Piedra, papel o tijera

El mundo de las probabilidades está presente en nuestro actuar desde el instante en que nos levantamos. A cada momento estamos tomando decisiones; algunas, de manera consciente, y otras, de forma automática.

Permanentemente, asumimos alternativas que van tejiendo las redes de acciones y pensamientos que impactan en el ambiente en el que estamos involucrados, afectando las relaciones que mantenemos con las personas con quienes inter- actuamos y, desde luego, definiendo nuestro presente y futuro financiero. Por ello, aunque las probabilidades sean inciertas, no deberían ser un juego de niños.

Delgada línea

El compromiso social, en mi opinión, no precisamente se trata de voluntariado o filantropía, ya que, de hecho, la primera responsabilidad debería corresponder al compromiso de hacer bien la tarea, función o rol que nos ha sido encomendado o que hemos aceptado realizar, sea o no remunerado e, incluso, sea o no decidido de manera consciente.

Así, los roles de padres o de hijo no siempre corresponden a una elección consiente y las tareas relacionadas, en ocasiones, no son del todo agradables; sin embargo, la familia y su actuar son esenciales para el desarrollo humano y su estabilidad emocional, por lo que las consecuencias del no cumplimiento de los deberes y obligaciones de cada rol pueden ocasionar efectos negativos en las relaciones interpersonales, inclusive a nivel laboral o profesional.

Las personas que se dicen íntegras deben cuidar la coherencia entre sus pensamientos, palabras y acciones, pues sus actitudes en el ambiente familiar deben coincidir con las manifestaciones que se observan con terceros y viceversa. Los niños aprenden de las experiencias, de sus vivencias y de los ejemplos que los adultos les entregan diariamente.

Así, a medida que crecemos vamos adquiriendo hábitos familiares y culturales. La manera en la que comemos, en la que nos vestimos, la forma en la que hablamos, las creencias y manifestaciones de nuestro acervo provienen del conjunto de costumbres que compartimos desde la infancia.

Por ello, los padres tenemos una responsabilidad importante en la formación en valores y principios de nuestros hijos, pero también debemos estar atentos a las costumbres que van adquiriendo y que les resultan naturales y, en este sentido, la forma en la que usamos el dinero, la administración de los bienes, el endeudamiento, el control y corrección de desviaciones financieras serán claves de comprender durante la etapa de desarrollo del niño, adolescente y joven.

Los padres nos esmeramos mucho por dar a nuestros hijos la mejor educación escolar, pues nuestra meta es que ellos tengan mejores oportunidades que nosotros. Pero ¿de qué valdrá que adquieran un título universitario y ganen más dinero si no saben utilizar de manera eficiente el resultado de su esfuerzo?

Los elegidos

Si pretendes que tus hijos sean exitosos financieramente, harás bien en compartir con ellos la forma en la que se toman decisiones y que ellos comprendan cuáles nos llevaron al fracaso y cuales a la satisfacción.

A veces, queremos convencernos de que el destino es cuestión de suerte; expresiones como “el destino así lo quiso”, “algunos nacen estrellados y algunos pocos para ser estrellas” y otras más nos delatan como cobardes para hacernos responsables de nuestro propio futuro.

Estoy convencida de que el destino no es cuestión de suerte, sino de decisión; de que no es algo que se espera, sino que se logra. Pero, desde luego, requiere de una visión clara de cuáles son las metas, dónde estamos parados actualmente y cuál será la estrategia para el logro de los objetivos.

Contar con un plan financiero familiar y su correspondiente exposición numérica a través del presupuesto y su proyección, por lo menos a 36 meses, puede convertirse en una herramienta clave de profunda conversación entre todos los miembros de la familia, incluso con los niños.

Un pequeño que comprende el sistema de compras en el supermercado y repasa cada semana con sus padres el hábito de confeccionar la lista de compras, ir a esperar número para la fiambrería, pesar las frutas y verduras y a medida que va colocando en el carrito la mercadería ir tachando de la lista de pendientes para comprobar que no falte ningún artículo que en la casa consideramos necesario, a la vez de cuidar de no comprar cosas que no están en la lista; sin lugar a dudas, se convertirá en un adulto que no irá a comer al patio de comidas del shopping para salir de allí con un nuevo zapato que no necesitaba, pero que compró solo porque estaba en oferta.

Yo crecí con un enorme respeto por la sabiduría del adulto; me sorprendía todo el conocimiento que tenían mis padres y maestros. Ahora me doy cuenta de que ellos eran quienes tenían el poder del saber y los niños nos limitábamos a recibir la dosis que nos correspondía aprender según el sistema vigente.

Actualmente, “san Google” sabe mucho más que cualquier adulto sobre la faz de la tierra, y los niños tienen ese conocimiento en la palma de sus manos a través de los celulares. Por lo tanto, ya no es el conocimiento lo que diferencia al adulto del niño; si queremos que nos admiren y respeten debemos demostrar más que conocimiento: debemos actuar y explicar las decisiones con base en la experiencia, pues es lo único que nos diferencia y, por lo tanto, es nuestro valor agregado en sus proyectos de vida.

Conversar sobre dinero con nuestros hijos es mucho más que convencerlos de una decisión de compra. Si convences a alguien, sentirá que lo has vencido y buscará la oportunidad de revancha. En cambio, si tengo una “conversación contigo” te ofrezco a vos un espacio para exponer tus pensamientos y me regalo a mí la oportunidad de crear juntos una nueva versión que será una idea compartida; por lo tanto, lo que resulte de esa conversación significará un compromiso de ambos de cumplir lo acordado, pues hay propuesta y aceptación.

Si adquirimos los hábitos familiares de conversación periódica sobre dinero y administración (de carencias y excesos), estaremos promoviendo la apertura y flexibilidad que se requiere en la vida adulta para tomar decisiones y asumir los riesgos que ello implica, sin desmoronarnos ante las adversidades y siendo capaces de crear y aprovechar oportunidades de acción.

En otras palabras, cuando nuestros hijos deban tomar decisiones de adultos, no deberán jugar a piedra, papel o tijera, pues contarán con un bagaje de experiencias adquiridas como hábitos básicos y estarán, por lo tanto, mejor preparados para alcanzar logros profesionales y laborales.

Sigamos hablando de dinero, porque así aprendemos a manejarlo mejor.

* Hábitos

Si adquirimos los hábitos familiares de conversación periódica sobre dinero y administración, estaremos promoviendo la apertura y flexibilidad que se requieren.

* Hijos

Cuando nuestros hijos deban tomar decisiones de adultos, no deberán jugar a piedra, papel o tijera, pues contarán con un bagaje de experiencias adquiridas.

* Plan

Contar con un plan financiero familiar, por lo menos a 36 meses, puede convertirse en una herramienta clave de profunda conversación entre todos.

gloria@ayalaperson.com.py

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