Estos pensamientos de Freud expuestos en 1916 sin duda podrían parecer fascinantes, pero lo cierto y concreto es que muchas personas que afanosamente y con arduo empeño buscan alcanzar el éxito financiero (o de otra índole), una vez que lo logran, en lugar de sentir satisfacción y plenitud, desarrollan un sentimiento de ansiedad, incluso llegando a enfermarse somáticamente, logrando la tranquilidad solo cuando sus logros se han esfumado.
El entorno
No existe duda de que el entorno nos condiciona e impacta de innumerables maneras, pero cuando de sensación de satisfacción se trata y consideramos que el reconocimiento del otro pasa a ser la medida de la valoración, dependemos plenamente de los demás. Por ello, a veces, el aplauso de un público satisface al artista más que el dinero que podría ganar.
El sentimiento de culpa por lograr estabilidad económica o tranquilidad financiera puede darse con mayor fuerza cuando el entorno de familia y amigos de infancia cuenta con menores recursos económicos que aquella persona que ha sobresalido.
Algunos síntomas de este sentimiento podrían ser identificados por el estado de ánimo o la disposición emocional en la que nos encontramos ante determinada situación. El sentimiento de culpa, cuando está relacionado a la capacidad de lograr el éxito financiero, hace mucho daño pues impacta en la motivación para actuar con pasión hacia el logro de los resultados, pudiendo producir un autosabotaje, que puede afectar a la gestión de la empresa en la que trabaja e incluso perjudicar a otras personas.
La ansiedad: que acompaña al logro personal puede ser identificada en la persona que a pesar de alcanzar los objetivos, mueve con extremada rapidez la vara hacia el futuro, e inmediatamente identifica otra meta que aún no ha sido alcanzada, de forma a que no logra sentir satisfacción en el presente por estar pendiente en todo momento de algo que está en el futuro.
Si postergo la sensación de satisfacción, y refuerzo la idea de que seré feliz solo cuando termine la carrera, seré feliz cuando compre la casa, seré feliz cuando nazca mi primer hijo, seré feliz cuando se casen mis hijos y otros de más adelante seré feliz, pospongo la felicidad hacia un momento indeterminado siempre hacia adelante, me olvido de que la felicidad es una emoción y por tanto solo puede vivir en el Presente y no en el Futuro.
El estrés laboral: que produce la alta concentración de tiempo y atención a un área de la vida, haciendo que todo gire en torno a ese tema, evitando desarrollar alegría y sensación de felicidad en el ambiente personal y familiar por estar permanentemente preocupado por el trabajo. Cuando una persona considera que estar en el gimnasio, jugando con los hijos o disfrutando de una velada con su pareja, es una pérdida de tiempo y se siente culpable, pues en lugar de hacer eso debería estar produciendo o trabajando, al fin y al cabo se siente inútil si no es en el ámbito laboral, donde están los retos a ser alcanzados y en el cuál se renuevan para sentir la necesidad del esfuerzo, sufrimiento y sacrificio.
La consecuente desorganización que implica el tener varios frentes que atender, pues una forma de autosabotaje radica en no focalizarse plenamente en el logro de un objetivo, sino pretender alcanzar treinta metas a la vez, lo que significa un desgaste de energía importante que resulta imposible de coordinar. Es como un laberinto de caminos entrelazados y otros que están cortados, impidiendo alcanzar algo realmente importante.
La ausencia de placer ante el éxito o la esperable alegría al momento de alcanzar un logro, cuando por fin llega a culminar un camino arduo y llega a la meta, se siente que no era lo que quería realmente.
La sensación de autolatigazos incluso cuando los demás lo felicitan por lo alcanzado. Se trata de un descontento consigo mismo a pesar del triunfo, en este caso es común que su complejo de culpa lo lleve a conversaciones internas que le digan: si lo alcanzaste será porque no era tan importante; o si vos lo lograste por lo visto no era grande el objetivo.
Ciertas ideas paranoides de sentirse envidiado por los demás, ante comentarios de su familia o amigos incluso que tienen relación con otras personas, quien sufre del complejo de culpa puede sentirse agraviado, pues todo lo toma como contra él. Por ejemplo, cuando tu mamá dice: qué pena que a tu hermana le pasó eso, siempre le suceden cosas malas, ¡cuándo lo que le llegará una buena noticia!, y vos pensás: ah, o sea, si a mí me pasaba eso estaría bien, total a mí luego todo me sale bien, debería irme mal de vez en cuando.
El sentimiento más usual cuando se sufre de complejo de culpa resulta en la vergüenza por disfrutar de lo propio y se puede notar claramente cuando preferís no contarles a otros cuando con tu trabajo lograste ahorrar suficiente dinero para comprarte un auto, o pudiste ir de vacaciones a un lujoso crucero simplemente a descansar mientras disfrutabas del sol y la playa.
Cuando este sentimiento se presenta te encontrás justificando todo lo que gastás, tanto a miembros de tu familia como ante terceros, surgen los típicos comentarios: pude comprarlo porque me hicieron una superoferta; compre en un remate; conseguí en 12 cuotas sin intereses, etc.
Los padres nos esforzamos por proveer a nuestros hijos de una educación de calidad para que ellos puedan tener mejores oportunidades que las que tuvimos nosotros, el hecho de que una generación supere a la anterior en su capacidad de ingresos y por ende en la mejora de calidad de vida, resulta en la mejor forma de medir que una sociedad progresa.
Sin embargo, los comentarios que hacemos a los niños y niñas, muchas veces los condenan de adultos a sentirse deudores eternos de los padres, impidiendo que puedan disfrutar de sus propios éxitos incluso reflejando ese sentimiento en su relación con otras personas, buscando compensar su satisfacción con algún tipo de castigo para sabotear su felicidad.
El dinero es un instrumento de pago, nos permite la capacidad de adquirir bienes y servicios que necesitamos y queremos, no permitamos que la prosperidad tenga un sitial negativo en nuestro subconsciente, pues podría impedirnos vivir plenamente acorde a nuestras propias capacidades y oportunidades. Sigamos Hablando de Dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.
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