Desde la óptica de las aseguradoras, la trayectoria de la Superintendencia de Seguros del Paraguay ha sido, al mismo tiempo, un factor de ordenamiento y una fuente constante de desafíos operativos y estratégicos. Nadie discute hoy la necesidad de un supervisor fuerte en una actividad que administra promesas de pago futuras. Sin embargo, la experiencia de estas tres décadas muestra una relación dinámica, a veces cooperativa y otras veces tensa, entre regulación y desarrollo de mercado. El sector ha pasado de un esquema relativamente flexible y heterogéneo a uno mucho más estructurado, integrado al sistema financiero bajo la órbita del Banco Central del Paraguay. Ese proceso dejó avances claros, pero también interrogantes sobre competitividad, costos regulatorios y capacidad de innovación.
En este escenario, uno de los mayores aportes de la superintendencia fue haber elevado de manera sostenida los estándares de solvencia de la mano de la Ley N° 827/96 De Seguros. En los años iniciales, el mercado convivía con prácticas técnicas desiguales, políticas de reservas poco homogéneas y estructuras financieras frágiles en algunas entidades. La exigencia progresiva de capital mínimo, la revisión más estricta de reservas técnicas y el control sobre la calidad de las inversiones obligaron al sector a profesionalizar su gestión financiera y actuarial.
La presión regulatoria no solo transformó balances, sino también estructuras organizativas. En estos treinta años, las aseguradoras paraguayas debieron incorporar actuarios, fortalecer áreas de riesgos, desarrollar auditorías internas más robustas y formalizar procesos. Este salto cualitativo acercó al mercado local a estándares internacionales y mejoró su capacidad para interactuar con reaseguradores y socios externos. Desde el sector, se reconoce que sin el impulso —a veces forzado— de la supervisión, esta profesionalización habría sido mucho más lenta. La contracara es que este proceso también elevó significativamente los costos fijos, especialmente para compañías medianas y pequeñas. Cumplir con requerimientos técnicos, reportes periódicos, calificadoras y auditorías exigió recursos humanos especializados que no siempre abundan en el mercado local. Así, una luz en términos de calidad institucional puede percibirse como una sombra en términos de estructura de costos y desatención en el crecimiento.
Si hay un punto en el que la mayoría de las aseguradoras coincide, es en el aumento constante de la carga regulatoria. Cada reforma, cada nueva exigencia de información, cada ajuste en reservas o capital, implica inversiones en sistemas, consultorías y personal. Para las compañías de mayor tamaño, estos costos pueden diluirse en economías de escala. Para las más pequeñas, en cambio, representan un peso proporcionalmente mayor. Desde la visión empresarial, a veces se percibe que la velocidad de incorporación de nuevas exigencias no siempre fue acompañada por períodos de transición suficientemente amplios. Además, existe la sensación de que ciertos requerimientos replican modelos de mercados mucho más grandes y sofisticados, sin una adaptación plena a la “escala” del mercado paraguayo. El desafío entonces es encontrar un equilibrio entre prudencia y proporcionalidad. El aumento de estándares técnicos mejoró la solvencia, pero también incidió en la competitividad. Y el negocio asegurador en Paraguay opera en un contexto de baja penetración y fuerte sensibilidad al precio, por ello la superintendencia debe actuar cuidando la estabilidad y la protección del asegurado, sí, pero a su vez avanzar en la expansión y mayor desarrollo del mercado.
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Como desafío está la innovación. Nuevos canales digitales, microseguros, productos paramétricos y modelos de negocio más ágiles que exigirán marcos regulatorios flexibles. Otro desafío sería el paso hacia la supervisión basada en riesgos y por supuesto la nueva ley de seguros que vuelve a tener un enfoque mucho más de control que de expansión del sector.
Así, desde la mirada de las aseguradoras, el balance de estas tres décadas es mixto pero, en términos generales, positivo. La superintendencia ayudó a consolidar un mercado más sólido, más profesional y confiable. Sin ese proceso, el seguro paraguayo difícilmente habría alcanzado su nivel actual de estabilidad. Al mismo tiempo, el sector siente el peso de una sobrerregulación cada vez más exigente en un mercado que aún no logra expandirse al ritmo deseado y la tensión entre control y desarrollo debe encontrar su equilibrio, pues ahí juega el futuro del seguro en Paraguay.
Relación dinámica
La experiencia de estas tres décadas muestra una relación dinámica, a veces cooperativa y otras veces tensa, entre regulación y desarrollo de mercado.
(*) Abogado