Ingresos y gastos: buscar eficacia y eficiencia en cuentas del Estado

El gasto público que se ha dado en más de una década viene experimentando un aumento importante de la mano de los ingresos totales del Estado. El calificativo “importante” no hace referencia alguna a la calidad, sino al volumen de recursos que el Estado ha destinado a los diferentes componentes del gasto, muchos de ellos mal focalizados y poco eficaces. 

Como se mencionaba en ediciones anteriores, el Presupuesto General de la Nación (PGN), en el cual se traza la conducción socio- económica pública que tendrá el país durante un ejercicio fiscal, está construido sobre dos bases, los gastos y los ingresos. En el caso de los gastos, se clasifican en corrientes como los servicios personales, servicios no personales, transferencias corrientes, bienes de consumo e insumos y los intereses de la deuda pública interna y externa y de capital tal como la inversión física, las transferencias de capital y la inversión financiera. 

En cuanto al otro componente del PGN, los ingresos, estos se clasifican en corrientes compuesto por los impuestos, las contribuciones, regalías, venta de bienes y servicios, rentas de la propiedad, transferencias, donaciones corrientes y otros. Además de los ingresos de capital como la venta de bienes de las entidades públicas, y de las transferencias y donaciones de capital. 

La diferencia entre los gastos y los ingresos, da como resultado el balance presupuestario, el cual puede ser superavitario, es decir, si los ingresos son mayores a los gastos, con lo que es posible hasta un ahorro fiscal y deficitario, si los gastos superan la capacidad de financiamiento del Estado. En este último escenario y para cubrir el descalce, Paraguay recurre al endeudamiento con la emisión de bonos en el mercado doméstico y/o internacional, así como con préstamos provenientes de organismos internacionales. 

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Estos recursos son destinados para el financiamiento de proyectos de infraestructura y el repago de la deuda y no pueden ser utilizados para los conocidos como gastos corrientes. 

La maniobra administrativa, de incluir la amortización de pasivos, comenzó con la segunda colocación de los bonos soberanos en el exterior por US$ 1.000 millones. Con esto, el Ministerio de Hacienda pudo liberar los pocos fondos disponibles obtenidos de los ingresos totales del Estado para financiar, principalmente, programas sociales y atar, casi exclusivamente, el financiamiento de las obras públicas a recursos captados con endeudamiento. 

Si mejorar la calidad del gasto es clave para el saneamiento de las finanzas públicas, el cuidado de los escasos ingresos públicos termina por cerrar el objetivo y en esta edición, la consultora MF Economía analiza la evolución, composición y espacios que tiene el Estado de seguir generando recursos para responder a los gastos con impacto socioeconómico que continúan en crecimiento, producto de la alta demanda de la población.

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