La dignidad y el dinero

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Tengo una amiga que, cuando le pregunté a dónde fue con su familia de vacaciones, tardó más tiempo explicando que pudieron realizar el viaje gracias a un crédito que en contarme lo maravilloso del paseo familiar realizado. Otro amigo también me comentó, casi justificándose, que su nueva camioneta la pudo adquirir solo gracias a un plan de 60 cuotas, porque de lo contrario desde luego que no hubiera podido hacerlo, con un alto tono de culpabilidad por el bien de lujo que utiliza.

Esto me hizo pensar en que, realmente, hay muchas personas que pregonan la supuesta relación que existe entre la riqueza material y la pobreza espiritual, reclamando con tono de envidia y cobardía a quien a través de su trabajo honesto han logrado sobresalir económicamente, como si hubiera algo malo en ello. Por ello, en ocasiones, las personas sienten vergüenza por lo que tienen o, incluso, culpabilidad por el uso de su propio dinero.

Vida digna

Quisiera por ello referirme al efecto de la dignidad en las condiciones de vida que implican el bienestar económico. Todas las personas tenemos derecho a una vida digna, pero ¿cómo es posible medir esto? ¿Cuál es la vara o la cinta métrica que debemos usar? Si existe, yo la desconozco.

Para mí, el concepto de dignidad es similar al concepto de felicidad o de amor, creemos saber de qué se trata e incluso hay quienes aseguran poder valorarlo pero, en general, no hay quien pueda decirnos la medida de la dignidad, del amor o de la felicidad que ha recibido, qué le falta o qué le sobra.

Lo que sí podemos aseverar es que no son los bienes materiales los que nos proporcionan mayor o menor cantidad de amor o felicidad, pero debo reconocer que tengo ciertas dudas con relación a la dignidad, pues esta se construye o se destruye, se merece y se ofrece, las palabras y las acciones dignifican a las personas, el vivir dignamente no solo es un derecho sino que, en mi opinión, constituye la base para todos los demás derechos humanos.

La dignidad corresponde a todos desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sobre ella que debe erigirse la vida, la forma de vida y la calidad de vida de las personas. Por ello, me cuestiona fuertemente la dignidad de la pobreza, sumamente difundida, vagamente profundizada y pobremente defendida.

Los seres irracionales se convierten en medios, por eso se poseen cosas y se domestican animales, mientras que los seres racionales somos distinguidos como personas porque no podemos ser usados como medios y cada persona debe ser sujeto de derecho y merece respeto porque su existencia en sí misma ya es un fin. Es, por tanto, la dignidad de la persona humana la que nos permite denominarla sujeto, las cosas tienen precio; las personas, dignidad.

Así pues, no hay dignidad cuando se pone precio a la vida de una persona, hacer esto es deplorable y allana el derecho básico que nos diferencia de las cosas. Tampoco existe dignidad cuando las personas no tienen suficientes bienes materiales que les proporcionen las condiciones mínimas para subsistir.

Pero entonces, si cada persona tiene derecho a ser tratada con dignidad y la calidad de vida es importante para construir la dignidad social, ¿qué sucede con quienes no llegan a cubrir sus mínimas necesidades? Estas personas se encuentran con sus derechos allanados y es responsabilidad del Estado, de la sociedad civil y del sector privado encontrar las estrategias para incluirlas en el pacto social o reglas de desarrollo de la comunidad.

Los niños y niñas tienen derecho a la educación, pero para poder recibirla y transformar la misma en una herramienta para su futuro, necesitan alimentarse y descansar adecuadamente, además en su desarrollo es clave el derecho al juego. Estos pilares en el desarrollo de un niño se constituyen en las bases sobre las que descansa la dignidad del futuro de una comunidad.

Si bien, en la última década, el Paraguay ha logrado muchos avances en lo macroeconómico, gracias a sólidas políticas públicas en los ámbitos fiscal y monetario, se precisa además llevar a cabo importantes reformas sociales para disminuir la mortalidad materna e infantil, ampliar y mejorar la calidad de la atención primaria de la salud y de la educación básica, así como expandir el alcance de los programas de asistencia a los sectores más vulnerables, de manera que permitan un mayor acceso a las oportunidades.

De lo contrario, el crecimiento económico, que está atrayendo innumerables inversiones extranjeras, no permeará adecuadamente en el desarrollo económico y social, ampliándose aún más la brecha de desigualdad existente.

La distribución de la riqueza en forma pacífica puede darse por dos vías: a través de los impuestos pagados en tiempo y forma, con la subsecuente aplicación correcta de los mismos a través de las políticas públicas y, por otro lado, mediante la responsabilidad social de las empresas, de las organizaciones y de la comunidad.

En este sentido, la formalización de la economía nos daría dos herramientas con las cuales hoy no disponemos; información y estadísticas económicas precisas y necesarias para mejorar la competitividad del país y, por otra parte, mayores ingresos tributarios sin la aplicación de nuevos impuestos, sino por el aumento de la base tributaria y una mejora en la calidad de aplicación del gasto público.

Esto puede ser conseguido a través de la correcta aplicación del Impuesto a la Renta Personal. La discusión no debe centrarse en el análisis egoísta de quienes se verán alcanzados en una primera etapa, sino en el efecto expansivo positivo a nivel nacional que permitirá la adecuada redistribución de la riqueza, alcanzando a quienes hoy se encuentran excluidos de la economía formal y cuyos efectos inciden en todo el Paraguay, volviendo insostenible el modelo económico, político y de desarrollo social.

No hay dignidad en la pobreza, no hay dignidad para quienes viven fuera del pacto social sin derecho a la alimentación, a la vivienda, a la educación y a la salud. No estoy de acuerdo con el concepto de quitar al rico para dar al pobre, de esta forma solo tendremos un Paraguay en donde todos seremos pobres. Prefiero que el rico siga siendo rico, pero que también el pobre pueda dejar de ser pobre con un mejor acceso a las oportunidades, pues no se trata de distribuir lo que hay, sino de crear las condiciones para que la economía pueda crecer en forma proporcional para todos, con oportunidades de incluir a los jóvenes en la producción.

El Paraguay que nos merecemos lo construiremos entre todos, la adecuada aplicación de las herramientas económicas deben ser tenidas en cuenta para beneficio de la población, esa es la vía para el desarrollo sostenible y para conseguir un modelo social incluyente y equitativo. La dignidad es un derecho, no permitamos que sirva de retórica para quienes utilizan a las personas para sus propios beneficios. Sigamos hablando de dinero, porque así aprendemos a manejarlo mejor.

Seres

Los seres irracionales se convierten en medios, por eso se poseen cosas y se domestican animales, mientras que los seres racionales somos distinguidos.

Pacto

No hay dignidad en la pobreza, no hay dignidad para quienes viven fuera del pacto social sin derecho a la alimentación, vivienda, educación y a la salud.

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