Brasil y su “marcha hacia el oeste”

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En los artículos anteriores hemos analizado los quebrantamientos a la Carta Magna de nuestra nación por parte de nuestros negociadores y diplomáticos del sector energético.

En esta entrega veremos hasta dónde va la sed imperialista y anexionista del Brasil, y cómo la Itaipú se constituye en la “visagra” de ese propósito. Solemos escuchar que a las grandes corporaciones globales y los imperios no les interesa ni su propia sangre, cuando de intereses económicos se trata.

Las naciones, con el tamaño y un poderío económico como el del Brasil tienen una tendencia natural en acrecentar su territorio y su consiguiente liderazgo regional. Solo que en este caso comete un error estratégico, el más básico en las relaciones internacionales: la falta de equidad en el uso de una riqueza compartida.

Maquiavelo, en su magistral obra “El Tratado del Príncipe” lo había descrito textualmente: “Todos los Estados, todas las dominaciones que han ejercido y ejercen soberanía sobre los hombres, han sido y son repúblicas o principados... Los dominios así adquiridos están acostumbrados a vivir bajo un príncipe o a ser libres y se adquieren por las armas propias o por las ajenas, por la suerte o por la virtud”.

El Estado de Mato Grosso es ejemplo acabado del primer método; pero al Brasil no le bastó el mayor genocidio latinoamericano, tenía que avanzar en su objetivo supremo de despojar al Paraguay de sus riquezas y recursos energéticos, como etapa para llegar al Pacífico. La diferencia es que esta vez no usó las armas, sino la “diplomacia de los maletines”.

¿Cómo el Paraguay pretende que el Brasil respete nuestra Constitución Nacional, si ellos mismos no respetan el suyo? Siempre fue el método itamaratiano. El dicho popular: “has lo que yo digo pero no lo que yo hago” no pasa solo en la cuestión energética, sino en temas comerciales, migratorios, deportivos y otros. Como ejemplo mencionamos un tema jurídico, la extradición; mientras Brasil prohíbe la entrega de un ciudadano brasileño, exige o más bien “ordena” a la pávida justicia paraguaya que se le entregue a un ciudadano paraguayo.

La Constitución Nacional del Brasil, en su preámbulo reza: “Nosotros, representantes del pueblo brasileño, reunidos en Asamblea Nacional Constituyente para instituir un Estado democrático, destinado a asegurar el ejercicio de los derechos sociales e individuales, la libertad, la seguridad, el bienestar, el desarrollo, la igualdad y la justicia como valores supremos de una sociedad fraterna, pluralista y sin prejuicios, fundada en la armonía social y comprometida, en el orden interno e internacional, en la solución pacífica de las controversias, promulgamos bajo la protección de Dios, la siguiente Constitución: Parágrafo Único: La República Federativa del Brasil buscará la integración económica, política, social y cultural de los pueblos de América Latina, con vista a la formación de una comunidad latinoamericana de naciones”.

Con estos preceptos constitucionales, brasileños, más que nunca, tenemos la certeza de que los reclamos de la opinión pública paraguaya son justos. Además de las certezas demostradas en la propia CN paraguaya. Por ello, reafirmamos que el Tratado de la Itaipú no solo compromete nuestra soberanía, sino que también viola preceptos del Brasil; pero, aclaremos, siempre en contra de los intereses del Estado paraguayo. La CN del Brasil, en su Art. 4º es bien claro cuando dice: “Las relacionales internacionales del Estado brasileño se regirán por los siguientes principios: 1. Independencia nacional; 2. Autodeterminación de los pueblos; 3. No intervención; y 4. Igualdad de los Estados”.

Del párrafo anterior se deduce que el Estado brasileño no respeta el punto 1, la independencia del Estado paraguayo, porque el Tratado le prohíbe disponer libremente de la energía que es patrimonio natural y, por consiguiente, parte de su soberanía.

El Brasil tampoco respeta los puntos 2 y 3, que tratan sobre la autodeterminación de los pueblos y la no intervención; el hecho que el Paraguay no pueda fijar el precio justo de su propia energía “cedida” al Brasil demuestra que interviene directamente en los asuntos internos del Paraguay. Hace unos años ya mencionábamos que “la ANDE es la dueña del 50% de la energía producida en la Itaipú, por lo tanto, es ella la que debe fijar el precio justo a la energía cedida”.

Por último, tampoco da cumplimiento al punto 4 “la igualdad de los estados”, que se demuestra categóricamente cuando en el Tratado no existe igualdad entre los condóminos. El mantenimiento vitalicio de algunas direcciones como la técnica y la financiera, es la prueba fundamental.

¿De qué tipo de igualdad hablamos cuando el Estado brasileño está recibiendo beneficios incalculables a costa del empobrecimiento del Paraguay? ¿De qué igualdad hablamos cuando el Brasil, cada día, se va industrializando más y más a costa de la energía paraguaya de bajo costo. Esto impide la industrialización del país y el advenimiento de más capital. Sin seguridad energética y tarifas racionales es muy difícil el despegue económico y la eliminación de la pobreza.

Hemos realizado el estudio del Tratado de Itaipú desde el punto de vista constitucional y pudimos constatar verdaderos ultrajes a la soberanía de la nación, las cuales podemos denunciar ante los organismos internacionales como el Tribunal Internacional de La Haya. Si es que hay una negativa de parte del Estado brasileño para revisar el Tratado y corregir dichos errores, se debe partir hacia otro tipo de estrategia. Algo similar a la emprendida por Evo Morales es interesante. Los representantes de Itamaratí son viejos buitres del colonialismo, buscarán las artimañas y el vuelo preciso para desgarrar nuestro último despojo, por ello es bueno mantener viva el espíritu nacionalista de los Rodríguez de Francia, los López, los Ayala, mediante estos aportes. Entreguista y traidores, abstenerse.

Terminamos con este párrafo del Tratado del príncipe: “Si en vez de las colonias se emplea la ocupación militar, el gasto es mucho mayor, porque el mantenimiento de la guardia absorbe las rentas del Estado y la adquisición se convierte en pérdida, y, además, se perjudica e incomoda a todos con el frecuente cambio del alojamiento de las tropas. Incomodidad y perjuicio que todos sufren, y por los cuales todos se vuelven enemigos; y son enemigos que deben temerse, aun cuando permanezcan encerrados en sus casas. La ocupación militar es, pues, desde cualquier punto de vista, tan inútil como útiles son las colonias”. Antonio Maquiavelo lo dijo todo: mantener la colonia mediante unos comisionados del imperio con el mote de “consejeros y directores paraguayos” fue la mejor estrategia brasileña.

En próximas entregas analizaremos desde el punto de vista del derecho internacional, no sin antes advertir que en Itaipú muchos funcionarios de alto rango, luego de 42 años de dominación, han adquirido el maquiavelismo como sistema de vida, usan muy bien la espada de doble filo. A estos dedicamos las inmortales palabras de Benjamín Franklin: “Quienes son capaces de renunciar a la libertad a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad”.

(*) Exfuncionario de la Itaipú binacional y autor del libro: “El tratado de la Itaipú, el gran despojo a la soberanía paraguaya”.