Comunismo intelectual

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Tanta información disponible en internet de manera gratuita y en todo momento hace que el verdadero desafío sea encontrar lo que uno necesita, así como confirmar que la fuente sea de confianza.

Una vez que se pasan estos filtros, dentro del océano de datos, opiniones, estadísticas y consejos sobre cualquier tema, viene la capacidad propia de poder arbitrar el alcance de la información y las interpretaciones que una persona sin conocimiento en el tema determinado puede realmente alcanzar.

Hechos e interpretaciones

En la medicina ocurre algo particularmente llamativo, cualquier persona conectada a internet puede tipear sus síntomas e inmediatamente aparecerá en la pantalla “valiosa información” sobre alguna enfermedad que contiene esa sintomatología.

Así, luego de escribir en Google “fiebre, mareos, náuseas, dolor de cabeza” recibo una información aleatoria que el procesador me arroja al monitor. Ahora “sé” de que sufro de “tal dolencia”, por eso iré al médico a explicarle (y discutirle) lo que me sucede y exigirle una receta médica para tratar esa enfermedad, la cual, desde luego, estoy convencida de que yo misma he diagnosticado con total acierto. ¿Cuántas otras enfermedades podrían tener las mismas dolencias? ¿Qué otras condiciones físicas y genéticas podrían influir en el diagnóstico pero no he tenido en cuenta cuando tipeé esos síntomas?

Internet es una herramienta maravillosa y sumamente útil pero sigue siendo eso, solo una herramienta, pues dependerá de la capacidad de interpretación del usuario la calidad de detalles que podrá extraer de ese cúmulo infinito de palabras (algunas reales y otras falsas) que se encuentran mezcladas en un solo clic.

Cuando se recurre a un profesional, de cualquier rubro, es porque se precisa mucho más que un cúmulo de datos, se busca el criterio de un especialista, el cual basa su opinión en conocimientos que surgen de su propia experiencia y un apreciable bagaje teórico. Esto le permite tener la capacidad de analizar la información disponible para asesorarnos y guiarnos en la acción a seguir para mejorar una situación o tomar una decisión.

Muchos profesionales independientes cobran sus honorarios con base en un costo por hora, así una consulta médica o la de un asesor jurídico tienen un precio predeterminado, mientras que por otro lado un servicio contable, por ejemplo, fija su precio en un costo promedio de horas que insume ese trabajo. El costo de capacitación, las largas horas de estudio insumidas, los años de experiencia que permiten a un profesional “dar un consejo profesional” están resumidos en ese costo por hora. Todo ello merece respeto y consideración por parte de los clientes (pacientes o usuarios), lo que se traduce monetariamente en el precio a cobrar efectivamente por ese consejo.

Sin embargo, cada día es más corriente preguntar por WhatsApp o en algún grupo de Facebook “algo rápido nomás, total ¿qué le cuesta responder?”. Personalmente, este es un aspecto que me molesta por varios motivos:

La falta de respeto al profesional (peor aún si se trata de un amigo, pariente, vecino o amigo del vecino del pariente);

La responsabilidad que implica dar un consejo profesional con los pocos datos que se pueden obtener para analizar a través de un mensaje o contacto telefónico;

El impacto de ese consejo en la vida de la persona que lo recibe (ya sea en salud, tiempo, ingresos, costos, etc.);

El ingreso no percibido por el profesional por ese criterio entregado gratis pero cuya obtención le ha representado a él un costo importante de dinero y tiempo, lo cual, sin embargo, no es valorado por los demás.

¿Y qué hacemos?

Algunos profesionales han puesto en su estado de WhatsApp un mensaje que dice: “No hago consultas por WhatsApp” u otros parecidos, el punto es que en general quizás ya sea una preocupación o incluso molestia de muchos, pero no es un tema que se desnuda a la discusión de la ciudadanía y, por lo tanto, tampoco se aborda como una problemática a ser solucionada, golpeando el bolsillo de los profesionales de distintas áreas.

Es hora de que la sociedad tome conciencia de que el conocimiento no es gratis. Para que el profesional sea quien es ha tenido que realizar una inversión importante y debe recuperar ese esfuerzo y dinero, cobrando por sus servicios porque de lo contrario no podrá vivir de su trabajo.

Estamos en la era del conocimiento, en un pequeño pendrive puede haber mayor valor económico que en una máquina de gran tamaño. Por eso, monetizar el conocimiento es importante y reclamar al cliente este justo precio no debe ser para el profesional un motivo de vergüenza; al fin y al cabo, pagar por un servicio es lo correcto, el que debería tener vergüenza sería quien pretende recibirlo de manera gratuita.

Por otro lado, si el profesional debe brindar su conocimiento gratuitamente a parientes y amigos (en algunos casos incluso hasta a los parientes de los amigos o a los amigos de los parientes), entonces probablemente sea mejor dedicarse a otra cosa, pues en comunidades como la nuestra la mayoría de los potenciales clientes (o pacientes) caen en esas categorías.

Si bien debo reconocer que “favor con favor se paga”, a veces un favor del pasado no termina nunca de pagarse con creces e intereses eternos pues están los caraduras que dicen “una pregunta nomás es” y siguen cobrando el favor a quien no se atreve a decir “basta, mi trabajo vale y debo cobrarlo”. En este caso ese tipo de favores, o peor aún a ese tipo de amigos que “te hacen el favor”, es mejor pagarles en dinero y quedar empatados por siempre.

No se trata de ser agresivos con los demás, sino simplemente de poner en claro que con un “gracias, te quiero mucho, qué haría sin vos” no podemos pagar las cuentas de la casa, así que la propuesta de hoy es crear conciencia de que el dinero es una herramienta necesaria y por lo tanto si buscamos una opinión profesional que nos será útil para nuestro bienestar debemos estar dispuestos a pagar por ella, porque el profesional (sea quien sea) vive de eso. La asertividad profesional requiere tacto, paciencia y esmero pero para crear condiciones de creación de riqueza sustentable para nuestra calidad de vida es mejor ser directo con la mejor sonrisa que te quede.

Recordatorio: a vos nadie te regaló tus horas de estudio ni tu esfuerzo para salir adelante, así que es tu derecho cobrar por tu trabajo. El comunismo intelectual menoscaba las ganas y la pasión por seguir aprendiendo, además de que te deja sin dinero para continuar capacitándote al ritmo que el mercado y la competencia lo exigen. Sigamos hablando de dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.

gloria@ayalaperson.com.py