La producción agropecuaria
La producción agrícola del departamento de Caaguazú se asocia tradicionalmente a la agricultura familiar campesina. Sin embargo, otros cultivos como la soja y el trigo se han expandido en la región, con sistemas productivos tecnificados y mecanizados. La aplicación de técnicas modernas de cultivo ha posibilitado la incorporación de nuevas superficies productivas.
En los últimos cinco años, los rubros de la agricultura familiar campesina han ido reduciendo su importancia y sus rubros principales no han logrado ni expandirse y menos aún intensificarse debido al sistema tradicional de producción, que no incorpora buenas prácticas agrícolas. El algodón y el sésamo ya no constituyen los rubros claves de los campesinos, sino que comparten y a veces son remplazados por la mandioca y la caña de azúcar, atendiendo las nuevas industrias que producen almidón de mandioca, por un lado, y azúcar y etanol por el otro.
El sector que si ha demostrado un marcado crecimiento es el de la agricultura empresarial, donde la soja y el trigo tienen un desempeño positivo y expansivo, principalmente en la porción este del departamento. Esta dinámica hace que una gran parte del juego logístico y comercial de la soja y el trigo se vinculen con Alto Paraná. El centro industrial del trigo en Campo 9 constituye un ejemplo interesante de la capacidad de generar cadena de valor a partir de un cultivo como el trigo. Tampoco debe olvidarse de la producción de la industria láctea, y recientemente la ictícola, que han diversificado significativamente los ingresos directos, además de generar varios empleos urbanos.
La ganadería también ha experimentado un sostenido crecimiento del hato, pasando de 350.000 cabezas en el 2005 a más de 600.000 en el 2014, agregando otra cuota de diversidad a la economía del sector primario del departamento.
El sector terciario y una nueva economía urbana
La pavimentación reciente de las rutas Asunción-San Estanislao y Paraguarí-Villarrica tuvo un evidente efecto de “corto-circuito” para la ciudad de Coronel Oviedo (ver mapa), que ya no se constituyó en un paso obligado para dirigirse al Norte de la Región Oriental o a ciudades importantes como Villarrica, Caazapá, o San Juan Nepomuceno. La ciudad de San Estanislao, en el sur del departamento de San Pedro, ha sido la principal beneficiada de la reestructuración de la red de rutas asfaltadas y de sus nuevas intersecciones, que generarían un nuevo sistema de centralidades. Efectivamente, la ciudad en cuestión ha visto instalarse una multitud de actividades económicas vinculadas a la logística, como distribuidoras, depósitos y comercios al por mayor, todo esto en detrimento de Coronel Oviedo e incluso de Caaguazú.
Por otra parte, las ciudades de Coronel Oviedo y de Caaguazú se encuentran en una región donde predomina una agricultura familiar en crisis, escasamente vinculada a cadenas productivas. Si bien la producción de hortalizas responde a una pequeña demanda urbana, la falta de organización local constituye un verdadero obstáculo para fomentar la comercialización o industrialización de la producción, reduciendo así las posibilidades de generar ingresos suficientes en las zonas rurales.
Los dos centros urbanos en cuestión tienen la particularidad de que su dinamismo no se encuentre supeditado al sector productivo agropecuario. En otras palabras, Coronel Oviedo y Caaguazú parecen evolucionar sin el apoyo de su hinterland regional. Sin embargo, hay elementos que intervienen de manera determinante en el desarrollo urbano, como el propio peso específico de las ciudades, entendida como su crecimiento demográfico, así como los cambios en las aspiraciones de la sociedad paraguaya. En efecto, los modos de vida citadinos parecen imponerse en el horizonte de vida de los jóvenes.
La importancia cuantitativa de las universidades en las ciudades de Coronel Oviedo y de Caaguazú es un signo evidente de esta nueva apuesta por la vida urbana. Asimismo, la presencia de una consecuente oferta universitaria constituye un motor para las economías urbanas, que tiene repercusiones notables en el sector inmobiliario, comercial y de servicios. Al respecto, cabe señalar que es con orgullo que los líderes políticos de las dos principales ciudades departamentales afirman que estas constituyen “polos universitarios”.
Por su parte, la ciudad de Juan Eulogio Estigarribia, también conocida como Campo 9, se presenta como un centro urbano de activación reciente. Su particularidad reside en el hecho que el sector agroindustrial constituye el motor principal del crecimiento de la ciudad.
Campo 9 se distingue de las demás ciudades dinámicas del interior del país porque su marcada vocación industrial es la fuente primera de su vitalidad. Los empleos generados por las agroindustrias en las últimas décadas trajeron consigo la aparición de una multitud de actividades inducidas, relacionadas en un primer momento con el sector productivo (insumos agropecuarios, tractores, maquinarias, hoteles, bancos, etc.). Posteriormente, la llegada de grandes supermercados, de ferreterías, de nuevos restaurantes, dirigidas a los principales actores económicos de la zona, indicarían una primera fase de diversificación económica. En la última década, la multiplicación de actividades terciarias y la llegada masiva de nuevos habitantes provenientes de las áreas rurales circundantes indicaba una aceleración del dinamismo urbano. Ya desde la década de 1990, “Campo 9” se convertía en un centro urbano activo, dejando atrás su carácter de pequeña colonia.
En la actualidad, el departamento de Caaguazú dispone de una estructura urbana donde cada punto de la red requiere de una estrategia específica: mientras Yhú y Vaquería necesitarán políticas de anticipación, es decir de preparación ante la oportunidad de crecer como resultado de dinamización productiva y los flujos crecientes facilitados por la nueva ruta asfaltada, las ciudades de Coronel Oviedo y de Caaguazú exigen la instalación de servicios estructurantes, a la vez de un impulso en la diversificación de sus economías urbanas. Por su parte, el polo de Juan Eulogio Estigarribia requiere de soluciones específicas: la instalación de servicios se vuelve una cuestión urgente, tanto como la necesidad de generar una oferta habitacional accesible ante la llegada masiva de nuevos habitantes. Todas las ciudades requieren de intervenciones estratégicas que favorezcan
Algo es seguro, la intervención en la red urbana caaguaceña representará una solución inédita para reducir las asimetrías departamentales y para mallar el territorio de una oferta adecuada y accesible de servicios públicos.
Competitividad futura de la economía de Caaguazú
La vocación agropecuaria del departamento, hasta ahora aprovechada de forma poco homogénea, ha limitado el crecimiento económico del sector, sobre todo atendiendo la escasa productividad de algunos rubros.
Uno de los desafíos principales constituye la intensificación productiva, que requerirá necesariamente o una mecanización creciente o la incorporación de mejores prácticas agrícolas que permitan proveer mayores cantidades de productos a las industrias de la mandioca y de la caña de azúcar principalmente. Por el lado de los cultivos de soja y trigo, serán necesarios múltiples esfuerzos para hacer frente al descenso de los precios y a la variabilidad climática. En este contexto la ganadería aparece con buenas perspectivas para intensificarse bajo el modelo de engorde a corral, atendiendo la alta disponibilidad de granos y a precios relativamente inferiores.
Es tiempo de concebir a la economía del departamento de Caaguazú en un marco regional más extendido, sobre todo vinculado a Canindeyú por la nueva ruta. Es muy probable que el nuevo eje Curuguaty-Yhu-Caaguazú logre un marcado dinamismo productivo y comercial.
El sector comercial y de servicios serán los de mayor expansión, atendiendo la estructura poblacional urbana del departamento, así como la alta potencialidad de pequeñas ciudades como Yhú y Vaquería, de integrarse al crecimiento urbano atendiendo su posición aventajada en el nuevo eje.
La acción del Estado, tanto a nivel central como departamental, será determinante para satisfacer la demanda actual de servicios públicos de calidad en las zonas de mayor densidad, así como una actitud de anticipación en aquellas zonas que requerirán de mayores y mejores infraestructuras sociales, que terminaran por dotar de mejores condiciones para el crecimiento económico del departamento.
Marco
Es tiempo de concebir a la economía de Caaguazú en un marco regional más extendido, sobre todo vinculado a Canindeyú por la nueva ruta.
Red
La intervención en la red urbana caaguaceña representará una solución inédita para reducir las asimetrías departamentales y para mallar el territorio.
Modelo
La ganadería aparece con buenas perspectivas para intensificarse bajo el modelo de engorde a corral por disponibilidad de granos.
Ultimos cinco años
En los últimos cinco años, los rubros de la agricultura familiar campesina han ido reduciendo su importancia y sus rubros principales no han logrado ni expandirse y menos aún intensificarse debido al sistema tradicional de producción, que no incorpora buenas prácticas agrícolas. El algodón y el sésamo ya no son los rubros claves.
Sostenido crecimiento
La ganadería también ha experimentado un sostenido crecimiento del hato, pasando de 350.000 cabezas en el 2005 a más de 600.000 en el 2014, agregando otra cuota de diversidad a la economía del sector primario del departamento.
Las ciudades de Coronel Oviedo y Caaguazú se encuentran en una región donde predomina una agricultura familiar en crisis, escasamente vinculada a cadenas productivas. Si bien la producción de hortalizas responde a una pequeña demanda urbana, la falta de organización local es un obstáculo.
Uno de los desafíos principales es la intensificación productiva, que requerirá necesariamente o una mecanización creciente o la incorporación de mejores prácticas agrícolas, que permitan proveer mayores cantidades de productos a las industrias de la mandioca y de la caña de azúcar.
La importancia cuantitativa de las universidades en las ciudades de Coronel Oviedo y de Caaguazú es un signo evidente de esta nueva apuesta por la vida urbana. Asimismo, la presencia de una consecuente oferta universitaria constituye un motor para las economías urbanas.
