Herencia ¿en dinero o en inmuebles?

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Sin intención alguna de entrar al campo jurídico de las sucesiones, quiero destacar en este análisis las implicancias financieras y emocionales de gestionar una herencia. Escenas de nervios, incomodidades entre hermanos, incluso discusiones ofensivas y llantos que desnudan impotencia son situaciones que a menudo se reiteran en mi oficina cuando de herencias se trata.

Muchas de estas situaciones podrían evitarse si los padres en vida evaluáramos el impacto futuro de las decisiones que tomamos y que dejamos luego a la siguiente generación. A mi criterio, lo ideal sería separar las circunstancias emocionales de las económicas para evaluar con igual esmero las consecuencias en ambos sentidos.

Cruda realidad paso a paso

Aunque muchas veces no se quiera pensar en la muerte, lo único seguro que tenemos desde el día en que nacemos es que nos vamos a morir; no sabemos cuándo ni cómo, pero es inevitable, entonces, no tiene sentido negarse a aceptarlo porque esto solo nos impide evaluar las consecuencias que podríamos generar para nuestros hijos, especialmente cuando de dinero se trata. Por ello, te presento tres pasos claves para abordar y tratar este difícil tema en familia:

1) Romper el tabú - de la muerte no se habla

Tengo la enorme bendición de tener a mis amados padres con vida, intento ponerme en sus zapatos y considero que debe ser tremendamente difícil abordar el tema, quizás sientan que es como llamar a la muerte y eso desde luego nadie quiere hacer, me aterra el solo pensarlo.

Por otro lado, somos seis hermanos, aunque quizás alguna vez haya surgido el tema como conversación casual entre algunos de nosotros, es usual llamarnos al silencio, no queremos que nadie piense y menos que nuestros padres sientan, que estamos esperando en breve su deceso.

Entonces ¿es mejor no hablar y después ver qué pasa? Podemos elegir consciente o inconscientemente la improvisación y con ello los inconvenientes que dejaremos al momento de partir a la eternidad. En caso de que estés decidido a evitar o minimizar los conflictos e incluso rupturas familiares entre herederos, te aconsejo que este tema lo abordes desde la practicidad y te atrevas a hablar de tu propia muerte (o de alguna persona cercana) de manera asertiva pero honesta y directamente, al fin y al cabo aunque sea un tabú y no hablemos del tema, nadie es inmortal y la muerte es parte natural del ciclo de la vida misma.

Por ello, considero que lo primero que se debe hacer es enfrentar esta realidad, hablando de manera abierta y planificando de alguna forma el aspecto legal y sucesorio, así lograrás transparencia y acuerdos “cuando todo está bien”, en lugar de discusiones e incomodidades posteriores.

No hablar de estos temas implica no definir anticipadamente como se liquidarán los bienes, por lo tanto se deberán enfrentar los herederos con costos de sucesión, tasas e impuestos, honorarios y demás.

Pero, principalmente se presentarán peleas entre los herederos, porque uno dirá que en privado la madre ya le había prometido tal cosa y el otro que la cuidó más tiempo teniéndola en su propia casa, pero aquel sostendrá que ayudó más que el otro con los medicamentos y costos. En fin, será difícil encontrar el justiprecio del amor entregado y de la dedicación real que se haya puesto en cada caso.

Sin duda, lo más acertado sería dejar por escrito los acuerdos logrados, listando los bienes, derechos, ahorros y demás pertenencias e incluso definiendo la distribución entre los herederos, en especial cuando no se trate de una distribución equitativa financieramente hablando.

2) ¿Qué conviene hacer?

La estructura legal más beneficiosa o conveniente dejaré que la definan caso por caso los asesores jurídicos pues no es mi área de estudio; aunque muchos especialistas aseguran que lo mejor es el anticipo de herencia con usufructo vitalicio, para evitar el tiempo que implica una sucesión y dejar ya distribuidos los bienes en vida.

Además de las implicancias legales que esa figura podría traer consigo, lo que usualmente encuentro es que las propiedades no son iguales, no están ubicadas en el misma zona, no tienen los metros cuadrados exactos, unas son más viejas y otras más nuevas, etc. En conclusión, no valen lo mismo y ese es un motivo de discusión, recelo, enojo, resentimiento, sensación de injusticia y otras situaciones.

Por otro lado, siempre vuelven los discursos de quien se merece más por algún motivo, desde la dedicación en vida que ha brindado a sus padres, hasta las penurias que haya tenido que atravesar en su vida. Justificaciones de cuál es el motivo por el que un hijo merece más bienes que el otro, he escuchado varias, van desde: “pobrecita ella es madre soltera”, hasta “él es el varón primogénito”.

No planteo juzgar si son correctas o no las determinaciones, lo que me toca señalar es que la distribución de bienes no es sencilla de realizar logrando equidad y equilibrio para todas las partes. Esto lleva a algunas personas a elaborar un inventario de los bienes para integrarlos como capital en una sociedad y distribuir acciones en partes iguales a los herederos.

A mí parecer, esto solo dilata la situación para que luego los herederos tengan la obligación de ponerse de acuerdo en la administración, venta o liquidación de los bienes recibidos que son activos de esa sociedad donde todos son los accionistas. Sin embargo, ésta es una opción que cada vez es más utilizada, en especial cuando los bienes son cuantiosos y los herederos constituyen una estructura familiar complicada (hijos de distintos matrimonios, hijos extramatrimoniales, nueva familia pero sin haber realizado el divorcio de la esposa anterior, etc.).

3) Las inversiones

Cuando la herencia se trata de la casa familiar y la vivienda de verano, un vehículo y algo de ahorro, quizás el conflicto sea menor (aunque he presenciado discusiones por una heladera), sin embargo, cuando la familia heredera es propietaria de empresas que deben seguir produciendo al tiempo que precisan de inyección de capital o tienen deudas vigentes; tiene inversiones inmobiliarias que están con inquilinos, en proceso de venta, o en construcción; posee inversiones financieras y bursátiles; y/o tiene participación en la estructura accionaria de empresas que no son propiedad exclusiva de la familia. Entonces las cosas pueden complicarse bastante al momento de la valoración de los bienes, de los compromisos de gestión y de la toma de decisiones financieras.

Teniendo estos aspectos en cuenta, un buen consejo es poner freno de mano y manejar todas las inversiones de forma muy prudente y conservadora, hasta que de manera calmada entre los herederos logren consensuar qué bienes se convertirán en herencia (venta, liquidación y reparto) y cuales en legado (compromiso de fortalecer incluso para las siguientes generaciones).

Las inversiones tienen tres aspectos a tener en cuenta: rentabilidad, riesgo y liquidez. Si querés dejar a tus herederos bienes sencillos de dividir entre las partes sin peleas y de manera equitativa, entonces las inversiones financieras y bursátiles son tu mejor opción, contar dinero y distribuirlo en partes iguales es mucho más sencillo que todo el resto.

Pero, si no te molesta que se peleen por los metros cuadrados sobre asfalto o sobre empedrado, si está más cerca o más lejos de la plaza, o si las cañerías son de metal o de plástico, entonces déjales inmuebles, tendrán mucho para divertirse mientras intentan llegar a algún acuerdo.

En éste caso, es importante que estés consciente de que probablemente después de tanto desgaste en sus relaciones interpersonales, la familia ya no exista en el contexto original, la ruptura de las relaciones en la mayoría de los casos es inevitable.

La mejor decisión

La mejor decisión para tu familia, sin duda, la podés tomar en vida, con la cabeza fría y con lucidez, conociendo a cada uno de tus herederos. Por ello, no dilates la oportunidad de definir y conversar sobre éste delicado tema con tus seres queridos. Sigamos hablando de dinero, porque así aprendemos a manejarlo mejor.

gloria@ayalaperson.com.py