que viven en países de la región. Este porcentaje, según proyecciones de CEPAL, no sufriría mayores variaciones hasta el 2025. Por tanto, el bono demográfico debería ser indefectiblemente aprovechado al máximo en los próximos años.

Mercado laboral en Paraguay

La situación de la fuerza de trabajo en Paraguay se presenta con una diversidad de desafíos.

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En 1950, la población infantil en dependencia (0 a 14 años) representaba el 43,8% de la población total, la población en edad productiva activa (15 a 64 años) el 52,5% del total, y la población adulta mayor en dependencia (65 años y más) el 3,7% del total, según datos de la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (DGEEC). Para el año 2012 pasaron a representar 31,9%, 62,5% y 5,6% respectivamente. Con esto, la pirámide poblacional al año 2012, período del último Censo Nacional, definía a Paraguay como un país joven, cuya población está principalmente concentrada en la edad activa, es decir, entre los 15 y 64 años de edad.

Por su parte, la estructura laboral de Paraguay se compone de una población económicamente activa (PEA) de aproximadamente 3.563.000 personas, cantidad que representa a más del 50% de la población total de Paraguay. De esta fuerza de trabajo disponible, unas 3.363.000 personas se encuentran ocupadas. Donde el sector terciario, que incluye comercio, servicios, finanzas y otros, es el de mayor empleabilidad, con más del 61% de personas. Le sigue el primario (agricultura, ganadería, caza y pesca) con el 19,4% de la población ocupada y el secundario (industrias manufactureras, construcción) donde trabaja el 19% de las personas incluidas dentro de la población ocupada. Tal como muestran los datos, el sector terciario se ha convertido en la principal fuerza empleadora del país y la perspectiva es que continúe fortaleciéndose. Por ello, se requiere diseñar programas curriculares para que los conocimientos de los trabajadores acompañen el proceso de expansión.

Al describir y analizar el mercado laboral paraguayo también se observa que los empleados asalariados (público y privado) constituyen más del 50% de la población ocupada. En tanto que los trabajadores independientes (empleador, trabajador por cuenta propia y trabajador familiar no remunerado) el 42,3%, y la categoría de empleado doméstico el 7,5%. Estos datos muestran que el ingreso mensual de las mujeres (G. 2.020.300) sigue siendo inferior a lo que perciben los hombres (G. 2.705.600). Además, los cargos directivos son liderados por los hombres con el 60,5% frente al 39,5% de mujeres en puestos de alta gerencia. La marcada diferencia se presenta pese a que las mujeres tienen 10,2 años de estudios frente a los 9,5 años de los hombres. Esta inequidad laboral, traducida en brechas salariales, oportunidades y condiciones, solo resta al potencial del bono demográfico del país.

En términos de desempleo, este afecta a cerca de 200.000 personas. Al respecto, un tema de gran preocupación para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) es la situación laboral de los jóvenes. El organismo afirma que la tasa de desocupación promedio en América Latina continúa cercana a 20%, lo que implica que uno de cada cinco jóvenes en busca de empleo no consigue uno, generando en ellos desaliento y frustración por la falta de oportunidades.

La subocupación por insuficiencia de tiempo de trabajo (subempleo visible) también es otro flagelo en Paraguay y afecta a más de 210.000 personas. Por tanto, el grupo de personas en edad de trabajar, pero que se encuentran fuera del mercado laboral, llega a más de 410.000 hombres y mujeres.

Dado lo anterior, Paraguay seguiría siendo un país joven en los próximos años, según la proyección de población realizada por DGEEC. Por lo tanto, el país se enfrenta a una trascendental oportunidad de hacer buen uso de su bono demográfico.

Con políticas de inserción laboral, que atienda la formación de habilidades para los actuales requerimientos del mercado, se podría sumar de forma importante a la economía del país, además de aunar esfuerzos en la preparación de trabajadores que puedan responder a las necesidades laborales de mediano y largo plazo. En tal sentido, por ejemplo, Argentina ha venido tomando esta política de preparar jóvenes para las demandas del mañana. Desde este año, se hicieron cambios a las Becas Progresar, las que se concentrarán en “carreras estratégicas” apuntando a formar profesionales en carreras con mayor salida laboral, salarios más altos y mayor potencial.

Sector informal en el mercado laboral

La informalidad en el mercado laboral representa otra de las mayores trabas para la explotación del bono demográfico en un país, con considerables efectos económicos. En Paraguay, la economía en negro mueve alrededor de US$ 16.522 millones, equivalente al 40,3% del producto interno bruto (PIB), conforme a datos de la asociación PRO Desarrollo Paraguay.

En ese sentido, entre 2013 y 2018, la tasa de informalidad fue del 65%, es decir, 6 de cada 10 personas se encontraban trabajando de manera informal, de acuerdo a datos de la DGEEC.

Esta economía informal resta al desarrollo y crecimiento del país, debido a que las empresas no pagan impuestos, por tanto, no se generan recursos públicos para planes y proyectos de impacto socioeconómico. Además, este sector priva de cobertura de salud y jubilación a sus empleados, cuyos servicios terminan siendo financiados en el corto, mediano y largo plazo por el Estado o, dicho de igual manera, con los impuestos de las personas. Aunque el sector formal viene cubriendo, en parte, las necesidades de la clase trabajadora, esta situación puede verse comprometida en unos años, cuando esta población comience a envejecer y se sumen las personas que hoy están empleadas en el sector informal.

En consecuencia, hoy el desafío se centra en generar empleos productivos y con garantías para un alto porcentaje de la población en edad de trabajar. Para ello, es esencial la inversión en capital humano, tales como programas de capacitación, habilidades, talentos, etc., además de la provisión de un entorno adecuado, con reglas claras, competitivas y de incentivos a las empresas para que promuevan la creación de empleos en el país.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés) viene advirtiendo que si esta población no cuenta con formación académica y laboral adecuada para desarrollarse e insertarse en un empleo de calidad, se producirán grandes masas de subempleados y desempleados, quienes dejarán de aportar sus esfuerzos y conocimientos a la economía del país, aumentando la pobreza y la vulnerabilidad.

Por tanto, el costo social de no aprovechar el bono demográfico en los próximos años se traducirá en una alta demanda en sistemas de salud, de seguridad social, de cuidados y seguridad económica.

Paraguay está ante la gran oportunidad de aprovechar su bono demográfico. De hecho, su desarrollo y crecimiento se basa en la capacidad que tenga el Estado de generar las herramientas mencionadas anteriormente para explotar el potencial de estas personas en edad de trabajar. Únicamente la exitosa inserción que se haga del bono demográfico al mercado laboral formal, siguiendo los patrones de calidad y conocimiento, redituará en altos beneficios para toda la economía paraguaya.

El crecimiento de una población tiene un efecto negativo y estadísticamente no significativo sobre el crecimiento del producto interno bruto (PIB). El grupo de dependientes, como los niños y ancianos, demanda más servicios públicos como salud, educación y otros, sin una contraprestación, según especialistas.

Un número elevado de trabajadores disponibles en el mercado de trabajo, especialmente si son calificados, puede crear la dinámica necesaria para elevar la producción de una economía y, consecuentemente, los ingresos de los trabajadores y de la población en general.

Hay una estrecha relación del bono demográfico y el mercado laboral. La mayoría de los países latinoamericanos está transitando el período de bono demográfico. Algunos, como Paraguay, pueden ser considerados más jóvenes que otros, lo que se presenta como una gran oportunidad para apuntalar el PIB.

Una traba

La informalidad laboral es otra de las trabas para la explotación del bono demográfico. En Paraguay, la economía en negro mueve unos US$ 16.522 millones.

Desempleo

Datos de la OIT revelan que en la desocupación afecta a 172 millones de personas, de las que 25 millones están sin empleo en América Latina y el Caribe (ALC).

Paraguay

Según datos de CEPAL, la población entre 15 y 59 años llegaría en Paraguay al 61,2% en 2020, en Argentina al 60% y en Brasil al 65,2% de la población.

PEA local

La estructura laboral de Paraguay se compone de una población económicamente activa (PEA) de 3.563.000 personas, más del 50% de la población total.

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