El salto cuántico es posible y necesario

Salto cuántico es una frase que se usa para referirse al crecimiento fuera de toda proporción con respecto a lo que anteriormente veníamos haciendo. Siempre buscamos crecer y avanzar hacia el éxito, para ello debemos tener claro que lo más difícil por atravesar está dentro de nosotros.

Si trasladamos esta visión a lo que corresponde a un país, notaremos que existen similitudes de las que hasta podríamos sorprendernos. Y esto es así porque cuando sabemos que lo que hoy con nuestro país notaremos que la caída del Producto Interno Bruto (PIB), que para este año será apenas de un poco más del cero por ciento, implica necesariamente iniciar un proceso de avance siempre tomando en cuenta que los problemas con sus respectivas soluciones están en el orden de las ideas y de ahí inmediatamente acometer con liderazgo los cambios.

Estos cambios implican reformas, esto es, cambiar lo que se tiene para mejorarlo porque si no se hacen las transformaciones el costo será tan alto que no solo recaerá sobre la economía sino sobre todos los demás sectores de la sociedad como la misma política, lo que conllevará a una situación de inseguridad y desorden social.

Los obstáculos

Los obstáculos con los que atraviesa nuestro país no están en su ente como todavía se alega por parte de los que quieren hacernos creer que para lograr el desarrollo de la nación se deberá apelar e insistir en las viejas fórmulas que han fracasado y se sintetizan en la preeminencia estatal en la sociedad.

Desde la política y la economía nuestros dirigentes siguen desafiando a la población que busca con afán más libertad responsable y no más coerción, privilegios y corrupción provenientes desde el poder. No hemos podido desligarnos de la perversa influencia de líneas de pensamiento sustentadas en teorías como el intervencionismo, el keynesianismo, el gasto público o el endeudamiento como factores para el progreso.

El intervencionismo estatal en la economía ha fracasado en todas partes y los únicos que todavía no se han enterado o no quieren hacerlo son los mismos que siguen ocupando cargos de decisión desde los gobiernos en 1989 a esta parte.

Es cuestión solo de dar una mirada a lo que ha ocurrido desde la Revolución Industrial donde la fórmula para el desarrollo se condensa en un estado limitado y controlado basado en el liberalismo republicano, competencia y libre mercado; lo que significa bajos impuestos, regulaciones razonables, imperio de la ley y el respeto a la propiedad privada.

Sin los citados elementos de la fórmula no es posible mantener en el tiempo ni una baja inflación (de un dígito) ni un mínimo endeudamiento y tampoco la sostenibilidad misma de las finanzas públicas. Sin los citados elementos de la fórmula solo cabe esperar inflación, déficit, endeudamientos; o lo que es lo mismo incertidumbre y desconfianza de los individuos y las empresas para que cayendo el ahorro y la inversión también caigan el empleo y los ingresos.

El intervencionismo estatal

El intervencionismo estatal en las variables citadas permite que el poder político crezca al punto que convierten al sector público en un coto de caza al que se desea a toda costa acceder para repartirse el botín, un botín de dinero y privilegios que crece cuanto más Estado y menos mercado existan.

Esta es la razón por la cual los obstáculos para el progreso están en los incentivos que provoca un Estado cada vez más grande porque agranda la torta de la redistribución de dinero, pero no para la creación de riqueza. La riqueza es obra de los individuos y las empresas que todos los días intercambian, elaboran proyectos donde muchos fracasan y otros resultan exitosos, ahorran e invierten en los factores de producción para aumentar la producción y la productividad.

Pero como sabemos está visto que esta sencilla secuencia del progreso no es comprendida y sobre todo es rechazada por aquellos que prefieren un modelo diferente de sociedad, la saqueadora, la que les saca por la fuerza a otros lo que producen para así seguir viviendo a costa de los demás.

Para seguir manteniendo el actual estado de cosas caracterizado por aumentar todavía más la presencia impositiva sobre la gente, elevar el endeudamiento e impedir, por ejemplo, zonas de libre comercio, es un permanente deseo de los saqueadores de la riqueza ajena, políticos y burócratas, algunos de ellos incluso con buena formación técnica para elaborar ideas antojadizas que terminan en rimbombantes teorías cuyo objetivo final es meterle la mano en el bolsillo de sus prójimos.

Esto último es lo que no se ha producido y al parecer no ocurrirá porque las ideas de las que parten nuestros políticos y burócratas son contrarias al crecimiento del PIB, lo que se ha dado en estos días. No hay de otra que ampliar los espacios de libertad mediante el mejoramiento sustancial de las ganancias empresariales y de ese modo con el incremento igualmente de los salarios de los trabajadores.

La descabellada y manifiesta pretensión de seguir como estamos sin darnos cuenta que nos dirigimos hacia una zona tormentosa en la que un barco no podrá escapar de su hundimiento resulta inadmisible y debe ser señalado a los culpables desde el vamos.

Ausencia de reformas

La ausencia de reformas de fondo es la prueba de que las malas ideas y el inmovilismo de los que fungen de representantes del pueblo (que no lo son porque han roto el contrato político constitucional de la libertad) se siguen imponiendo en Paraguay. Esto es contrario a la muestra de entereza y laboriosidad de la gente que hace avanzar al país pese a los obstáculos puestos por sus mismos gobernantes.

La cuestión es hasta de sentido común. El Estado es un estorbo, una molestia cuando se inmiscuye en cuestiones que las propias personas bien pueden llevar a cabo por sí mismas, colaborando con las demás, siendo esta la base de la filosofía de la libertad en la economía. Si la gente trabaja e invierte en libertad, la producción y la productividad aumentan, con lo que también el Estado eleva su recaudación y cuanto menos sea el porcentaje impositivo es mejor para todos, como en efecto se ha demostrado desde la Curva de Laffer.

Mientras tanto

Pero mientras los gobernantes sigan propalando mentiras y premisas falsas como las que intentan detener la libertad económica, el “statu quo” seguirá orientando a la gente como veletas. Y esta perniciosa práctica es que se ha venido a convertir desde la independencia, en especial desde la dictadura de Francia, en el principal obstáculo para que el Paraguay se convierta en un genuino milagro económico porque aquí tenemos todos los activos estratégicos para lograrlo.

De lo que se carece es de suficiente liderazgo con ideas renovadoras expresada en voluntad firme de respetar a cada hombre y mujer de este país, al individuo, sin importar si es rico o pobre, sabio o ignorante, en donde prime la igualdad ante la ley en plena garantía a los contratos y la propiedad privada. Este es el fundamento de: Paraguay, el salto cuántico es posible y necesario.

Desafían

Desde la política y la economía las autoridades desafían a la población que busca mayor libertad responsable y no más coerción y corrupción.

Reforma

Ausencia de reformas es prueba de que las malas ideas y el inmovilismo de los que fungen de representantes del pueblo se siguen imponiendo en el país.

(*) Catedrático de materias jurídicas y en UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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