El nivel de endeudamiento de la familia era bastante superior al que ellos podían hacer frente, sus cuotas mensuales eran superiores a sus ingresos actuales y parecería que cada una de sus decisiones había sido una acumulación de mala suerte, que atentaba contra sus posibilidades de solucionar los problemas.
Tormenta perfecta
María es ama de casa, casada con Marcial, quien trabaja de albañil. Juntos, criaron a cuatro hijos, los cuales ahora tienen 21, 17, 12 y 5, respectivamente. Los tres primeros son varones, y la más pequeña es la princesa de la casa. Esta humilde familia también acoge a la madre de María, de 78 años, y a una tía de Marcial, de 81 años, quienes ya sufren de achaques propios de su avanzada edad.
El hijo mayor, Martín, quien trabajaba de mañana y tarde para asistir en el turno noche a la universidad, les informó en diciembre que utilizaría su aguinaldo (decimotercer salario anual) para pagar una entrega inicial y comprar una motocicleta, pagando el saldo en cuotas. María y Marcial no estuvieron de acuerdo, dada la cantidad de accidentes con desenlaces fatales que cada día escuchan con horror en los noticieros.
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Por otro lado, entendieron el sacrificio de viajar muy temprano a la mañana y luego regresar a la noche en transporte público, con las esperas, inseguridades e incomodidades propias del caso. Entonces, decidieron tomar un préstamo para comprar un automóvil usado, el cual consideraban estaba en buen estado.
Sin embargo, al mes de comprar el vehículo, se percataron de que, además de las cuotas, el vehículo implica otros gastos importantes, como seguro, combustible y mantenimiento. Tan solo unas semanas después de la compra, ya se presentaron los primeros inconvenientes mecánicos, y un gasto tras otro se llevaron los pocos ahorros de la familia.
Luego Marcial tomó nuevamente un crédito para la reparación del vehículo, con la sorpresa de que aún así el monto sería mayor, pues el auto presentaba problemas con el motor. Entonces, ahora tienen un vehículo que no les sirve, con muy poco valor de reventa, una deuda asumida y atrasos en los pagos.
Para completar la situación, Martín aún vive con ellos, pero sin compartir los costos de la casa; es estudiante universitario de la carrera de Informática y estuvo casi dos años trabajando en una empresa ubicada en el centro de la ciudad; pero un par de meses atrás perdió su empleo por motivos que no vienen al caso.
Allí fue cuando su madre descubrió que sobre él pesaba un monto considerable de deudas, suma de dinero que fue destinada en su totalidad a gastos superfluos, que iban desde celulares, zapatos deportivos y ropas de marca hasta salidas con amigos y regalos a la novia, habiendo por ello incluso dejado de pagar las cuotas de la universidad, en la cual ya adeudaba tres meses.
En ese momento se creó el ambiente propicio para el peor de los mundos, pues solo unas semanas antes Marcial había sufrido un accidente que le imposibilitaba trabajar. Por todo esto, la familia quedó sin ingresos, con deudas y con necesidades básicas insatisfechas, pues tampoco contaban con ahorros para hacer frente a los costos de vida (alimentos, medicamentos y otros propios del hogar).
Epidemia juvenil
Martín es el único hijo en edad de trabajar, pero, en lugar de ayudar a sus padres, ha contribuido de manera importante al endeudamiento e imprudencia financiera. Es el más preparado académicamente de la familia; sin embargo, su irresponsabilidad no se limita a la forma en la que asume decisiones de compra, sino que afirma que la culpa de la situación actual es de sus padres: su papá, por haberse endeudado para comprar el vehículo, y su mamá, por ser mala administradora.
Cuando ella le señala que el endeudamiento se debe al automóvil que él prácticamente exigía, se defendió diciendo que él no pidió ese vehículo, ya que iba a comprar una motocicleta y ellos se lo impidieron. Pero, observando la situación actual, probablemente tampoco hubiera pagado la cuota de la motocicleta, pues tiene una distorsionada percepción de las prioridades y de su realidad socioeconómica.
Nuevamente fue María quien tuvo que ir a explicar la penosa situación a su hermana y pedirle ayuda; así tomó un crédito a nombre de ella, pero con un compromiso férreo de no fallarle, inventando fuentes de ingreso adicionales como vender frituras y otras minutas a trabajadores de la zona. Se siente cansada y poco valorada, con la responsabilidad de mantener una familia dignamente, pero desesperanzada de las posibilidades de mejorar la situación.
Son padres trabajadores que supieron cuidar de sus hijos y con mucho esfuerzo proveerles las mejores oportunidades que las que ellos mismos tuvieron. Esos hijos, con la formación obtenida, podrán conseguir empleos que les paguen importantes salarios, pero ¿de qué servirá ganar más dinero si la ambición nubla la mente y, en lugar de mejorar la calidad de vida, se llenan de deudas para poder tener lo que los demás tienen?
María me señalaba que esta situación solo se presenta con los hijos mayores, quienes quieren el mejor celular, zapatos deportivos y ropas de marca, quieren salir con sus amigos e ir a discotecas caras, invitar a la novia a lugares caros y comprar regalos costosos. Sin embargo, ellos no se comportaron de esa manera desde niños, ya que siempre fueron buenos hijos, educados y decentes; jamás le habían hecho problemas antes.
Probablemente, entre los amigos del barrio y compañeros de escuela no habían notado las diferencias de clases sociales y económicas, pero al ingresar a la universidad y al mundo laboral se encuentran con jóvenes de la misma edad cuya condición financiera familiar les permite poseer artículos de lujo que ellos también quieren, disfrutar de una vida más cómoda e ingresar a lugares que ellos desconocían. Pero esos gustos son más costosos que los propios de una clase trabajadora.
Querer tener todo lo que vemos es natural, pero creer que por tener lo que vemos seremos mejores es un error descomunal cuyas consecuencias son nefastas para el bolsillo familiar. No se trata de negar el origen ni de tener vergüenza de los padres; la confusión surge cuando se siente reconocimiento de los demás por la clase de celular que poseo, la ropa de marca que uso o el auto que manejo; entonces, si “soy” lo que “tengo”, la clave está en tener cada día más y mejor, casi a cualquier precio.
María salió corriendo a pagar las cuentas de Martín para que no ingrese a una lista de morosos que luego no le permita acceder a un nuevo empleo; también se puso al día con el pago de las cuotas de la universidad, para que él no pierda clases. Ahora tiene una costosa deuda encima que no sabe cómo podrá pagar, pero lo más penoso de la situación actual es el hecho de que Martín no ha aprendido la lección: se limita a buscar culpables, y está lejos de hacerse responsable.
Los padres necesitamos con urgencia volver a conversar en familia, recordar nuestros valores y principios, no malcriar a nuestros hijos solucionando sus problemas, dejar que se hagan responsables de sus cuentas y, si ello implica verlos sufrir las consecuencias, apoyarlos moralmente, pero no con dinero. Mientras nos hagamos cargo de sus responsabilidades para evitarles a ellos el sufrimiento de asumir los efectos de sus caprichos, entonces les estaremos dando más cuerda para que se ahorquen mejor.
Si de jóvenes no aprenden a desarrollar hábitos saludables de manejo de dinero, se convertirán en adultos que vivirán en una constante bicicleta financiera, independientemente del monto de dinero que ganen o de los títulos universitarios que logren. El dinero es una herramienta importante; desde niños debemos aprender a utilizarlo para alcanzar metas superiores y, sobre todo, para no confundir lo que tenemos con quiénes somos.
Sigamos hablando de dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.
Padres
Los padres necesitamos con urgencia volver a conversar en familia, recordar nuestros valores y principios; no malcriar a nuestros hijos.
Creer
Querer tener todo lo que vemos es natural, pero creer que por tener lo que vemos seremos mejores se traduce en un error considerado descomunal.
Mente
¿De qué servirá ganar más dinero si se nubla la mente por ambición y, en lugar de mejorar la calidad de vida, se endeudan para tener lo que los demás tienen?
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