Economía y salud, el falso dilema

Desde la aparición del covid-19 en China se han confirmado miles de casos en el planeta y también muertes. Las autoridades tratan de detener la propagación del virus al punto de limitar el tránsito de millones de personas mediante la aplicación de estrictas cuarentenas.

Economía y salud, el falso dilema
Economía y salud, el falso dilemaArchivo, ABC Color

Las medidas de aislamiento social llevadas a cabo y del cual también nuestro Gobierno apeló en su momento y de manera correcta tienen el objetivo de contener el incremento exponencial de los contagios y de ese modo impedir, en lo posible, el colapso del sistema sanitario, ganando el precioso escaso factor tiempo y de disponibilidad de recursos. Mientras, la población consigue su natural inmunidad y espera la ansiada vacuna.

Tiene consenso en la comunidad científica que el procedimiento antes citado resulta necesario. Y lo es todavía más en países como Paraguay donde el sistema de salud orilla en el límite con la aparición periódica de diversas enfermedades conocidas.

El aislamiento, cuyo propósito ciertamente es cuidar la salud, sin embargo y al mismo tiempo, afecta la economía por la limitación de libertades como la del tránsito y el trabajo. Por ende, los efectos empiezan a aparecer, desde el desempleo en amplios sectores de la población, pasando por el corte en la cadena de pagos e incluso podría sobrevenir la falta de liquidez, lo que supondría una situación todavía peor.

Expuesta esta escena realista, sectores empresariales además de aceptar las medidas sanitarias dispuestas por el Gobierno, también hicieron notar su preocupación por la actividad económica. Empresarios como Pedro Fadul fue todavía más claro y firme. Dijo que habría que ir viendo medidas que también tomen en cuenta a la economía, que es lo mismo que decir mostrarse interesado en la gente trabajadora.

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La Cámara de Anunciantes del Paraguay (CAP) por medio de su presidente, Carlos Jorge Biedermann, manifestó como fundamental mantener una economía estable para que funcione el sistema de salud. Dicho esto y otros referentes, surgieron voces contrarias a la preocupación expuesta. En algunos medios periodísticos se hizo notar la mentalidad puramente “materialista” de los que ponen su atención por la economía en un momento como el actual. Alegan que la salud está sobre la economía y que a los empresarios en general solo les interesa seguir ganando a costa de la salud de sus trabajadores.

Tamaña idea refleja el desconocimiento de la función empresarial en la sociedad, lo que termina por concluir que la salud está por encima de la economía. Se expresa así un dilema falso. En realidad, la economía requiere de la salud de la gente y la salud desde luego requiere de la economía, pues, al fin y al cabo, ambos son parte de un todo, se complementan entre sí.

La economía, como área del conocimiento que estudia la acción humana en la cooperación social para la creación y distribución de bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas, ha tenido un papel preponderante en el desarrollo de la misma civilización. El hombre para su supervivencia necesitó y seguirá requiriendo de la producción de bienes y servicios, en su creación y transformación, que sumado al capital intelectual hoy se ha convertido en la causa del desarrollo de los pueblos, cualquiera sea el lugar donde se encuentre. La creación, intercambio y comercialización de bienes y servicios es lo que hace a una mejor salud, educación, cultura, deportes u otros; todo ello supeditado al trabajo en conjunción con el capital.

Fue en verdad la economía de mercado, precisamente, la que logró como nunca antes en la historia de la humanidad, disminuir las enfermedades, hambrunas y calamidades que azotaron al mundo. La explicación, que hoy forma parte de una teoría expuesta exitosamente en los hechos, está en que cuanto más aumentan los beneficios empresariales, igualmente mejoran los ingresos reales de los trabajadores.

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El portentoso progreso logrado en estos apenas trescientos años del tan denostado capitalismo liberal en comparación a los miles que ya tiene la historia del hombre, se debe a las instituciones políticas y económicas de predecibilidad y confianza puestas en la plena garantías a la vida, la libertad y la propiedad.

De hecho, no fueron los sindicatos ni el Estado, ni las legislaciones que estorban a la gente con burocracias y regulaciones desmedidas los que lograron aumentar el nivel de vida de la gente y, sobre todo, de los más pobres y necesitados. Fue el capital, el ahorro, la inversión, la competitividad y la seguridad jurídica en el respeto de la propiedad privada y la libertad, como valores morales, cuyo correlato armonioso dieron nacimiento a la democracia constitucional.

Paraguay no tiene las condiciones de un país desarrollado como los de Europa y EE.UU. Somos un país pobre, con una enorme economía informal de la que dependen miles de familias que se desvelan día a día en llevar el pan a sus hogares, motivo por el cual es preciso analizar con detenimiento en una evaluación de riesgos, que la salud debe ser protegida pero también es preciso evitar un colapso de la economía. La salud física y psicológica de las personas requiere de una economía funcionando, como lo requiere el Estado para mantener al mínimo sus ingresos.

Ambos

La economía requiere de la salud de la gente y la salud desde luego requiere de la economía, pues, al final, ambos son parte de un todo, se complementan.

Colapso

Es preciso analizar con detenimiento en una evaluación de riesgos que la salud debe ser protegida, pero también es preciso evitar un colapso de la economía.

(*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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